Blog de Escritor: Mario Escobar Golderos

martes, 06 de noviembre de 2007

$>Sagas Vikingas I

Sagas Vikingas I

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Pero precisamente de la región septentrional de Europa, de
la península escandinava, cuyos ríos, según el dicho de Depping,
deslizan su corriente en medio de arenas magnéticas, y el hombre
bebe con aquellas aguas el hierro, que le obliga á ser más
enérgico y resuelto, arriesgando peligros, por el incesante afán
de explorar las soledades del Océano, fue de donde, en los siglos
de la Edad Media, partió la notable serie de atrevidos navegantes,
á quienes se deben muchas y memorables expediciones, que
inmortalizaron sus nombres y conviene recordar. Suelo pobre
y estéril el de Noruega, arrojaba fuera de sí gran parte de su
excesiva población, sedienta de buscar en otros países alimentos
y materias de consumo. Las quebradas costas del territorio, plagado
de numerosos golfos ó fiords (2), no distantes de muchas
y pequeñas islas, incitaban á la vida marítima y aventurera, despertando
extraordinario amor por las empresas más difíciles, y
(1) El rey Alfredo el Grande de Inglaterra fue quien dio á conocer las noticias de
-esos viajeros, que aparecen insertas en la traducción que dicho monarca mandó hacer
de la Historia Universal de Orosio, escrita en latín y vertida á la lengua saxona para
conocimiento del pueblo británico.—Vivien de Saint Martin, Histoire de la Géographie.
(2) No consideramos ocioso advertir que, para mayor facilidad de pronunciación,
sustituimos, según lo hacen también muchos de nuestros escritores, la letra/, después
de consonante, que tan frecuente es en las palabras escandinavas, por la vocal i, como
resultado de lo cual decimos, por ejemplo: Fiords y Hiorkif, en vez de Fjords Hjorleif,
y asi en los demás casos.
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aquellos.valerosos hombres, en ün principio pescadores, después
corsarios, y arrojados piratas, verdaderos reyes de mar, proce-=
de.ntes de las nobles y más distinguidas familias, no vacilaban
en-tomar á su cargo la dirección de portentosas embarcaciones,,
algunas de las cuales conocemos hoy por los restos de la que
existe én la. Universidad de Christianía, y por los modelos ó dibujos
qué los sabios de la mayor parte de las naciones civilizar
das ¡tuvieron ocasión,de examinar en la capital de Dinamarca,,
•al celebrarse el Congreso de Americanistas de 1883. Barcos que,,
bogando sobre las aguas con la gracia del cisne, cuya forma,
imitaban, recibían de sus patronos los simbólicos nombres de
dragones ó de serpientes; monstruos éstos, que verdaderos unos
y fantásticos otros, veíanse de continuo reproducidos en las extremidades
de los buques, cdn él adorno de hermosísimos colores,
ó con la brillantez del oro, de la plata y otros metales quesolían
enriquecerlos. Para comprobación de la magnificencia y
extraordinario tamaño de muchos de ellos, varios autores enumeran
el de Olaf Tryggvason, construido en los famosos astilleros
de Thorberg, y que tan célebre fue en los anales del
Norte, el del duque Hakon, el del rey Canuto, y los dos de Olaf
"el Santo, que podían llevar 200 hombres (1). Tal importancia
' alcanzó la marina, que se apreciaba como la carrera del honor
y la fortuna, no permitiéndose el ejercicio de la piratería más
que á los hombres de esclarecido linaje, de tal suerte que para
los hijos de los reyes y grandes señores era un medio de ilustrarse
y adquirir fama ante la patria. Cuando un príncipe llegaba
á los diez y ocho ó veinte años pedía barcos á su padre
para acometer gloriosas empresas, y semejante demanda repu-
. ;(i) Depping, Histoire des expedüions maritimes des Normanas et de hurs exp
en France au X' suele.—La embarcación de Olaf Tryggvason, llamada Larga Serpiente,
tenía, según los documentos históricos de los escandinavos, 140 pies cié largo. 34 bancos
de remeros y capacidad para 90 hombres. El barco del duque Hakon presentaba-
40 bancos de remeros, el del rey Canuto 60, llevando en la popa, ya un león de oro,
bien un dragón de bronce pulimentado, ó un toro furioso con cuernos dorados.—Tor-
.fceus describe un dragón brillante de oro y de una belleza incomparable; hablando luego-
,de cuatro magníficos barcos, dice de uno de ellos que reflejaba por todo el Océano los
¡rayos del sol. .
Ya Tácito, en la antigüedad, manifestó que los Normandos, á los que llamaba Suiones,
eran temibles por sus flotas. • ' --•''.
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tábase signo de valor y de grandeza de espíritu; las nobles doncellas
de Noruega dispensaban su amor al héroe más intrépido
y valeroso en el furor de los combates, é intervenian otras vences
en éstos, trocando la blanca toca de lino por el casco, cubriendo
sus espaldas con el palium del guerrero; provistas del
escudo y blandiendo la lanza ó el hacha ofrecían singulares
muestras de valor, que, idealizadas por la poesía, dieron origen
á la maravillosa y sublime historia de las Vírgenes del Escudo.
Los navegantes juraban por sus barcos, y al acercarse para
ellos el último momento de la existencia, depositado su cuerpo
y sus armas en la propia embarcación, y prendiendo fuego á
ésta, pasaban á dormir el eterno sueño en los abismos del elemento,
cuyos caprichos y furores, desde jóvenes, habían aprendido
á desafiar (i). ;
Con tales antecedentes no debe sorprender la facilidad que
los pescadores y piratas del Norte tuvieron para visitar las islas
del Atlántico, recorriendo las Feroer, Shetland, las Órcades y
las Hébridas. Un pirata noruego, llamado Naddodr, navegaba
en 861 hacia las primeras, y desviándole la tempestad de su
rumbo le llevó á 900 kilómetros de las costas de su patria, descubriendo
una tierra, á la que, por encontrar cubierta de nieve,
puso el nombre de Snceland, y aunque no tuvo medios de averiguar
si aquel país era isla ó continente, elogiaba, al volver, el
clima, las riquezas y la vegetación que había visto. A los tres
años de ese viaje, el sueco Gardar, caminando hacia las Hébridas,
fue impulsado por los vientos á las mismas playas de Islandia,
donde pudo divisar grandes selvas, colocadas entre las
montañas y el mar; allí pasó el invierno, construyó habitaciones
en la bahía de ffusavika (ó de las casas), y cuando á la primavera
siguiente se alejaba de aquellos lugares, cambió el nombre
de los mismos por el de Gardarsholm, ó isla de Gardar.
Posteriormente otro pirata célebre, Floki-Rafna, que creía
descender de los antecesores míticos de Noruega, partiendo
también de las Feroer, se dirige hacia la nueva isla, con ánimo
ya de fundar una colonia, y la leyenda, que tan á menudo suele
unirse á los hechos históricos, cuenta, que dicho piloto, como
(1) Depping, obra ya citada.
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buen pagano que era, ofreció, antes de hacerse á la vela, un sacrificio
al dios Thor, consagrándole tres cuervos que, por su
vuelo y á manera de brújulas, pudieran señalar el derrotero
más conveniente en la navegación. No lejos del punto de salida
lanzó el primero de ellos que apresuradamente retornaba á las
islas Feróer: pocos días después, Floki, sin torcer su camino,
desprende la segunda de las aves, que remontada á gran altura,
bien pronto caía en el mismo barco. El arrojado marino, implorando
entonces la protección de los dioses, continuó su marcha
hasta que dio libertad al tercero de los cuervos; esta vez el pájaro
de Thor vuela hacia el N.; la nave de Floki en la misma
ruta logra divisar la costa de Islandia, y el pirata, después de
recorrer el Sur y Poniente de la isla, se establece en un fiord
del NO., donde inverna, con pérdida del ganado por descuido
en la necesaria provisión de forraje. Observando luego que
el hielo cubría las costas, abandonó su propósito de quedarse
en el país descubierto, al que puso el nombre de Island ó
tierra de hielo, que hasta nuestros días ha conservado. Triste
impresión^produjeron en el ánimo del navegante los rigores del
clima y las desgracias sufridas, expresándolo así ante sus compatriotas;
pero dos hermanos, que le acompañaron en el viaje,
pensaban lo contrario, llegando uno de ellos á manifestar que el
país visitado era hermoso, florido y fecundo. Su versión hubo
de prevalecer y, como resultado de ello extendíase por todas
partes el rumor del hallazgo de una nueva tierra de azulado
cielo, de invierno sin escarchas, con hermosas costas cubiertas
de verdura, y las aguas llenas de salmones y ballenas. Así llegó
á considerarse aquella región bendita de los dioses «donde el
hombre podía vivir libre de la tiranía de los reyes y de los señores
(i).»
Algunos años más tarde Ingolf, duque y pirata de renombre,
que había arrostrado por la bella Helga, con quien casó más
(i) Gravier, Decouverte de T'Amérique par les Normanas.
Se comprende bien la facilidad y repetición con que se efectuaban los viajes en la
parte septentrional del Atlántico. La distancia que hay entre la costa meridional de
Noruega é Islandia es relativamente pequeña y para recorrerla debían bastar ocho ó
diez días, con la ventaja de servir, como estaciones intermedias, Shetland y Feroer.
El hecho en sí, dice Vivien de Saint Martin, nada tiene de maravilloso, abstracción
hecha de los testimonios positivos que atestiguan su realidad.
tarde, dos terribles duelos, emigraba de Noruega, llevando consigo
las columnas ó pilares sagrados, de su casa que arrojó al
mar, prometiendo á los dioses levantar su morada, donde aquellas
se detuviesen, y por ello, aun cuando al tocar en el Sudeste
de la isla fijó su residencia en un punto bautizado con su propio
nombre (Ingolfshofdi), mientras que un hermano suyo, Hiorleif,
elegía al poniente sitio excelente para habitar y provisto de
buenos campos de cultivo; pasados que habían tres años de permanencia
en Islandia, supo el normando que los pilares de su
casa se hallaban en cierto paraje del SO., en la bahía que lleva
hoy el nombre de Faxe-Fiord, y allí se estableció definitivamente,
echando los cimientos, aunque en posición menos ventajosa,
de la ciudad de Reykiavik, que desde entonces es capital
de la Islandia (i).
En realidad, la colonización de ese territorio, que tal nombre
merece cuanto se refiere á los anales primitivQS de su historia,
se debe, como hemos visto, á las maravillosas aventuras, propias
de pescadores y navegantes; pero hubo también otra
causa, no menos eficaz, para que acrecentase en extremo el
número de pobladores de la isla y fue la protesta y movimiento
nacional de casi toda la Noruega contra el dominio absoluto y
despótico de Haraldo Haarfager, que al reunir bajo su cetro
las treinta y una pequeñas repúblicas en que estaba dividido el
país, abolió sus antiguas y venerandas prácticas. Triunfante el
monarca en la célebre batalla de Hafursfiord, muchas nobles y
distinguidas familias prefirieron solicitar de Islandia (2) la libertad
que su patria les negaba, y de este modo se forma en el
nuevo país un Estado verdaderamente libre, que adoptó usos y
(1) Sobre la cima de Ingolfsfiasll se descubre aún, según afirma Humboldt, la
tumba del fundador de la colonia islandesa, y cerca de Kielarnás se encuentran las
ruinas de una casa construida en 888 por uno de los hijos del citado personaje.
(2) El golpe de Estado de Haraldo produjo la gran invasión, que los normandos
realizan durante el siglo ix en la mayor parte de los pueblos europeos, puesto que no
sólo arribaron á Is'andia, sino que, como es notorio, de aquella época son las grandes
irrupciones, que dichos hombres verifican, asolando las costas de Inglaterra, Francia
y España, corriéndose luego al Mediterráneo; mientras que otros de esos emigrantes,
como los célebres Othero y Wulfstan, ya citados anteriormente, penetran en el mar
Blanco y llegan por el Volga hasta el Caspio al mismo tiempo casi que tribus de igual
origen fundaban á Novogorod, se amparaban de Kiew y hasta ponían sitio á Constantinopla.
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costumbres parecidas á las que con anterioridad habían existido
en Noruega. Desde 930 todas las partes habitables del territorio
insular fueron ocupadas, organizándose un gobierno republicano
dotado de instituciones religiosas y políticas, análogas
á las de la metrópoli, instituciones muy notables algunas de
ellas y que se conservaron hasta 1261 (1) en que Islandia pasó
á poder de Noruega. 5
El genio poderoso de la libertad y el no menos poderoso de
la poesía habían hecho brillar las fuerzas del espíritu humano
en los últimos confines del imperio de la vida, según la hermosa
frase de Maltebrun, y, entre otras cosas, llama singularmente la
atención el extraordinario desarrollo que la lengua danesa ó
Nordika tomó en Islandia, de donde proceden los monumentos
más curiosos de la antigüedad escandinava, monumentos que
hoy representan la fuente histórica de mayor precio para conocer
las aventuras y peregrinaciones que los normandos emprenden
hacia otras regiones occidentales, con la suerte de poner
Su planta en tierras hasta entonces desconocidas. Aquella lengua,
dulce, sonora, sencilla y enérgica, de la cual ha dicho Marmier
que no tiene la dureza de las sílabas germánicas, ni el soplido
perpetuo del inglés, aquella lengua que hoy se habla en el
interior de la isla, casi como en los tiempos de Ingolf, sirvió
para extender la cultura sumamente rica y prodigiosa de los
islandeses, y por el testimonio de sus historias podemos hoy
concebir el grado de perfeccionamiento y progreso que tales
hombres lograron alcanzar. Se sabe que el clero podía oponer
su veto al matrimonio de una mujer poco instruida, y que no sé
administraba el sacramento de la confirmación á los niños, sin
justificar previamente que sabían leer y escribir, en lo cual, lo
mismo que en religión y moral, las propias madres imponían á
sus hijos antes de que fuesen á la escuela. El vulgo estaba familiarizado
con la lectura de los monumentos literarios, y á este
propósito refiere el mismo Marmier, que hallándose un día estudiando
en Reykiavik la Saga, de Nial, una de las más célebres
(1) Mr. Jules Leclercq en un trabajo histórico que sobre los islandeses y sus descubrimientos
geográficos publicó en 1882 la Société royale Bclge de Géographie, fija la
fecha de incorporación de Islandia á Noruega en 1264; pero Gravier, Geffroy y la generalidad
de los autores están conformes en referir el hecho á 1261.
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y conocidas, le sorprendió la hija de un pescador encargada de
la provisión de pescados y de aves marítimas, la cual al verle
exclamó: «Ah, yo conozco ese libro que he leído muchas veces
cuando era niña» señalando en seguida los más bellos pasajes
de la obra. Con razón añade dicho autor: «¿Sería posible encontrar
una artesana de París que conociese, por ejemplo, la crónica
de Saint Denis?» Esto comprueba el diligente esmero con
que las tradiciones de los islandeses fueron conservadas, transmitiéndose,
bajo la forma oral, como acontece en la mayor
parte de los pueblos, hasta que más tarde, difundidas las doctrinas
cristianas por la isla, se extendió con ellas el uso de la
escritura y el empleo de los caracteres romanos, tomando desde
aquel instante la literatura su más poderoso vuelo. Los antiguos
poetas y cantores, Sea ¿das, recitaban las Sagas en las reuniones
públicas y en el seno de las familias; nobles y guerreros, con
usos y costumbres semejantes alas de los trovadores de Provenza,
abandonaban su hogar en busca de maravillosas hazañas
que, observadas en uno y otro país, referían después como testigos
de cuanto en sus peregrinaciones y viajes pudieron aprender
y contemplar.
Tan remota y notable literatura, que en un principio fue esencialmente
poética, como lo revelan sus viejos Eddas, no tardó
en modificarse, adoptando el lenguaje sencillo de la prosa, del
que se valieron afamados escritores para consignar y transmitir
hechos de su tiempo, que con minuciosa fidelidad han llegado
la mayor parte de ellos hasta nosotros. Los monumentos históricos
de la civilización islandesa son por demás interesantes.
Tres de las más celebradas obras exigen mérito singular (i).
Llamábase la primera Libro de la ocupación, por referir las empresas
colonizadoras de la isla, y habiendo comenzado á escribirla
Aré Frodhé á fines del siglo xi, la prosiguieron después
hasta el xrv diferentes autores: en ella se encuentran los nombres
de 3.000 personas y 1.400 localidades (2). La segunda
forma una especie de proemio al Libro de la.ocupación y puede
(1) LOS nombres especiales de estos monumentos, según el orden con que los referimos,
son los siguientes: el Landnamabok, el Islendingalok y el Heimshringla.
(.2) La Sociedad de Anticuarios del Norte, en Copenhague, ha publicado del Lilro
de la ocupación dos traducciones, una en danés y otra en latín. .-•••'. '
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estimarse como resumen de otra perdida obra histórica mucho
más considerable. En cuanto á la tercera, que lleva el nombre
de Orbe del mundo, se asegura que fue escrita en el siglo xni por
Snorre-Sturleson, el Cicerón de la Islandia, y reúne, además de
los anales de ese país, los de otros pueblos entonces contemporáneos.
Dichas relaciones históricas, ó primitivas Sagas, debieron
escribirse en el siglo xu, según la generalidad de los críticos,
aun cuando otros fijan su redacción en tiempos posteriores (i),
mas lo cierto es que fueron insertasen el Códice Flateyense (2)
que Sveinson, Obispo de Skalholt, á mediados del siglo xvn, facilitó
á Federico III, rey de Dinamarca, quien apercibido de las
incorrecciones de dicho monumento, encargó al célebre islandés
Thormod Torfesen (Torfasus) que interpretara los pasajes
obscuros y difíciles, verificado lo cual, lograron las obras de
dicho escritor justa y merecida fama, llegando á reputársele
como primera y competente autoridad histórica en la materia.
El interés por ese linaje de cuestiones aumentó mucho más en
nuestro siglo, y como prueba de ello, debe recordarse el hecho
de que, al publicar en 1837 el ilustre profesor Carlos Rafn su
memorable libro de Antigüedades americanas, tuvo el privilegio
de verle, casi inmediatamente, traducido á todas las lenguas
europeas, incluso la nuestra (3). Por otra parte, la Sociedad de
Anticuarios del Norte encargó á una comisión particular el estudio
de los documentos escandinavos, concernientes á la Amé-
(1) El escritor norteamericano Eben Norton Horsford, en su obra Discovery of
America by Northmen, «Descubrimiento de América por los normandos.—Memoria
escrita con motivo de la inauguración de la estatua de Leif-Eriksen en Boston», sostiene
en uno de los apéndices de tan interesante libro que las Sagas fueron redactadas
entre 1387 y 1395; pero estas fechas parecen más bien corresponder ala época en que
tan antiguos documentos se transcribieron al Códice de que inmediatamente se
habla.
(3) Asi llamado de la isla de Flateya, situada en uno de los fiords de Islandia, y
donde se conservó mucho tiempo hasta que el citado Obispo lo remitió al Rey de
Din imarca. Tan preciada joya histórica es además un modelo curiosísimo de caligrafía
escandinava, que hoy se conserva en la Biblioteca de Copenhague. Á la redacción
de ese manuscrito corresponden las fechas antedichas de 13S7 y 1395, y de él inserta
Horsford en su obra un esmerado facsímile.
(3) El libro se intitula Antiquitates americanos sive scriptores septentrionales rerum
ant;columbianarum in America, y de él existen, que sepamos, dos traducciones hechas
en lengua castellana, la de D. José Vargas, 1839, y la de D. José Pidal (Madrid,
1840).
rica, y favoreciendo asi el portentoso renacimiento histórico
nacional que se efectuaba, no maravilla en verdad, que, conocidas
é impresas ya las Sagas sé multiplicaran con prodigio sus
análisis y comentarios, y apareciesen desde entonces muchas é
importantes obras sobre los viajes de los normandos (i). Ellas
nos servirán ahora de guía para referir y avalorar las exploraciones
y descubrimientos que tan intrépidos marinos realizaron
en diferentes parajes del Atlántico,
IV,
Pocos años habían transcurrido desde que los Noruegos fun-
(i) Tarea algo difícil, aunque por extremo útil para el esclarecimiento de los temas
precolombinos, sería la de puntualizar todos los trabajos que respecto al particular
han visto la luz pública en nuestro siglo; pero al menos procede que, como ilustración
bibliográfica, citemos algunos de los más principales.
En Escandinavia además de los libros de Rafn y de las Memorias redactadas por la
Sociedad de Anticuarios del Norte, figuran las obras también notables de Finn Magnussen
y Munch.
Á Francia se debe, entre otros escritos, los del infatigable Mr. Beauvois , Decouvertes
des Scandinaves en Amérique du X* au XIII* siécle, 1859, variedad de Memorias
presentadas á los congresos de americanistas en Nancy, 1875; Bruselas, 1879; Madrid,
1881; Copenhague, 1883, y profusión de artículos insertos en anales y revistas:
los trabajos de Mr, Gravier, Decouverte de V Amérique par les Normanas au X' siécle,
1874.—Les Normanas sur la route des Indes.—Academie de Rouen, 1880, y finalmente,
los estudios de Mr. Gaffarel, L'tle des Septs cites etVile Antilia.—Congreso de Americanistas
de Madrid, 1881.—Les Mandáis en Amérique avant Colomó, París, 1890, y la
recientísima é interesante obra ya citada, Histoire de la decouverte de V Amérique, depuis
les origines jusq'á la mort dé Cristophe Colomb, París, 1892,
Requieren también mención especial los norteamericanos Eben Norton Horsford,
citado anteriormente, B. F. de Costa y Marie Brown, autores respectivamente: el primero,
de Discovery of America by Northmen, Boston, 1888, y The problem ofthe Northmen,
Cambridge, 1889; el segundo, de Decouverte de I'Amérique avant C. Colomb par
les hommes du Nord, Londres, 1869, y el tercero, de The Icelandic Discoverers of America,
1888. , *
Sabios daneses como Brynjulfson Loffler y M. J. Steenstrup, presentaron respectivamente
al Congreso de Americanistas de Copenhague (1883), entre otros trabajos,
los siguientes: Jusq' ou les anciens Scandinaves ont-ils penetré vers lepóle arctique dans
leurs expeditioñsa lamerglaciale, The Vineland-excursions of the ancient Scandinavians y
The oíd Scandinavian ruins in the district of jfutidnehaab South Greenland.
Sabido es, además, que el eminente Humboldt en su tomo 11 del célebre Cosmos y
en su Histoire de la Géographie du nouveau continente examinó ya los viajes de normandos
é irlandeses en el Atlántico, asi como también de los primeros hace sucinto mérito
Vivien de Saint Martin en su afamada Histoire de la Géographie.
De nuestra patria podríamos citar, como escritores que han tratado de la materia, á
D. Pedro Novo y Colson en su Historia de las exploraciones árticas, Ji. Ricardo Beltrán
y Rózpide, Viajes y descubrimientos efectuados en la Edad Media, y algunos más.
— 30 —
dardn sus primeros establecimientos eii Islandia, cuando en el
mismo siglo ix, un tal Gunnbiorn divisaba, corriendo el ano 877,
las blancas cimas que coronan la rivera oriental de la Groenlan-.
dia (1), separándose pronto de aquellos sitios, que en largo
tiempo nadie intentó visitar, como resultado tal vez de las fantásticas
exageraciones á los mismos aplicadas. Decíase, entre
otras cosas, que un valeroso noruego, acompañado de una cabra,
había recorrido grandes.bancos de nieve, logrando contemplar
después enormes encinas con bellotas como hombres, tremendos
gigantes y espantosas rocas de hielo que destrozaban las
naves, única particularidad cierta esta última en medio de tantos
otros absurdos, que debieron influir no poco para contener á
los hombres del Norte, durante algunos años, en su inmoderado
afán de nuevas y lejanas expediciones. Más tarde, Erik Rauda,
Etico el Rojo, desterrado de Islandia en 983 por homicidio, sin
fiarse mucho de tan hiperbólicas referencias, se lanzaba en la
dirección de las tierras vistas por Gunnbiorn, consiguiendo
percibir la costa oriental de Groenlandia en el grado 64 de latitud
septentrional, donde no se detuvo; proseguía luego su
viaje por el Sur, doblaba el cabo que hoy llamamos Farewell (2),
y últimamente vino á fijar su residencia sobre la costa occidental
en el fiord de Igalikko, que denominó Eriksfiord, con la esperanza
sin duda de perpetuar el recuerdo de su persona. Allí
principió entonces la construcción de un vasto edificio, adosado
á una roca, al que puso el nombre de Brattahlida, lugar de los
más célebres entre los que islandeses ó normandos formaron
en tan apartada extremidad septentrional (3). La región presen-
(1) Torfoeus, Gronlandia antiqua. •
(2) Los antiguos islandeses le llamaron Hvarf, palabra que: significa la punta donde
se vuelve; y, efectivamente, al llegar allí los barcos cambiando su ruta, se dirigían
al NO. y continuaban hacia el N. á lo largo de la costa occidental (Brynjulfson, Congreso
de americanistas de Copenhague, 1883).
(3) La estancia de Brattahlida fue sucesivamente habitada por Erico, su hijo y su
nieto: además, mientras duró la colonia en Groenlandia, servía de residencia al logmen
ó supremo magistrado. También dicha morada fue teatro de algunos más hechos notables.
(Memoria de la Sociedad Real de anticuarios del Norte, 1845-1849.)
Mr. Jorgensen, según Gravier, sostenía haber encontrado las ruinas de dicho edificio,
y por sus proporciones comparábalo á una ciudad entera, asegurando representar
un trabajo iamenso; pero la»verdad es que semejante punto de arqueología permanece
aun sometido á las diferentes, interpretaciones de la, moderna crítica. Desde
taba aspecto más favorable que las costas de Levante, y, á pesar
del fatídico nombre de Tierra de desolación con que Davis
la bautizó en 1585, sus valles debían producir suficiente hierba
para alimentar numerosos ganados, ó al menos así puede inferirse
del examen de varias ruinas descubiertas á lo largo del
fiord. Provistas las montañas de abundante musgo por el lado
del Norte, ofrecían en la vertiente meridional pequeños bosques
de hayas, sauces y abedules, con algunas legumbres y pastos,
útiles para sostener gran número de reses vacunas, y por
que en el primer tercio del siglo pasado se trasladó á Groenlandia el sacerdote noruego
Hans Egede, con el fin de evangelizar á los que suponía descendientes de
Erico, lo cual negó con posterioridad por el estado salvaje en que se hallaban, según
•él, los pobladores de dicha región, se han practicado muchas investigaciones para
determinar la verdadera posición de Brattahlida; pues aunque la generalidad de los
autores la fijan en el lado occidental de Groenlandia, otros hay que pretenden todavía
"buscarla en la parte de Levante, donde se dice que existieron establecimientos noruegos
é islandeses. Mr. Steenstrup, ya citado, en la erudita Memoria que leyó ante el
Congreso de americanistas de 1883 en Copenhague, sobre las antiguas ruinas escandinavas
en el distrito de Julianehaab, consígnala importancia del examen cuidadoso, que
de los restos arquitectónicos verificó en 1880 y 1881 el teniente Holm, á quien
se debe la descripción interesante de dichas ruinas, cuyo valor aumenta al contemplar
las esmeradas reproducciones hechas por el arquitecto Groth. De tales pesquisas resulta
que la construcción de la iglesia de Julianehaab es de piedra escogida y algo
cuadrada, pero no muy regular, cimentada con argamasa y arena, y se considera como
la única ruina de tal género hasta hoy descubierta. Los demás vestigios pertenecen á
mansiones que se hicieron, apilando rocas de gran tamaño. Las casas estaban formadas
con habitaciones rectangulares, y su arquitectura es parecida á la de los edificios
de la antigua Islandia. Entre todas las ruinas halladas, las más importantes y características
son de antiguas casas de ganado, que consistían en departamentos también
rectangulares, separados por grandes alineaciones de piedra á imitación de las de Islandia,
de todo lo cual infiere Steenstrup que los viajes desde esa isla á Groenlandia
se realizaban generalmente navegando en dirección Sur, y al llegar al cabo Farewell
es verosímil que las embarcaciones remontasen la costa occidental de Groenlandia;
asi opina que el actual distrito de Julianehaab corresponde á los establecimientos de
los escandinavos en la parte de Poniente. Los dibujos de antiguas construcciones que
se suponen normandas, y el mapa que de parte de dicha costa presentó el indicado
autor al Congreso de americanistas ya dicho, insertos unos y otro en el tomo correspondiente
de actas, bien merecen ser examinados. .„..._.
En cuanto á las fundaciones de la costa oriental, ya Nordenskiold sostuvo que no
se habían, descubierto, por más que pudieran estar en la inexplorada región que se
extiende entre los 65 y 69o de latitud N. Steenstrup pensaba que de las investigaciones
relativas á la costa oriental de Groenlandia era imposible deducir aún resultados
satisfactorios, como no fuese para evidenciar, al cabo de algún tiempo, que los llamados
establecimientos del Este deben buscarse en otro lado. Recientemente, sin embargo,
ha surgido de nuevo la cuestión que algunos sabios resuelven en sentido afirmativo.
— 32 —
tanto se explica bien que Erico, al volver á Islandia, estimulase
á sus compatriotas para que le siguieran, ponderándoles el país
por él visitado al que llamaba Tierra verde, que tal significa el
nombre de Groenlandia, que aun conserva, por más que sus actuales
condiciones físico-geográficas parezcan no revelarlo (i).
En el mismo año que Erico regresaba á su mansión de Brattahlida,
treinta y cinco navios islandeses partían hacia Groenlandia,,
muchos se pierden en las tempestuosas borrascas del Océano,
catorce, sin embargo, logran llegar á su destino, y de este modo
principia á formarse una colonia, que su fundador organizó, dotándola
de instituciones republicanas como las de su patria.
Progresivamente, á medida que las circunstancias del clima lo
permitieron, se multiplicó allí el número de habitantes, y dos
siglos más tarde, según afirman varios eruditos, podían contarse
hasta 8.400 (2), y en opinión de otros llegaban á io.ooor
distribuidos en 280 establecimientos.
Antes de ello se habían realizado ya nuevas peregrinaciones
y descubrimientos, gracias á la intrepidez de Biarne, hijo de
Heriulf, joven de grandes esperanzas, por la resolución con que
falto de medios, afrontaba los mayores peligros de temerarias
empresas marítimas. Cuentan las Sagas del Códice Flateyense
que el arriesgado mancebo salió de Noruega en 986 para unirse
á su padre que moraba en Islandia, y cuando supo que éste con
Erico habían partido para ignota región Occidental, sin descargar
la nave, emprendió nuevamente la marcha diciendo á sus
compañeros que el viaje era insensato, porque ninguno había
visto el Océano Groenlandés. En aquellas aguas, donde los
grandes témpanos de hielo cierran frecuentemente el paso á
las sólidas embarcaciones de nuestros días, provistas de instrumentos
de admirable precisión náutica, con las imperfectas
noticias que el piloto tenía del país desconocido, sin más guía
' (1) Efectivamente, el sitio de Igaliko ó fiord de las casas abandonadas, que mide'
una extensión de 3 á 8 kilómetros, es paraje que hoy presenta carácter muy particular.
Los fiords de Groenlandia, al revés de los de Noruega, están invadidos por grandes
glaciales ó neveras, cuyo avance continuo ha cambiado completamente el aspecto
de dichos lugares, á los que Erico dio el nombre de Tierra verde, y en la actualidad
mejor merecen el de Tierra de desolación, que le puso el marino Davis. Isaac Hayes
en la Tour du monde, y Gravier, Decotiverte de íAmériquepar les Normands.
(2) Brynjulfson, Congreso de Americanistas de 1883.
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que la luz de las estrellas, el buque de Biarne, bogando con
fortuna en las tres primeras jornadas, hallóse de súbito envuelto
por espesa niebla é impulsado á la vez por fuerte viento
del N., que durante algunos días y noches le hicieron zozobrar.
Al reaparecer el sol, pudo el viajero distinguir en el horizonte
la visible señal de una comarca, y¿ próximo á ella, reparando
que estaba cubierta de pequeñas colinas y bastantes
selvas, exclamó: «verdaderamente no está aquí lo que buscamos;
pues aseguran que las montañas de Groenlandia son
altas y muy cubiertas de nieve.» Después de otro día y noche
de navegación divisaron cierto territorio llano, poblado de
árboles, en el que los marinos solicitaban renovar sus provisiones;
pero, replicándoles el capitán «no lo pasaremos bien aquí'»,
vuelven á internarse en alta mar. Pasados tres días más los
navegantes, merced á vientos del SO., percibieron una isla,
cubierta de nieve y grandes masas de hielo, que les pareció
estéril, y al cabo de poco tiempo (i), favorecidos por aires bonancibles,
reconocen el aspecto de no lejano país, que sobre
cielo sombrío destacaba las blanqueadas cumbres de sus altas
montañas. Tenían ya la dicha de hallarse á la vista de Groenlandia.
Bien recibido el audaz peregrino por su padre y por
Erico no intentó sacar partido de sus descubrimientos, que
con abundancia de pormenores refería á los numerosos huéspedes
que le visitaban, atraídos por la fama de tan maravillosa
expedición. A poco tiempo regresó Biarne á Noruega, y un
personaje de la Corte censuraba con dureza que no hubiese
examinado mejor aquellos países que los azares de la navegación
le permitieron contemplar.
Efectivamente; por el probable derrotero del viaje, por la
posición y caracteres de las tierras indicadas, parece verosímil
que Biarne y sus compañeros se acercaron á las playas americanas.
No faltan escritores modernos que, discurriendo sobre el
(i) La generalidad de los historiadores, entre ellos Leclarcq, Gaffarel y algunos más,
fijan cuatro dias para esta última parte del viaje marítimo de Biarne. Mr. Beauvois en
su traducción de las Sagas islandesas había dicho tres dias. Mr. Gravier asigna únicamente
dos, guiado por la siguiente versión de Rafn: navigasscnt quartam terram conspexerunt.»
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particular, señalan equivalencias geográficas más ó menos aceptables
(i); pero los datos que el marino reveló acerca de los
días de navegación, de las sucesivas direcciones del buque y
otros accidentes de importancia son tan vagos é incompletos,
que no autorizan en modo alguno para sostener opiniones fijas
y seguras en la cuestión.
La obra comenzada debían, sin embargo, completarla los descendientes
de Erico. Hijo de éste era Leif, á quien los historiadores
antiguos representan como hombre de elevada estatura,
robusto, bello, de gallarda presencia, prudente y moderado (2),
amante de largas expediciones, ganoso en fin de imaginada gloria,
que inmortalizase su nombre. Vivía en la corte del rey Olaf
de Noruega, cuando éste, recien convertido al cristianismo, se
esforzaba en difundir la ejemplar doctrina por todo aquel territorio
y los países inmediatos, algunos de los cuales, como Islandia,
teatro fueron de violentas persecuciones y martirios. Creyó
el monarca reconocer en Leif los característicos rasgos de persona
instruida y animosa, cuya benevolencia fácilmente obtuvo,
consiguiendo también que éste y sus partidarios adoptasen la
nueva religión, verificado lo cual, el rey le comisionaba para
evangelizar á los habitantes de Groenlandia y en primer término
á Erico y su familia. Aferrado éste al paganismo y á las
antiguas prácticas odínicas, resistió cuanto pudo las cariñosas
exhortaciones de su hijo, para quien no fue difícil atraerse, en
cambio, la voluntad de su madre y de sus hermanos, que pronto
recibieron las aguas del bautismo, y por la piedad de tan distinguida
señora se construyó allí la primera iglesia cristiana á
donde ella acudía frecuentemente para el rezo de sus oraciones,
(1) Geffroy, declarando que Biarne y los suyos llegaron á las costas de América, no
vacila en sostener que descubrieron el río San Lorenzo. Gravier, basado en los testimonios
de Kohl y de Rafh equipara las cuatro estaciones recorridas por el marino á
las comarcas de Nueva Inglaterra, Nueva Escocia, Terranova y golfo de Maine.
Leclercq creía que los territorios vistos eran los de Nantuket, Nueva Escocia y Terranova;
mas, por lo mismo, no es posible hacer afirmaciones categóricas; pues el continente
que los Normandos encontraron marchando hacia el Oeste, quizás seria parte
de las costas del Labrador ó bien de los modernos Estados Unidos, y en cuanto á la
isla, podría corresponder, en opinión de Gaffarel, á Terranova, ó á cualquiera de las
situadas en los estrechos de Davis y de Hudson.
(2) Snorre Sturleson. Heimskringla.
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•extremando, no obstante, su celo de neófita hasta el punto de
cortar, según algunos historiadores, toda relación y trato con
su marido (i).
V.
Pero si, merced á la entusiasta propaganda de Leif y de los
religiosos que le acompañaron á Groenlandia, alcanzó el primero
•entre los Normandos singular prestigio, no era menor la fama
con que debiera coronarle el destino por su calidad de intrépido
navegante y descubridor del continente americano. Cuando la
mayor parte de los pueblos europeos sentíanse heridos de cruel
espanto á la llegada del temeroso año mil de nuestra era, en el
que, según aciagos vaticinios, debía sobrevenir el juicio divino
y la muerte de todos los hombres, creencia con la cual se agotaban
los gérmenes de actividad y de vida en las naciones de
nuestro continente, un viajero y marino tan esforzado como
Leif, acomete desde las regiones más septentrionales la empresa
de buscar en las soledades del Atlántico los países que
su predecesor dejara sin explorar. Habiendo comprado á éste
su barco y seguido de 35 hombres, sin otra guía tampoco que
las estrellas y las noticias de Biarne, que le,acompañaba, confió
su fortuna á los caprichos del Océano, para verificar, como ha
dicho Khol, verdadero viaje de descubrimiento, no ya insegura
peregrinación marítima de un hijo en busca de su padre. Primeramente
los expedicionarios encontraron la región llana,
pedregosa, desolada, cubierta en muchos parajes por montañas
de nieve, que Leif no quiso abandonar sin ponerle antes nombre,
como lo hizo, aplicándole el de Helluland (2), á consecuencia
de la esterilidad allí observada. Después distinguieron otro
(1) Rafe y Beauvois, este último en sus «Origines et ondation du plus anden eveché
du Nouveau Monde».,
Respecto á la más ó menos inmediata conversión de Erico tampoco están conformes
los AA.; pues mientras la generalidad habla de la resistencia que á ello opuso, y
no falta quien, apoyándose en el libro Partícula de Groenlandis, sostiene que Erico
murió antes de introducirse el cristianismo en su nueva patria, hay otros escritores
que, fundados en la Saga de Olaf Trygvasson, afirman que dicho personaje recibió el
bautismo al propio tiempo que toda su colonia.
(2) Este nombre significa propiamente Tierra pedregosa.