Blog de Escritor: Mario Escobar Golderos

martes, 06 de noviembre de 2007

$>Las Sagas Vikingas II

Las Sagas Vikingas II

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Eran aquellas tierras un territorio bajo, formado de montículos de arena blanquecina;
detrás de él se hallaban inmensas y dilatadas selvas, circunstancia
por la que Leif le llamó Markland ó Tierra de los bosques.
Trascurrieron dos días más de navegación, y favorecida
ésta con suave viento del N.E., llegaron los normandos á una
isla, separada del continente por estrecho muy peligroso, cerca
de la cual parecía dibujarse la extremidad de otra tierra peninsular,
que terminaba en promontorio ó cabo: sobre la
parte continental descubríanse corrientes aguas, saliendo de
tranquilo lago. Aunque las mareas de aquellos sitios eran tan
vivas que, cuando descendían, quedaba el barco en seco, no
tuvieron los tripulantes la necesaria calma para esperar el reflujo,
y una vez puesto el pie en tierra, apresuráronse á tomar
posesión de ella, según las prácticas escandinavas, encendiendo
grandes hogueras, cuyos vivos resplandores pudieran verse
desde lejanas orillas; ó bien señalaban con golpes de hacha los
árboles y rocas encontradas á su paso. Resueltos á permanecer
allí durante el invierno, construyeron barracas de madera, á
las que denominaron Leifsbudir ó casas de Leif. En el río y el
lago abundaban hermosos salmones, el clima era dulce y apacible;
apenas se conocían las heladas, y la fresca hierba conservaba
su verdor .y lozanía en la mayor parte del año. Terminados
los sencillos trabajos de edificación, los inmigrantes quisieron
reconocer el país, distribuyéndose al efecto por las tardes
en grupos, con orden expresa que el jefe les dio, de que al acercarse
la noche tornaran á sus hogares. Perdióse, sin embargo,
en uno de tales paseos cierto, expedicionario, alemán de origen,
' lamado Tyrker, que con Leif había compartido desde la niñez
los entretenimientos de la infancia y los placeres de la juventud,
y después de revelar éste el disgusto que su extraña tardanza
le causara, Tyrker contestó lo siguiente: «No me fui tan
lejos como suponéis; en cambio, os traigo algo nuevo, porque
he descubierto viñas cargadas de uvas.» Tan feJiz hallazgo sirvió
para que al país, hasta entonces desprovisto de nombre, le
pusiera Leif el de Vinland, que significa tanto como Tierra del
vino (1). Además hicieron la observación astronómica de que
(1) Á esta particularidad se debe principalmente el que cuando regresó Leif á
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allí el día más corto comenzaba á las siete y media de la má*
ñaña, terminando á las cuatro y media de la tarde, lo cual daba
para el mismo una duración de nueve horas de sol en el horizonte.
Llegada la primavera, cuando los vientos fueron favora*
bles, Leif, con su gente, determinó regresar á su patria; cargando
la nave de pieles, maderas y uvas, hicieron la travesía
sin contratiempo; próximos á Groenlandia, el marino túvola
suerte de salvar la vida á 15 náufragos de un buque que se hallaban
á punto de perecer, y unido esto á los demás éxitos del
viaje, le valió el que sus compatriotas le pusieran el sobrenom^
bre de Afortunado, con que desde entonces se le recuerda en
la Historia.
Abierto quedó ya el camino para nuevas expediciones, y de
regreso Leif en Groenlandia todos se afanaban por ponderar su
valor y su fortuna. La gloria de los descubrimientos realizados
transmitíase ingenuamente, sin que por lo mismo'deba extrañar
que Thorwald, otro de los hijos de Erico, aceptando los consejos
del hermano, y la ya célebre nave de Bíarne, se decidiese
á recorrer con ella los lugares que Leif acababa de visitar. Emprendió
aquél su marcha en 1002, acompañado de 30 hombres,
y si bien se desconocen las particularidades de la travesía, consta
que el navegante pasó el invierno en las barracas de Leifsbudir,
y al llegar la primavera comenzaron en la parte meridional de
Vinlandia los trabajos de inspección, que á los nuevos huéspedes
les permitió observar bella región, cubierta de bosque,
separada de la orilla por estrecha faja de arena blanca. El mar
parecía esmaltado de pequeñas islas, vírgenes, eñ su mayor parte,
de toda huella humana y de animales, á excepción de otra más
extensa, por el lado occidental, donde percibieron una granja de
madera, con lo cual ponían término á sus averiguaciones, regresando
durante el otoño á Leifsbudir (1). En el verano siguiente
Thorwald y algunos de los suyos emprenden la exploración de
Groenlandia se extendiera con rapidez por varias naciones de Europa la noticia del
descubrimiento. Corriendo el siglo xi, Adam de Brema la recogía y daba cuenta de
ella en su famosa Historia Eclesiástica.
(r) Gravier, Découverte de I'Ameriquepar les Normanas. —En opinión de este autor
la isla occidental descubierta por Thorwald debió ser la que modernamente llamamos
Long-island.
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las costas septentrionales; pero habiéndose roto cerca de un
cabo la quilla del buque, por efecto de violenta tempestad, les
fue preciso detenerse para reparar la avería, no sin que antes de
proseguir la marcha el jefe de la comitiva dijese á sus compañeros
: «Levantemos sobre esta punta de tierra una carena de navio,
y démosle el nombre de Kialarnés ó cabo de la quilla» (i).
Más al Occidente (2) descubrieron otro promontorio en risueña
comarca, que el viajero consideraba á propósito para establecerse,
y cuando los compañeros iban á embarcarse llamó su
atención la señal de tres puntos negros sobre la arena, que notardaron
en comprender que eran tres botes ó canoas de mimbres,
dentro de cada una de las cuales se ocultaban tres hombres,
que casi todos perecieron á manos de los normandos (3)-
Exploraron éstos inmediatamente la región, descubriendo algunas
elevaciones, que tomaron por casas; pero vueltos al buque
se apoderó de ellos profundo sueño, del que pronto vino á despertarlos
espantoso griterío, revelador del inmenso peligro queles
amenazaba. Feroz turba de pequeños hombres de ruin y pobre
apariencia, desde considerable número de botes llegaban ár
exigir venganza del asesinato que por la mañana cometiéronlosnormandos.
Terrible nube de flechas caía sobre éstos, con la
desgracia de que una de ellas hiriese mortalmente á Thorwald,
que antes de exhalar el último suspiro rogaba á sus compañeros*
le enterrasen allí, poniendo dos cruces sobre su tumba para que
en lo futuro aquel cabo se nombrase Krossanes (promontorio
de las cruces). A tan repugnantes enemigos llamaron los groen-
(1) Equivalente al moderno cabo Cod, como luego repetiremos.—Gosnold que
en 1602 visitó las mismas tierras, fue quién puso al cabo el nombre de Cod, que significa
bacalao, por encontrarse allí en abundancia.—Norton Horsford.—Discovery of
América by Northmen.
(2) Gravier, Decouverte de VAmeriquepar les Normanas.—A veces los intérpretes é
historiadores no están conformes en algunas particularidades, como se ve, por ejemplo,
en ésta, pues Gaffarel describiendo el mismo viaje dice, que desde Kialarnés siguieron
la costa en dirección de Levanté, que es lo contrario de lo afirmado por
Gravier.
(3) Algunos autores hablan solamente de tres hombres, uno en cada canoa, de losque
dos fueron asesinados y otro logró escapar; pero Gravier y Gaffarel afirman, que
eran nueve, y de ellos ocho fueron victimas de los marineros de Thorwald. Las Sagas,
no dan razón alguna de este odioso crimen que, por, otra parte, era usual entre los piratas
del Norte.
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landeses Skrellings (endebles), y según la mayor parte de los
críticos modernos eran esquimales, semejantes á muchos de los
que actualmente habitan en el Norte de América. Con su furor
causaron la víctima del primer hombre europeo, cuyos restos
quedaban en suelo americano; los compañeros del hijo de Erico,
ejecutadas que fueron las órdenes de su difunto jefe, abandonaron
en el año 1005 aquellos sitios, y cargando el buque de productos
naturales volvían á la patria para contar el triste desenlace
de tan fatal aventura.
Con propósito de recoger las cenizas de Thorwald, su hermano
Thorstein, acompañado de su bella, prudente y discreta
señora, la imcomparable Gudrid, y de 25 esforzados marinos,
organizó la tercera de las expediciones, mucho más desgraciada
que la anterior por haberles sido contrarios los vientos, que les
desviaron de su camino, manteniéndolos sin rumbo fijo durante
todo el verano, hasta que á la entrada del invierno pudieron
arribar á Lysufiord sobre la misma costa occidental del territorio
groenlandés, donde los amparó con generosa hospitalidad
un cierto Svart, en cuya casa Thorstein, atacado de cruel padecimiento
epidémico, allí reinante, dejaba de existir, y sus cenizas
eran trasladadas en el buque por la viuda y por aquel hombre
caritativo hasta las mansiones de Eriksfiord, para darles
cristiana sepultura.
Cumplido tan amargo deber, no pasó mucho tiempo sin que
sobrevinieran otros hechos notables. Un rico y poderoso noruego,
descendiente de reyes, que se llamaba Thorfinn, y entre
sus conciudadanos Karlsefn, esto es: «destinado á ser un gran
hombre», vino por aquel tiempo á Groenlandia, hospedábase
en la célebre Brattahlida, con beneplácito de Leif, que le acogió
cariñosamente, y tal efecto le produjo la hermosura y talento
de Gudrid, que solicitó y obtuvo su mano, celebrándose
á poco el matrimonio de dichos dos esclarecidos personajes. En
las reuniones de familia solían ser obligado tema de conversación
los viajes de Leif, y el recuerdo de países y lugares por
éste descubiertos, á donde muchos anhelaban ir para traer nuevos
productos y riquezas. Despertóse el entusiasmo de Thorfinn,
con quien Gudrid compartía sus deseos y esperanzas, no
tardando en formarse una verdadera flotilla de tres naves, do—
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tadas de ciento sesenta individuos, algunos de ellos mujeres,
de varios animales domésticos y abundantes provisiones. Este
nuevo viaje de los normandos á Vinlandia, el más importante
quizás de cuantos efectuaron en dirección occidental, merece
para muchos autores el nombre de verdadera expedición colonizadora,
por la importancia de sus preparativos, por las formalidades
con que se llevó á cabo y hasta por las mejores y más
perfectas investigaciones geográficas que durante el mismo se
hicieron. En la primavera del año 1007 parten de Eriksfiord los
emigrantes, y ayudados, sin duda, por la corriente polar y favorables
vientos del Norte, navegan á lo largo de las costas
americanas, logrando divisar á las veinticuatro horas los picos
del Helluland, después llegaron á Markland, cuya exuberante
vegetación les agradó sobre manera, recorrieron varios sitios
en busca de la tumba de Thorwald, siendo completamente inútiles
estas pesquisas, y, por último, se fijaron en el Cabo Kialarnés.
Al salir de ese punto, presentóse ante la vista de los
observadores dilatada extensión de dunas, vastos desiertos y
estrechas riberas, á las que bautizaron con el nombre de Furdustrandir,
ó playas maravillosas (1). En seguida percibieron
una línea de costas, interrumpidas por numerosas bahías, y
Thorfinn encargó á dos de sus compañeros, escoceses de origen,
que inspeccionasen la parte del SO., de la que, pasados tres
días, regresaban con hermosos racimos de vides y algunas espigas
de trigo silvestre, engolfándose Thorfinn en la mayor de
las bahías, que denominó Straumfiord, ó de las corrientes, á
consecuencia del violento impulso de las aguas, por la pronunciada
velocidad que allí lleva la famosa corriente occidental del
Atlántico ó Gulf-Stream. Descubrieron además, una isla muy
abundante de plumas y huevos de eiders (2), llamáronla Sttaumey
(isla de las corrientes), y creyendo que la dulzura, del clima,
la vegetación y el gran número de pescados de aquellos sitios
(1) Mr. E. Beauvois opina que los normandos debieron poner ese nombre á dichos
parajes por la frecuencia con que allí se observa el fenómeno meteorológico del espejismo
, de lo cual dan testimonio algunos viajeros y que en otras partes de América
también se contempla, como lo observó Humboldt en las Pampas de Venezuela.
(2) Los escandinavos aplican la palabra de eiders á cierta especie de gansos ó ánades,
con cuyas plumas se forman las almohadas de abrigo ó edredones.
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eran estímulos ventajosos para fundar una colonia, hicieron alto
en dicha bahía de Straumfiord, desembarcaron también los ganados,
y cuando llegó la primavera, dedicáronse á cultivar los
campos, ala pesca, á varias exploraciones del suelo, y, sobre
todo, á la construcción de barracas ó casas, que les sirvieran
de alojamiento; no obstante lo cual les fue adversa la fortuna,
sorprendiéndoles el invierno, desprovistos de caza y pesca, circunstancia
que con las tentativas de independencia del marino
Thorhall, piloto que era de una de las embarcaciones, influyó
bastante para que al ocurrir grave disentimiento entre éste y el
jefe de la expedición abandonaran todos la comarca, siguiendo
después cada uno de los dos diferente rumbo en sus navegaciones:
el rebelde y los suyos, anhelando tornar á la patria, bogaron
por aquellos mares, é impulsado el buque por fuertes vendavales
del NO., arribó á las costas de Irlanda (i), donde se
dice que Thorhall murió en esclavitud (2). Thórfinn y los otros
jefes de tripulación, que desde Groenlandia le acompañaban,
prefirieron continuar sus exploraciones, en busca siempre de
Leifsbudir; y navegando por espacio de varios días, ofrecióseÍes
la hermosa perspectiva de un río, que atravesaba importante
lago, antes de llegar al mar. Por las orillas del primero,
estrechas, arenosas é inhabitadas, llegaron, no sin alguna dificultad,
al país que el noruego llamó Hop; en el dilatado valle
recogieron también uvas y trigo, y considerando bueno el sitio
para establecerse, levantaron en frente de Leifsbudir otras casas,
que por el nombre de su fundador recibieron el de Thorfinnsbudir
(3).
Á los quince días de permanencia en dicha región, una mañana
se cubrió la bahía de cárabos ó botes con muchedumbre
de hombrecillos de piel obscura, de ancho y avieso rostro, ojos
grandes y cabellos crespos, verdaderos skrellings ó esquimales,
(1) Gravier refiere á este propósito un hecho semejante acaecido á fines del siglo
xvi al Marqués de la Roche. Buscando en frágil embarcación un punto en las inmediaciones
de la pequeña isla de Sable, que se halla situada á la extremidad meridional
de Nueva Escocia, fue arrojado en diez ó doce días por fuerte viento del Poniente
á las costas de Francia.
(2) Asi lo afirman Gravier y Gaffarel, tomándolo de Torfoeus y de Rafn.
(3) Gaffarel Gravier y Beauvois, apoyados en las autoridades de Torfoeus y Rafn.
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que blandían luengas varas ó lanzas, y agitándolas con rapidez,
producían estridente ruido. Después de poner por breve tiempo
el pie en tierra sin la menor hostilidad, más bien poseídos de
natural asombro, contemplaron á los hombres blancos, retirándose
pronto de aquellos lugares. En la primavera del siguiente
año, 1008, volvieron á distinguirse tantas canoas, que la bahía
semejaba hallarse «cubierta de carbón» (1). Esta vez, groenlandeses
y esquimales entablaron relaciones y cambio de objetos,
aceptando los segundos con delirio las vistosas telas encarnadas
y buenos vasos de leche, que aquellos les ofrecían á trueque de
pieles de todas clases (2), cestas de mimbres y otras varias
cosas; pero no transcurrió mucho tiempo sin que á la paz sucediese
la guerra. Cuando más tranquilos se creían los normandos
en sus posesiones de Vinlandia, cuando Gudrid acababa de
hacer padre á Thorfinn, mediante el nacimiento de Snorre,
primer descendiente de europeo, según parece, que vio la luz
en América, los skrelings, por vanos recelos ó causas poco averiguadas
(3), trocáronse de auxiliares en feroces enemigos.
Rotas las hostilidades, por una y otra parte hubo víctimas, sin
que tampoco faltasen notables muestras de intrepidez y arrojo,
como las muy decantadas de la célebre heroína Freydisa, que
mostrándose digna hija de Erik Rauda, cuando los normandos,
batidos ya en retirada, se preparaban para ofrecer tenaz resistencia
desde la selva y rocas en que se habían podido amparar,
supo infundirles extraordinario valor, consiguiéndose al cabo
que los skrellings resultaran vencidos al terminar la jornada y
nuevamente desapareciesen. La estancia de Karlsefn y los suyos
en Vinlandia iba siendo, no obstante, cada vez más peligrosa, ya
(1) Gravier y Gaffarel, tomando la frase de Rafn.
- (2) Mr. Beauvois dice que eran de verdadero petitgris.
(3) Gravier, Gaffarel y otros autores, inspirados en las Sagas y demás documentos
históricos sobre la materia, refieren que, amedrentados un día los skrelings por los
espantosos mugidos de un toro de la propiedad deKarlsefn, quisieron penetrar en las
casas de los normandos, cuyas puertas les fueron cerradas, habiendo sido esto origen
de que, pasadas tres semanas, volvieran aquellos indígenas provistos de armas y con
resolución hostil; pero lo cierto es que si la Saga rie Thorfinn y Torfceus dan importancia
al hecho, en cambio no se la conceden ni la Partícula de Grmnlandis ni el
Heims-Kringla. De presumir es, sin embargo, que los skrellings, temerosos de alguna
traición por parte de los normandos, se decidiesen á combatirlos.
Buena demostración de ello nos ofrece el hecho, por demás
notable y elocuente, de haber intervenido también la Iglesia
con su predicación y su gobierno en la beneficiosa tarea de
extender las doctrinas evangélicas á todos aquellos lejanos países
del Septentrión y de Occidente, que más ó menos eran conocidos
en Roma. Ya sea, como parece verosímil, que las
revelaciones de Gudrid en la Corte Pontificia sobre Vinlandia,
sirvieran para despertar el interés de los Papas en la santa
obra de propagar y difundir la Religión cristiana en tan lejanos
territorios, ó bien que por otros medios adquiriesen noticias
de su existencia, lo cierto es que, desde mediados del siglo xi,
los Obispos de Noruega é Islandia, y poco después el instalado
en Gardar, capital de la Groenlandia, consideraron las posesiones
del Vinland como una parroquia alejada ;'de su diócesis,
que muchas veces ibaná visitar. Así es como en 1059, el obispo
Jon ó Juan pasó desde Islandia á los territorios americanos con
propósito de convertir á sus moradores; entre los que tuvo la
desgracia de sufrir el martirio (1). Años más tarde, en 1121,
después de varias tentativas, de las que la historia sólo conserva
vago recuerdo (2), el islandés Erik Upsi marchó á Vinlandia,
cuya situación religiosa le inspiraba vivas inquietudes; pero los
colonos de esta nueva región eran muy numerosos, y además
la tarea debió resultar algo difícil, cuando se sabe que dicho
prelado renunció á la silla de Gardar, consagrándose especialmente
á sus nuevos fieles (3). Al menos lo revela de esta
(1) Gravier y Gaffarel.
(2) Beauvois.
, (3) Humboldt, Examen critique de la Hisloire de la Geographie dn nouveau continent.
Tomo 11, pág. 102. Id. Cosmos. Tomo n, pág. 284.
Eben Norton-Horsford, Discovery of América by Northrnen.
Loffler, Congreso de Americanistas de 1883. The Vineland-excursions of the ancient Scandinavians.
Según este autor, aun cuando Rafn sostuvo que el obispo Erico se trasladó
á Vinlandia para fortalecer á los escandinavos en su fe cristiana, él se inclina á pensar
que, cuando más, fue á predicar el Evangelio á los esquimales ó sltroelings.
Gravier, Deconverte de t'Amériquepar les Normanas. Recuerda que algunos autores
han pretendido que Erico regresó á su sede episcopal de Gardar; pero no debe olvidarse
que Rafn, cuya autoridad es incuestionable, pensaba lo contrario. La renuncia
1
— 5° —
suerte el nombramiento para el Obispado de Gardar, hecho
en 1124 á favor de un cierto Arnaldo, en vista de la demanda
expresa de los colonos groenlandeses reunidos en Asamblea general
(1) (2). Por más que no se haya logrado esclarecer en
todos sus pormenores el éxito de las predicaciones de Erico
Upsi en Vinlandia, los críticos que más atentamente estudiaron
el caso no desconfían de que andando el tiempo pueda
descubrirse algún manuscrito islandés que ilustre ese curioso
problema. Quizás al vigoroso impulso de tan memorable personaje
se deba, en opinión de un moderno historiador, la persistencia
de ciertas tradiciones y ceremonias religiosas en algunos
países septentrionales de América (3). '
Por otra parte, no debe maravillar que la Iglesia, en su legíde
Erik al Obispado de Gardar, que llegó á Groenlandia por el año 1122, prueba, según
dicho historiador, que la idea cristiana había realizado progresos en América, que
las colonias de ese pais no dejaban de tener gran importancia, y que por lo mismo
puede atribuirse á dicho prelado la intención de concluir allí sus días.
Gaffarel, Histoire de la decouveríe de l'Amérique. Tomo 1, pág. 333.
(1) ídem id. El minucioso relato de esta elección se encuentra en el códice Flateyense,
manuscrito notable de que ya hicimos mérito en su oportuno lugar.
(2) Como prueba de la señaladísima importancia que desde el siglo xn en adelante
tuvo la sede episcopal de Gardar en Groenlandia, bastará recordar que se conserva en
serie cronológica la lista de sus prelados. Torfbeus, en la Historia Groenlandia, publicó,
y después Gravier y otros autores han copiado los nombres y las fechas correspondientes
á 19 Obispos, que gobernaron la diócesis desde Erico Upsi en 1121 hasta Vincentius,
que la regía en 1537, ó sea á los cuarenta y cinco años de los primeros descubrimientos
de Colón.
En los archives del Vaticano encontró Pablo Egedes Efterretninger el texto de una
célebre epístola, que en 1448 dedicó el papa Nicolás V á los Obispos de Shalholt y
Hols, documento que también inserta Gravier en su libro, por el que se comprueba la
existencia del culto católico en Groenlandia y se enaltece el fervor religioso de aquellos
hombres, que habían perseverado en dichas creencias, hasta que treinta años antes
de la fecha de dicha carta sufrieron la invasión, ataques y depredaciones de odiosos
forasteros, que turbaron la paz de aquel territorio, arruinando varias iglesias, y si
bien algunas habían podido levantarse de nuevo, pasado que fue tan inminente peligro,
según afirmábanlos naturales del país en mensaje dirigido a! Pontífice, solicitando
el restablecimiento del culto sobre las mismas bases que lo hablan tenido antes;
Nicolás V, para subvenir á esta necesidad, cuya certeza afirmaba constarle debidamente,
prevenía á dichos dos Prelados, que por ser los más próximos de aquel país
cuidaran de enviar á éste, en calidad de Obispo, un hombre que para el caso fuera
adecuado; y por los trabajos de la Sociedad Real de Anticuarios del Norte, se sabe:
que desde 1450 hasta 1537 sucediéronse los tres obispos, Gregorio, Jacobo y Vincentius,
cuyos sellos, descubiertos, se han publicado merced á la diligencia de la expresada
Corporación.
(3) Gaffarel, obra ya citada.
timo anhelo de proselitismo religioso, se preocupara y cuidase
de lejanas diócesis, fortaleciéndolas, cuanto era posible, con el
entusiasmo de la fe, y á su vez ellas proporcionaban recursos
para el mantenimiento de la jerarquía y necesidades eclesiásticas.
Entre otras cosas, pudiera recordarse que, en 1276, el arzobispo
Jon, facultado por el Papa, á consecuencia de la extensión
del camino y penalidades del viaje, para no trasladarse
á tan distantes lugares, delegaba sus funciones en sabia y discreta
persona, que se encargó de recoger el producto de los
diezmos y conmutaciones de votos, destinado á la cruzada que
entonces se predicó por toda Europa; y el pontífice Nicolás II,
en su carta, escrita en Roma el 31 de Enero de 1279, ratifica
los plenos poderes conferidos por el Arzobispo á dicho colector
anónimo. Tres años después, en 1282, el mandatario llegaba
á Noruega con importante cantidad de diezmos; pero los pobres
colonos de Vinlandia, ya porque hiciesen poco uso ó no
quisieran desprenderse de los metales preciosos, entregaron
amplia provisión de pieles, dientes de morsa y barbas de ballena.
El Arzobispo consultó al Papa la aplicación de aquellos
efectos, y Martín IV le dio el práctico consejo de que los enajenara
y realizase. Veinticinco años más tarde, los tributos eclesiásticos
de Vinlandia figuraban aún en la suma de las collectas,
como lo prueba el haberse vendido en 1315, al flamenco Juan
de Pré, las ricas especies de dicho territorio. De suerte que,
por estos y otros datos, bien puede creerse que las extremas
posesiones de los normandos contribuyeron, en cierto modo,
al gran movimiento religioso, que fue el hecho dominante de la
Edad Media. Muy alejadas para, tomar parte activa en las luchas
de las Cruzadas, facilitaron, sin embargo, á la Europa cristiana,
que apenas sospechaba su existencia, todo cuanto podían
suministrar, es decir, los géneros y obras poco variadas de su
industria (1).
Mucho falta, no obstante, para conocer y apreciar el desarrollo
qus ésta alcanzase y para decidir el verdadero carácter
de la vida de los normandos en América. No pocos historiadores
de justa reputación sostienen que los europeos de Vinlandia se
(1) Gravier y Gaffare!, obras ya citadas.
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organizaron en libre colonia, semejante á las de otros establecimientos
normandos, constituyendo una especie de república,
bajo la protección nominal de los Reyes de Noruega, dirigida
quizá por algún descendiente de Erik Rauda. Los colonos mantenían
con la metrópoli, pero sobre todo con Islandia y Groenlandia,
relaciones muy frecuentes; cambiaban las riquezas del
país; maderas preciosas, pieles de animales, dientes de morsa,
aceite ó barbas de ballena, por el hierro y las armas que les eran
precisas, dedicando también la mayor parte del tiempo á las
, ocupaciones propias de la pesca, que para ellos ofrecía recurso y
medio de vida muy principal (i). Críticos más prudentes, que,
como Loffler, admiten sin reservas la existencia de numerosas
colonias escandinavas en Islandia y Groenlandia, piensan,
por el contrario, que no puede decirse lo mismo respecto de
América, donde las visitas de emigrantes y marinos debieron
ser de mera inspección; pero como tampoco niegan que allí
edificaran casas, ni el que los nuevos moradores utilizasen
abundantes productos de la caza y pesca, durante los dos ó
tres años de su alejamiento de la patria, á la que tornaban con
sus naves bien provistas de pieles, maderas y uvas (2), resulta
que, sin el más ligero escrúpulo, como ya dijimos, puede afirmarse,
cuando no otra cosa, la presencia de los normandos en
América (3).
Sobrevino una época, sin embargo, en que sus establecimien-
(i) Gaffarel.
Humboldt, en su renombrado Cosmos, al enumerar en el tomo n, pág. 284, los establecimientos
de los normandos, los califica terminantemente de colonias.
Gravier participa de la misma opinión, y en varios pasajes de su Decouveríe de l'Amériquepar
les Normanas, sobre todo en la pág. 167, aplica á dichos establecimientos igual
nombre de colonias, y de idéntico modo los designa Eben Norton'Horsford, Discovery
of América by Northmen. Otro tanto podemos decir del eminente geógrafo moderno
E. Reclus que en el tomo xv, pág. 12 de su notabilísima obra dice lo siguiente. «Los
Escandinavos fundaron en la costa firme del Nuevo Mundo colonias regulares, cuya
historia abraza un periodo de ciento veinte á ciento treinta años»
(2) Loffler, The Vineland-excursions of theancienl Scandinavians.—Congreso de Americanistas
de 1883 en Copenhague.
(3) Entre los muchos autores que confiesan el hecho, y de él hablan expresamente,
conviene no olvidar á Mr. Vivien de Saint Martin, que en la pág. 387 de su afamada
Histoire de la Geographie, escribe las siguientes palabras: «Es indudable que desde el
siglo XI, cerca de quinientos años antes de Colón y de Cabot, los colonos noruegos de Islandia
y de Groenlandia conocieron algunas partes délas costas del NE. de América.*
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tos fueron menos conocidos, hasta el punto de interrumpirse
desde el siglo xiv toda clase de relaciones entre los pueblos
septentrionales de Europa y los del mundo americano. Los
normandos llevaron á otros países su inquieta movilidad; el
Imperio bizantino, cuya ostensible decadencia crecía por momentos,
y el servicio que dichos hombres le prestaban figurando
en sus milicias, hubo de atraerles más que los peligros marítimos,
y el beneficio, siempre precario, de temerosas aventuras.
La metrópoli, en vez de sostener las viejas factorías, olvidábalas
por completo, y habiéndose reservado la corona de Noruega,
desde el reinado de Margarita de Waldemar, el monopolio
del comercio con la prohibición impuesta á toda nave de
abordar, sin permiso regio, á las posesiones transatlánticas, disminuyó
considerablemente el número de armadores y de marinos
bastante resueltos para comprometerse en problemáticas
empresas, fáciles mientras subsistió la libertad comercial; pero
de todo punto irrealizables, cuando se vieron privados de ese
poderoso auxilio (i). También los frecuentes ataques de los esquimales,
refractarios á la civilización europea, contribuyeron
á la muerte de las colonias noruegas é islandesas por la osadía
con que aquellos enemigos, feroces ya como piratas, se hicieron
después más temibles, persiguiendo á los normandos en sus
mismas moradas fortificadas, á lo cual puede atribuirse, sin duda,
el que, unas tras otras, fueran desapareciendo las poblaciones
de la ribera occidental de Groenlandia. Sobre todo en el
siglo xv resultó la lucha verdaderamente cruel, el espanto
cundió por todas partes, las quejas y lamentaciones de los colonos
con ese motivo llegaron á la misma Corte Pontificia, y el
papa Nicolás V se hizo eco de ellas al dirigir, como indicamos
en lugar oportuno, su famosa Bula de 1448 á los obispos islandeses
para que éstos proveyeran á las necesidades de los cristianos
amenazados en Groenlandia (2). Nueva cansa de exterminio
se añadió á las que acabamos de citar; la terrible peste
(1) Gaffarel, obra citada.
(2) Por fortuna, para debido respeto á la severidad histórica, y como argumento;
positivo de gran valor contra los que ligeramente desprecian ó niegan cuanto pertenece
á las empresas normandas, hemos visto con gran regocijo, al corregir nuestro modesto
trabajo, qué en la Exposición Histórico-Europea de esta Corte figura, entre los
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negra, cuya lúgubre memoria se conserva en la inmortal obra
del famoso Bocaccio, después de causar numerosas víctimas
en Asia y en Europa, extendíase también por América y despoblaba
casi enteramente la Groenlandia, no debiendo, como
resultado de ello, sorprender que sus habitantes y los islandeses
que alimentaron las posesiones de Markland y Vinland, dejasen
de enviarles más expedicionarios ó colonos (i). Sin necesidad,
pues, de recurrir á la ingeniosa hipótesis de ciertos escritores,
que pretendieron explicar la interrupción de comunicaciones
marítimas entre los países septentrionales de Europa y los de
América, por haberse formado grandes témpanos ó bancos de
masas flotantes de hielo en la parte superior del Atlántico, hay
motivos suficientes y bien averiguados para no extrañarse de
que los Estados de nuestro continente olvidaran lo que había
sido objeto de sus exploraciones y descubrimientos (2).
Perdido el inmediato recuerdo de las visitas que los normandos
hicieron á las costas orientales de América, pudiera por
algunos considerarse difícil restablecer la equivalencia geográfica
verdadera ó probable de los parajes en que durante algún
tiempo moraron aquellos hombres; pero la crítica y erudición
modernas se lisonjean, no sólo de haber determinado con verosímil
aproximación las tres más importantes regiones inspeccionadas
por Leif y demás viajeros, sino también todos y cada uno
de los particulares sitios ó localidades que sucesivamente fueron
distinguiendo.
El breve tiempo que las naves empleaban desde Groenlandia
notables documentos á ella remitidos por el venerable León XIII, la preciosa joya
histórica que por segunda vez acabamos de invocar.
(1) Humboldt y Gaffarel, obras ya citadas.—M. Valdemar Schmidt, Voyages des
Danois au Groenland.—Memoria leída en el Congreso de Americanistas de 1883.
(2) El eminente Humboldt, tratando en sus dos famosas obras, á las que varias veces
aludimos, de dicha hipótesis ó explicación, consigna «que nadie admite yade cambio súbito de clima y formación de una barrera de hielo, que cortase las relaciones
entre las colonias establecidas en Groenlandia y su metrópoli. La acumulación de
las nieves sobre el litoral opuesto á Islandia depende de la forma del país, de la proximidad
de una cadena de montañas paralela á la costa, y de la dirección de la corriente
». «Tal estado de cosas—añade—no data de fines del siglo xiv y principios del xv, y
el mito de la formación de una barrera de nieve en tiempos históricos se asemeja bastante
al de la pretendida destrucción de esas grandes masas en 1817, destrucción que
debía cambiar segunda vez el clima de todo el NO. de Europa.»
al territorio llano y pedregoso del Hellu-land, bastando á veces
cuatro días para recorrer esa distancia, con más los caracteres
geográficos y condiciones físicas de la no lejana isla de Terranova,
ha servido de fundamento para que, si no todos los escritores,
muchos de ellos y de reconocida autoridad, como d'Avezac,
Beauvois, Gravier, Horsford y Gaffarel, sostengan la
correspondencia de ambos lagares, no faltando tampoco quienes
hayan estimado preferible referir el Hellu-land á la tierra
llamada hoy del Labrador (i); mas de cualquier modo, bien se
acepte una ú otra hipótesis, siempre aparece que los normandos
llegaron á las comarcas septentrionales de América é inmediatas
al país de donde los mismos procedían. Discurriendo con
igual criterio los sabios, y sin olvidarse de que las Sagas fijaban
tres días más de navegación para la arribada de los barcos islandeses
y noruegos á Markland, región cuyas costas eran ordinariamente
bajas y llanas, espesa y poblada de bosques en el interior,
proclamaron su identidad con la moderna Acadia, á la que
los anglo-saxones pusieron el nombre de Nueva Escocia (2),
que en verdad presenta playas bajas, peligrosas, de acceso difícil
por los numerosos bancos de arena que las rodean, y ofrece todavía
gran abundancia de hermosísimas maderas de construcción,
elemento principal de comercio y de riqueza. Igual conformidad
de parecer han mostrado los historiadores y geógrafos asimilando,
como lo hicieron, el suelo de Vinlandia á notables
porciones del de Massachusetts en los actuales Estados Unidos.
La observación verificada por Leif y sus compañeros sobre
las salidas y puestas del sol, que les permitió atribuir nueve
horas de duración al día más breve del año en aquellos parajes,
ha sido la base que gran número de autores adoptaron para
señalar la posición de semejantes lugares entre los 41 y 42 grados
de latitud septentrional (3), que equivale ciertamente á los
estados de Rhode Island, New-York y New-Jersey, donde el
(1) De este parecer fue Humboldt y modernamente Loffler y el célebre Reclús.
(2) Participan de esta opinión todos los autores que han escrito de la materia, y
entre ellos d'Avezac, Kohl, Rafn, Beauvois, Gravier, iloffler, Leclercq, Horsford
y Gaffarel.
(3) Reclús; tomo xv, pág. 12.—Gravier y Leclercq admitiendo las indicaciones de
las Silgas sobre el particular, y movidos por el intento de precisar con prolija exactitud
- 56 -
sol permanece ese tiempo en el horizonte (i). Para el mejor
esclarecimiento de la cuestión interesa, sin embargo, recordar:
que aquellos expedicionarios carecían de instrumentos de precisión
cronométrica, y por tal motivo los datos que nos han
transmitido acerca de los crepúsculos se resienten de notoria
vaguedad, puesto que la designación de sus horas, siete y media
de la mañana y cuatro y media de la tarde, en los días más cortos,
no reconocía otro origen que el de la coincidencia de tales
.fenómenos con el tiempo que los normandos, según costumbre,
destinaban al desayuno y al lunch de la tarde (2). Ya Humboldt,
procediendo con natural reserva y en vista del examen comparativo
de las Sagas, había dicho que las regiones frecuentadas
por los escandinavos correspondían á una extensa zona,
entre los paralelos 41 y 50, ó sea á la línea de costas que se extienden
desde Nueva York á Terranova, y en las cuales, según
el mismo escritor, vegetan hasta seis especies de vides (3). Modernamente
Loffler (4), sin negar del todo la correspondencia de
Vinlandia con el Rhode Island y Massachusetts en los 41 '/*o de
latitud, ha creído también que en esto podía haber alguna equiel
Imagen
punto á que corresponde la determinación astronómica citada, no vacilaron en ré-
.ferirle á los 41o 24' 10" de latitud Norte, ó sea un poco más arriba de donde hoy se
levanta la importante capital de Nueva York.
(1) Gaffarel.
(2) Eben Norton Horsford,
(3) Examen critique de la Histoire de la Geographie du nouveau continent. Tomo n,
página 100. En el Cosmos, tomo n, pág. 286, al tratar de Vinlandia la equipara, no obstante,
al moderno estado de Massachusetts.
Las viñas que dan su nombre á la Vinlandia aun crecen espontáneamente en todo
el territorio de Massachusetts y en parte de Nueva York. Los viajeros de nuestros
días hablan con admiración de las uvas salvajes de ese país y de las numerosas viñas
- naturales, que fructifican á orillas del Ohío.
En diferentes mapas del siglo xvi y xvn, muchos de los cuales consideran como
porción insular aquella parte del mundo, según la representaba Cosa y la imaginó
el mismo Colón, se encuentran varios nombres, que en los idiomas propios de tales
cartas geográficas, contienen las radicales de Vinland, y algunos de esos mapas presentan
dibujada la isla de Bachus. La designación tradicional subsiste hoy en las proximidades
de Boston, y se conserva en las dos denominaciones de Vineyard Sounth y
en la islade Mdrtha's Vineyard. (Eben NortonHorsford.) . ,.
/ Esta última nomenclatura procede seguramente de la abundancia de viñas en esa
. isla, á la cual en opinión de Reclús se llamó asi, viña de Marthe, que recuerda la antigua
Vinlandia, como si se hubiese querido distinguirla del gran pais de las viñas, ó sea la
' costa vecina.» Geographie iiniverselle, tomo xvi, pág. 137.. ..'•.
. (^Memoria presentada al Congreso de Copenhague de 1883, , . . •- . ¡
— 57 —
vocación por no ser, ni con mucho, indiferente presumir que el
sol saliera á las siete ó las ocho de la mañana,, cuando la primera
de estas horas espropia del grado 31 y la, segunda del 49, deduciendo
de aquí el mencionado crítico que: á, tan dilatada extensión
geográfica, que comprende desde la Horida á Terranova,
pudiera equivaler la Vinlaridia, y según el mismo sería mejor
referirla á la actual Virginia, donde no sé perciben los hielos,
como afirman las viejas historias al describir los países, que en
último término visitaban los normandos. , ".
Discretas, con, seguridad, deben juzgarse tales aclaraciones;
pero en medio de considerarlas, legítimas y prudentes, es lo
cierto qu,e por el mejor conocimiento adquirido y por la más
sana observación hasta hoy verificada de los accidentes geográficos
de dicha bahía de Massachusetts, sigue prevaleciendo la
opinión de que en aquellos parajes fue donde Leif, Torwald y
Karlsefn hicieron su más prolongado asiento. Las casas (Lezfsbudir)
que el primero de ellos construyó, pudieron hallarse, en
sentir de.Rafn, en la desembocadura del Pocasset -River, mas por
extraña coincidencia, autor, contemporáneo hay que las supone
en el lugar mismo que ocupa la moderna capital de Nueva
York (1); la isla descubierta por el segundo de dichos exploradores,
equipáranla otros á la que designamos con el nombre de
,Long-Island (2); las playas que hacia el Sur fueron observadas
son para algunos las de New-Jersey, Delavarre, Maryland y aun
quizá de Virginia y Carolina, que todavía ofrecen grandes selvas
que se extienden hasta el mar, y además esas costas se presentan
hoy, como entonces eran, bastante bajas y con gran
número de próximas islas, que bien pudieron haber sido desprendidas
por alguna convulsión geplógica (3). En cuanto á los
dos promontorios reconocidos por Thorwald, la generalidad de
los escritores identifica el Kialarnés con el Cabo God, ó Nauset
de los indios, á la extremidad oriental del Massachusetts, cuya
forma alargada y curva graciosa que describe, le asemeja en
(1) Gaffarel.
Norton Horsford sostiene que Leif arribó á la extremidad Ñ. del Cabo Cod, y que
sus casas ó morada debieron levantarse en algún.sitio de la bahía de Massachusetts.
(2) Gravier; según ya dijimos en oportuno lugar.
(3) Gaffarel. : . . . -
- 58 -
efecto á la quilla de un barco (i), y respecto al de Krossanes ó
de las Cruces, se cree que corresponda al que lleva hoy el nombre
de Sable en la extremidad meridional de Nueva Escocia,
(2), ó más bien al Cabo de Gurnet (3). También se han
buscado equivalencias para los mismos puntos ó sitios que con
nuevos caracteres y particularidades fueron reseñados en la
expedición de Thorffinn, por virtud de lo cual las playas maravillosas
(fturdustrandir), que él y sus compañeros divisaron,
imaginábanlas colocadas, Rafn y Gravier, algo más al Sur del
citado Cabo Cod, si bien otros autores juzgan preferible suponerlas
en las costas de Nueva Escocia (4), donde abundan con
frecuencia, según el testimonio de modernos viajeros, fenómenos
de espejismo, como los que tan viva admiración causaron
á los exploradores normandos; la bahía circular, notable por sus
corrientes, debe ser la de Buzzard, en la que el Gulf-stream
adquiere gran fuerza y desarrollo; la isla cubierta de huevos de
eiders no parece inverosímil asimilarla á la de Marta's Vineyard
(5) ó á otras inmediatas á Massachusetts que forman las
rocas inhabitadas de Egg-islands (6), y por último las casas que,
bajo la dirección del afamado Thorfinn, se construyeron frente
á las que Leif había levantado, es opinión general que pudieron
estar en el sitio que los indios llamaron Mount-Haup, cerca de
Taunton River, que con el nombre de Pocasset River, lleva sus
aguas al mar por el estrecho de Seaconnet (7). Mediante tales
coincidencias geográficas y algunas más, que en gracia á la brevedad
omitimos, se explica, hasta cierto punto, que hallándose
(1) Rafn, Kohl y Mr. Beauvois opinan que ha podido darse el nombre de Kialarnés
al Cabo Cod, situado por los 42o de latitud septentrional, no lejos de Boston, á consecuencia
de la similitud que tiene con la quilla de un barco, y particularmente de un
barco escandinavo.
(2) Gaffarel.
(3) Como partidario de esta segunda opinión figura Gravier, que interpreta el Krossanes
por Punta Gurnet, de acuerdo con indicaciones hechas por Rafn en sus escritos
y cartas geográficas, lo cual presta bastante autoridad á la creencia.
(4) Gaffarel.
(5) Rafn y Gravier.
(6) Mr. E. Beauvois afirma que las islas de Massachusetts sirven aún de retirada á
una multitud de eiders ó ares acuáticas salvajes, á lo cual una de ellas debe su nombre
de Egg-island (Isla de los Huevos).
(7) Gravier.
— 59 —
los parajes últimamente citados no lejos de la gran metrópoli
americana de Boston, y merced al entusiasmo de los más devotos
partidarios de las antigüedades escandinavas, se erigiera en
esa ciudad durante 1887, para honor de Leif, la estatua y monumento
que allí hoy recuerda su memoria (1).
Los diversos paralelismos geográficos, que brevemente hemos
procurado indicar, afirman la creencia de que al Septentrión
de América pertenecen las regiones que noruegos é islandeses
visitaron; pero poco satisfechos con ello muchos críticos é historiadores
en su legítimo, y á las veces inmoderado afán de comprobar
el hecho, pretendieron acreditarlo con demostraciones
arqueológicas, y por más que nuestro amor á la verdad, único
que nos guía, exija confesar que en ello no fueron los resultados
tan felices y positivos, juzgamos, sin embargo, que son dignos
de algún recuerdo. Dos hallazgos, entre otros (2), requieren
particular mención. En el estado de Massachúsets, condado de
(1) De notar es, sin embargo, como justo tributo á la imparcialidad, que los norteamericanos
en general no desconocen ni niegan, á pesar de lo dicho, la trascendental
importancia de los descubrimientos de Colón, como lo prueba, además de la participación
ofrecida para solemnizar el centenario de tan memorable hecho, la circunstancia
de que, sin recordar ahora los nombres de varios distinguidos escritores de aquel país
que ensalzaron debidamente la memoria del gran genovés, el mismo Eben Norton
Horsford, á quien puede estimarse como uno de los que con más ardor han celebrado
que se levantase un monumento á Leif, dice á este propósito que «napor ello se amengua
en nada la gloria de Colón que trató de resolver el problema de la redondez de la tierra»,
y añade estatua en 1892.»
(2) Varios y de distinta naturaleza han sido los restos arqueológicos procedentes
de América que, con más ó menos motivo, se atribuyeron á los escandinavos ó normandos.
Por hallarse sujetos todavía en su mayor parte á las encontradas opiniones
de la critica, sólo haremos mérito de algunos para ilustración de la materia.
Á fines del siglo xvni, cerca de Hull y del cabo Alderton, se descubrió un sepulcro
que contenía esqueleto humano, con espada de puño de hierro; y como determinados
anticuarios sostuvieran que el arma era de fabricación europea anterior al siglo xv, se
creyó, quizá temerariamente, haber encontrado la tumba del famoso Thorwald. Al
practicarse en 1840 excavaciones en Fall-River, de Massachúsets, distinguióse otro
esqueleto; su pecho estaba cubierto por un peto de bronce, alrededor del cual se arrollaba
un cinturón, formado con tubos del mismo metal, sujetos entre si por correas de
cuero y parecido á los cinturones antiguos de Dinamarca é Islandia. El bronce se envió
al ilustre Berzelius, que hizo el análisis, reconociendo que la composición química
era semejante á la de las armaduras de los siglos x y xi, conservadas en los museos
del Norte. Desde entonces se admitió el hecho como probado; el gran poeta americano
Longfel'ow compuso una balada en honor de aquel héroe, que podría haber sida
— 6o —
Bristol, á la orilla oriental del Taunton-River, sobre los 41o
45' 30" de latitud N. se eleva una roca de color rojo de 4 metros
de base y 1,70 de altura, llamada Dighton Writing Rock,
que por contener toscas figuras é inscripción con caractexes
misteriosos provocó la curiosidad y trabajos de muchos sabios
y anticuarios desde el año 1680 en que fue descubierta.
Quien , como Mathieu, pensaba que los signos gráficos procedían
de la época de los atlantes, en el año 1092, antes de
J. C; otros, como Moreau de Dammartin, creyeron que se
trataba del fragmento de una esfera celeste oriental, ó más
bien de un tema astronómico para momento determinado,
que se fijaba en la media noche del 25 de Diciembre; investigadores
hubo que, á semejanza del coronel Walancey, atribuyeron
origen siberio á la inscripción; para Schoolcraft,
que sometió una copia al examen de cierto jefe indio, significaba
el recuerdo de victoria obtenida por tribu americana; no
faltó además quien, de acuerdo con el reverendo Erza Stiles,
citase la roca como la mejor prueba de los viajes de fenicios al
Nuevo Mundo, opinión seguida también por Court de Gebelin;
y, finalmente, para nuestro objeto conviene recordar que los
anticuarios daneses, Carlos Rafn y Finn Magnusen, así como
Lelewell y Gravier, pretendieron descubrir en el citado monu-
Thorwald; pero aun hoy, los más entusiastas partidarios del escandinavismo en América,
mantienen sobre ello actitud de prudente reserva.
En los mismos parajes, hacia el sitio donde Rafn supuso haberse edificado las casas
de Leif, ss hallaron también el 26 de Abril de 1831 varios esqueletos con armadu,-
ras análogas, hierros de lanza y otros instrumentos, equivalentes á los que usaban
los normandos en el siglo x, por contener el bronce de su aleación los mismos elementos
que el empleado para objetos similares descubiertos en Jutlandia, y también con
verdadera precipitación dijeron algunos intérpretes, que los esqueletos debían corresponder
á los de las victimas que la cruel Freydisa hizo en su desdichada aventura,
lo cual, en sentir de Gaffarel, merece reputarse sólo como hipótesis más ó menos admisible.
Igual prudencia conviene observar respecto de otras cosas descubiertas, que, como
la piedra de forma oblonga con huecos circulares hallada en Tiverton, un hacha grande
y pesada, dispuesta para adaptarse á mango dividido, tres puntas ó cuñas pulimentadas,
á la manera de las del norte de Europa, rodelas, fragmentos de calderas y de vasos
de arcilla con ornamentos tallados, estos últimos semejantes á los de los vasos
tumulares de tiempos del paganismo; botones de piedra de la forma de huevo; anclas
y puntas de flecha fueron recogidos en diversas localidades, y que aun despertando,
según despertaron, la curiosidad y el interés de notables arqueólogos, deben considerarse
todavia sometidas al más riguroso examen de la critica moderna.
— 6i —
mentó caracteres rúnicos, que interpretados con bastante libertad,
les permitió asegurar que las toscas figuras representaban
á Thorfinn, á su mujer Gudrid y al recién nacido Snorre, á
quien se adivinaba en la letra S; que había rasgos figurativos de
un navio defendiéndose del viento, de escudo blanco suspenso
en señal de paz, de marineros ú hombres de tripulación, de
enemigos (Skroellings) y hasta de arcos, flechas y más objetos.
El último de dichos autores interpretando los trozos escritos,
dio de ellos la siguiente traducción: «131 hombres han
ocupado este país con Thorfinn.» Aun cuando el mayor número
de las letras de este nombre propio se perciben con claridad en
los facsímiles que de la inscripción aparecen en casi todos los
libros que tratan del asunto, si bien igualmente los rudimentarios
perfiles del dibujo se prestan en cierto modo á las explicaciones
dadas sobre su simbolismo, es imposible desconocer que
en otra parte éstas resultan aventuradas, ó á lo sumo ingeniosas,
por la manifiesta y general imperfección que en el monumento
domina. Por ello escritores como Worsae, Loffler y Gaffarel se
inclinaron más bien á suponerlo de procedencia indígena, ó les
parecieron el grabado y los caracteres indescifrables, como
opina el último de los dichos; y otros que, cual Hosrford, no
pueden tacharse de adversarios á las doctrinas sobre inmigración
de gente normanda en América, no vacilaron en declarar
que el celo exagerado de los anticuarios daneses había admitido,
como prueba, dicho testimonio, que hoy la crítica rechaza (1).
Lo mismo puede decirse de las celebradas ruinas del edificio
de Newport, descubierto en Rhode-Island, en forma de rotonda,
hecha con piedras de granito; unidas entre sí por argamasa, y
que consta de algunos arcos, descansando sobre ocho columnas.
La Sociedad de anticuarios del Norte, que estudió cuidadosamente
el monumento, declaró que era de procedencia normanda,
tanto por no encontrarse en los demás países de América
construcciones semejantes, que pudieran reputarse indígenas,
cuanto por las muy notables analogías de dicha'fábrica con las
escandinavas de los siglos xiy xir, propias de Groenlandia y de
diferentes puntos de Europa, atendido lo cual no han faltado
(1) Eben Norton Horsford, Discovery of America.
— 62 —
autores que consideren el hecho cierto y admisible (i); mas por
otra parte, si se tiene en cuenta que las casas(budirs) edificadas
por los normandos, y de que nos hablan las Sagas, fueron casi
siempre de madera, y se recuerda que entre los primeros colonos
que vinieron á Rhode-Island, desde 1638 á 1678, uno de
ellos, llamado Benito Amoldo, mencionó en su testamento el
indicado edificio con las siguientes palabras: «El molino de piedra
que he construido», se reconocerá también la conveniencia
de no proceder ligeramente en el asunto ó de inclinarse á la
opinión de aquellos críticos que atribuyeron origen británico al
monumento (2). Con todo, sería temerario empeño olvidar el
interés que despiertan los trabajos hasta hoy realizados, y la evidente
utilidad de prestar atención á cuanto se investiga y escribe
sobre el particular, ya que, aun prescindiendo de tales controvertidas
pruebas, los sabios más entusiastas por la materia perseveran
en el intento de revelar cada día nuevas demostraciones
ó vestigios arqueológicos de los noruegos en América, pudiendo
á este propósito invocar las modernas averiguaciones del tantas
veces citado Horsford, que pretende haber descubierto en
Cambridge, población del Massachusets, restos de dos grandes
casas con cinco chozas á ellas unidas, las primeras para morada
del jefe y personas de su familia, con destino las segundas á
criados ó domésticos; en igual forma todo ello de las antiguas
construcciones escandinavas y de las del mismo género, que
Nordenskiold y otros viajeros contemplaron en Groenlandia.
Por más que tan diligente observación, sujeta todavía, como
muchas, á examen y análisis de la crítica, sólo merezca el título
de hipótesis plausible, debe al menos esperarse que nuevas
pesquisas y comprobaciones llegarán algún día á resolver la
cuestión, que con extraordinario celo trataron de ilustrar arqueólogos
é historiadores.
(1) Gaffarel.
(2) Loffler y Horsford.