Blog de Escritor: Mario Escobar Golderos

viernes, 12 de octubre de 2007

$>La Mesta II: el grupo económico más poderoso de la Edad Media

Capítulo 9. Impuestos sobre el ganado lanar en Castilla durante la Edad Media.
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Las primeras obligaciones fiscales de los ganados fueron los portazgos. Los privilegios a los ganaderos en Castilla estaban basados en la fidelidad de estos en las interminables guerras civiles del reino.
En los primeros años de la Reconquista se limitaron estas concesiones. Los dos impuestos más comunes en la época medieval en Castilla fueron el Portazgo y el Montazgo.
El montazgo fue en su origen una multa por las intrusiones en dehesas o acotados. Pero las multas poco a poco se convirtieron en cargas por el acceso a los montes u otras tierras comunales.
El portazgo es tan remoto como el montazgo, fue el tributo derivado de la posesión de ciertas propiedades reales. Este impuesto se ponía a todos los animales que usaran ese medio de comunicación. Desde el siglo IX se recaudaba este impuesto en las puertas de las ciudades, por los señores de los castillos o los monasterios.
La alcabala, otra renta de la Corona, reemplazó a los portazgos reales. Aunque estos dos impuestos eran reales, en la práctica eran los señores eclesiales y seculares los que los cobraban.
El portazgo y el montazgo se convirtieron de hecho en arbitrios locales. A partir del siglo XIII se intenta frenar desde la corona las rentas excesivas.
En el famoso códice Las tierras de Santiago de Compostela, de 1253, se prescriben ciertas reglas para el cobro del montazgo. En este códice se limita el cobro al paso una sola vez.
Alfonso X el Sabio en su códice de Las Partidas, expuso las reglas para regular la concesión de privilegios y exenciones a los ganaderos. Las Partidas no se pusieron en práctica hasta un siglo después de completarse.
Es evidente que cuando se forma la Mesta se uniformaron los arbitrios, por lo menos formalmente. En muchos casos los reyes afirmaban la exención y el derecho a cobrar impuestos a la vez, para contentar a las dos partes.





















Capítulo 10. Los arbitrios locales en la época de desarrollo de la Mesta (1273-1474).

La primera carta de privilegio de la Mesta fue otorgada por Alfonso X en 1273. En la cuarta sección se hace una larga descripción de los abusos de los cobradores a los arbitrios locales con los ganaderos.
En al carta se daba mucha importancia a la regulación y las restricciones en el cobro del mayorazgo.
El desarrollo de la Mesta daba a las ciudades una inquietud justificada a causa de los montazgos, de aquí en adelante los litigios y los privilegios estarían relacionados con el establecimiento de los derechos locales y en imponer montazgos en oposición a los privilegios de la Mesta.
Con la protección real la Mesta no tardó en hacer una campaña para contener las exacciones locales impuestas a sus miembros. Alfonso X ya había rescatado una parte de los portazgos a favor de la corona.
Durante el periodo de inestabilidad política las ciudades se aprovecharon y pidieron arbitrios sobre el ganado lanar, a cambio de apoyo contra los enemigos de la corona.
En las Cortes de Zamora en 1301 la cuestión de los diezmos injustos y de los montazgos fue discutida entre los diputados que representaban a los ganaderos.
El descontrol del poder central favoreció el poder local, por ello en las diferentes cortes se hicieron varias peticiones a favor de la Mesta
En el reinado de Alfonso XI se restringieron muchos privilegios de las ciudades y el reconocimiento de los arbitrios. Se crearon entregadores reales para proteger a la Mesta.
En el decreto de 1328 fueron nombrados dos entregadores de los pastores, que actuasen en nombre del rey.
En 1335 el rey Alfonso XI mandó un decreto en el que se prohibía gravar a los rebaños trashumantes.
En la Junta en Madrid en 1339, la Mesta, por medio de sus representantes, los diputados de Soria y Segovia, pidió que los montazgos fueran suspendidos. En estas cortes se consiguió que sólo se admitieran los montazgos puestos en el viaje hacia el sur.
Se prohibió cualquier impuesto al ganado lanar que no fuera cobrado por la corona (1347).
En el Decreto de 1347 también se prohibió que se retuviera a los pastores por no pagar tributos locales. El ordenamiento de 1348 dio efectividad a las partidas y confirmó el privilegio de 1273.
Los años de guerras civiles animaron a las ciudades a volver a cobrar impuestos. La llegada al trono de Enrique II devolvió poder a la Mesta y confirmó los privilegios de la Mesta.
La poderosa administración de Enrique III y Don Fernando apoyaron a la Mesta confirmando las pretensiones de esta. La corona bajo Enrique el Impotente a duras penas logró mantener los privilegios de la Mesta. Tras la caída de este rey la Mesta debió defenderse por sí misma y accedió a pagar un peaje al pasar por ciertas tierras y puentes o por el acceso a fuentes y arroyos.






Capítulo 11. Arbitrios locales durante el reinado de los Reyes Católicos.

Los Reyes Católicos se fijaron primero en los arbitrios locales, ya que tenía que reorganizar toda la fiscalidad. Querían mejorar la situación fiscal de la Mesta.
Se aseguraron plenos poderes a los entregadores. Se centralizan los asuntos de la Mesta y el entregador mayor pasa a ser miembro del Consejo Real.
Las primeras tareas son la reforma de las relaciones fiscales con los terratenientes, las ciudades , el clero, la nobleza y los campesinos.
En este periodo se protegió a los ganaderos de una forma decidida.
Podría parecer que los Reyes Católicos sólo renovaban la labor de Alfonso XI. Los cambios más significativos se centraban en que la administración de los arbitrios locales estarían en manos de la vigilancia real.
En las Cortes de 1476 en Madrigal comenzó la reforma de los tributos, pero fue en las famosas Cortes de Toledo de 1480, cuando se tomaron las primeras medidas fiscales eficaces.
Se dieron las ordenes de que en noventa días después de la proclamación de las leyes de estas Cortes, todos los privilegios concedidos desde 1464 se presentasen ante el Consejo Real para ser examinados, los no presentados serían anulados. Para vigilar esto se mandó que todos los jueces locales tenían que dar cuentas cada año de todos los impuestos recogidos en la localidad.
Al principio los informes locales parecían contentar a los ganaderos, pero luego empezaron a quejarse, ya que muchos jueces también recaudaban los peajes. Para controlar esto se usó a la Santa Hermandad.
En 1468 hubo una campaña de vigilancia del Consejo Real.
Los jueces comisionados eran de alta clase y tenían el encargo de investigar los peajes locales. En 1500 se decidió nombrar al miembro más antiguo del Consejo Real presidente de la Mesta, lo que unió aún más a ambas instituciones.
En el mes de agosto de 1478, aprovechando el viaje de los reyes a Córdoba se pidió a todas las villas del Sur que presentaran en detalle todos los impuestos de peaje cobrados.
Cuando la corte fue a Zaragoza se hizo igual con ciudades de Aragón.
Las chancillerías recién creadas tenían las ordenes de amenazar a las ciudades que cobraran impuestos a los ganaderos con grandes multas, al igual que a las ordenes militares, a eclesiásticos y nobles.
En 1516 a la muerte de Don Fernando unas trescientas ciudades, pueblos, entidades religiosas y nobles pedían impuestos de peaje.
Los Reyes Católicos publicaron una lista públicas de montazgo que especificaba en que ciudades se podían cobrar impuestos.
En cuanto al portazgo los reyes también confirmaron la exención de los pastores trashumantes, de esta manera, con la bajada de los impuestos locales querían fomentar un mercado a nivel nacional.











Capítulo 12. Los arbitrios locales bajo los Habsburgo y los primeros Borbones (1516-1836).

La política centralizadora de los Reyes Católicos fue continuada por Carlos I. El Rey de Castilla tenía ahora una vigilancia eficaz sobre los ganaderos a través del presidente.
Los reyes fomentaron las restricciones de rentas locales. En 1517 se informó a los alcaldes que su cometido consistía en asistir y acomodar a los pastores. Estaban además obligados a aplicar los decretos reales.
Los Habsburgo usaron las chancillerías, la inquisición y el corregidor para controlar y aplastar las funciones fiscales locales.
Esta centralización no creaba nada nuevo pero hacía más eficaces los instrumentos creados por los Reyes Católicos.
Los inquisidores al igual que las chancillerías tenían la misión de atajar la fiscalidad de los nobles.
Los pesquisidores dejaron de ser útiles para la Mesta antes del reinado de Felipe II, pero la última vez que actuaron a su favor fue en 1597.
A finales del reinado de Felipe II las peticiones de los entregadores fueron cada vez más desoídas.
Los diezmos recaudados a los trashumantes por las órdenes militares por recompensas por los servicios hechos a la fe, igual que los diezmos eclesiales gravaban a los ganaderos, por ello el mayor control a estos dos estamentos por el rey favoreció a la Mesta, pero en la segunda mitad del siglo XVI las cosas volvieron a sus estado anterior.
Al finalizar el siglo la Mesta se vio obligada a pagar la totalidad del diezmo. A lo largo del XVII el poder de la Mesta se fue debilitando.
Diez o veinte años después de la muerte de Felipe II los entregadores habían perdido totalmente su prestigio.
La Mesta recibió algún apoyo inesperado por las chancillerías pero en la mayoría de los casos estas fallaron a favor de nobles y eclesiásticos.
Bajo el reinado de Felipe III se hicieron varias pragmáticas para fortalecer el poder de la Mesta. La más famosa fue la de 1633, pero su ambigua redacción no sirvió para nada.
En el siglo XVIII la Mesta realizó algún esfuerzo pero fue inútil. La Mesta fue tan desafortunada bajo los Borbones como había sido bajo los Habsburgo.
Los montazgos se cambiaron de nombre, travesíos y pasajes, pero se siguieron cabrando.
En 1828, ocho años antes de la abolición de la Mesta, una investigación extraoficial demostraba que había doscientas tasas locales impuestas cada año a los pastores.













Capítulo 13. Las rentas reales sobre el ganado lanar durante la Edad Media.

No hay indicios en la Corona de Castilla sobre el pago de rentas directas a la real Hacienda, antes de la reorganización de la Mesta en 1273.
El almojarifazgo, impuesto sobre la exportación exigido por los reyes moros fue también apoyado por los cristianos.
Otro impuesto primitivo era el diezmo del puerto seco y el diezmo del mar. Eran tributos de exportación e importación.
Los primeros impuestos directos hacia la Mesta fueron los de Alfonso X. Este impuesto se llamaría servicio.
En 1343 se transformó el nombre en servicios y montazgo.
Los Reyes Católicos recuperaron la alcabala para pagar sus últimas guerras de reconquista.
Los impuestos de peaje en los siglos XIV y XV eran cobrados por las ciudades, nobles y eclesiásticos cuando la monarquía era débil, para luego recuperarlos cuando recobraba fuerza.
En el Quaderno de 1457 se confirmaron las tarifas y reglas establecidas en 1416 y 1442. Se especificó la renta que se aplicaba a los animales que iban a mercado y los que marchaban a extremos. Designando los puertos reales donde se debía pagar.
Las cosas fueron degenerando hasta el reinado de los Reyes Católicos.





Capítulo 14. Impuestos reales de la monarquía absoluta.

La primera renta que desapareció fue la de servicio y mayorazgo, pero años más tarde en 1477 volvía a ser el impuesto de la Corona.
Se pidieron informes sobre los rebaños de la Mesta. En las Cortes de Toledo de 1480 se presentó todo un programa de reformas.
Hubo un mayor control de las rentas e informes anuales.
Las necesidades de dinero de los Habsburgo gravó sobre sus súbditos, especialmente los castellanos.
Se crearon nuevos puntos de recaudación en Aragón y Navarra. Esto perjudicó mucho a la Mesta. Las chancillerías y la Contaduría Mayor no apoyaron a la Mesta. Funcionario flamencos de Carlos I se metieron en las cuentas de la Mesta y otras instituciones ganaderas. Se traspasaron rentas reales sobre ovejas a los Fugger.
En 1587 la Mesta empezó a colocar sus fondos en bienes inmuebles comprando y vendiendo casas con ganancias considerables. La caza delirante de ingresos de los últimos Habsburgo arruinó más a la Mesta.
En el siglo XVII se emplearon cantidades inmensas para comprar voluntades pero no dio mucho resultado.
Aunque las cuentas de la Mesta seguían siendo positivas durante todo el siglo XVII gracias a los juros reales y otras tasas, no tardaron en presentar los indicios de una ruina próxima.
Los Borbones intentaron centralizar la administración, confiscaron los juros y créditos públicos lo que supuso una pérdida importante para la Mesta.
Los Borbones intentaron asegurar las rentas reales sobre la Mesta con las órdenes dictadas en 1741 por el Consejo Real.
Carlos III decidió acabar con la Mesta. Bajo el reinado de Fernándo VII hubo un breve respiro. La Mesta recuperó algunos de sus privilegios. En 1836 se abolió la organización.
























Parte IV. El pastoreo.
Capítulo 15. Los más antiguos problemas del pastoreo.

La escasez de población de la Península en el primer periodo favoreció el pastoreo.
El Fuero Juzgo de los visigodos atendía las necesidades pastoriles de los trashumantes. Aunque no podían estar más de dos días en un territorio sin el consentimiento del propietario.
Al progresar la Reconquista los reyes cristianos dieron muchos privilegios que chocaron con los pastores trashumantes. Pero la Mesta recibió el apoyo de monarcas ambiciosos que querían recuperar el control sobre el territorio.
En los primeros siglos medievales convivieron pastores y campesinos, los conflictos eran solucionados por los entregadores. Pero la mayor fuerza de la Mesta y el poder de los entregadores enfrentó al mundo rural.
La llegada al poder de los Reyes Católicos consolidó el poder de la Mesta, aunque esta volvió a perder influencia a medida que avanzaba el siglo XVI. Los entregadores perdieron prestigio y el sistema se vino lentamente abajo. En el siglo XVII y XVIII la crisis se acentuó.









Capítulo 16. Privilegios de los pastizales.

Los Reyes Católicos tuvieron que arreglar la difícil situación de la economía tras las agitaciones políticas de los anteriores reinados. Los reyes se pusieron a favor de la ganadería trashumante. Detrás de esto estaba el interés de favorecer el mercado de la lana que producía importantes ingresos.
En 1489 se dio el Decreto que autorizaba a la rectificación de los lindes de las cañadas, con este documento los entregadores corrieron las cercas intrusadas en la cañada. Las Corte de Toledo de 1480 apoyaron la política de los reyes.
La política forestal y el descanso en barbecho pretendía favorecer a la ganadería trashumante. La ley de posesión fue la más dura para la agricultura, ya que permitía disfrutar del pasto de una tierra y el dueño no podía negarse.
El edicto de posesión fue escrito por Malaespina en 1501. Todas estas medidas dieron un gran poder a la Mesta. Carlos I siguió con esta política porque necesitaba una fuente de ingresos rápida que le proporcionaba la Mesta. En este periodo los deseos mercantiles de los reyes y la Mesta coincidieron por completo.










Capítulo 17. Decadencia de los privilegios mesteños sobre pastizales.

Felipe II continuó con la misma política. Las chancillerías empezaron a fallar a favor de los propietarios de tierras.
Las necesidades financieras de Felipe II hicieron que este concediera algunos privilegios a la Mesta. Pero los edictos del rey no fueron cumplidos.
En 1633 se señalaba el cenit de los privilegios de la Mesta sobre los pastizales, pero la realidad era otra y la Mesta iba perdiendo fuerza poco a poco.
Su decadencia continuó en el siglo XVIII

CONCLUSIÓN.

La historia de la Mesta es mucho más que la lucha entre ganaderos y agricultores. La institución tuvo importancia en la formación de la economía, la forma social y el aspecto físico de la Península.
Los anales de la Mesta representan algo más que una lista de las explotaciones de la industria pastoril, también sirvió para consolidar un poder centralizado. Pero fue esta unión entre corona y Mesta la que arrastró a la segunda en la caída de la primera.
La Mesta fue desde sus orígenes una institución nacional. Sus fueros y privilegios de la institución recordaban a los fueros de los gremios medievales.
La Mesta refleja mejor que ninguna otra organización las diferentes fases de organización española y nos permite entender mejor la realidad histórica de Castilla.