Blog de Escritor: Mario Escobar Golderos

martes, 02 de octubre de 2007

$>Estrategia Real y Guerra Justa

Estrategia real y Guerra Justa en Flandes
(1548-1599)

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Mario Escobar Golderos




Curso de Doctorado:
Ejército y Armada en la política de la monarquía Hispánica del Siglo XVI
Doctor Enrique Martínez Ruíz
Doctora Magdalena de Pazzis Pi Corrales



Índice:

Introducción.
1. La herencia de Carlos V y la estrategia anti francesa.
2. Visita e impresiones de Felipe II de sus futuras posesiones de los Países Bajos.
3. Origen del conflicto:
- Razones de Felipe II para someter a los rebeldes flamencos.
- Razones de los súbditos flamencos para rechazar a Felipe II.
4. La Guerra Justa frente al deseo de libertad.
5. La Guerra de Flandes vista por sus contemporáneos: Cifras, ejércitos, batallas y operaciones.
Conclusiones.






Introducción.

En este breve estudio pretendemos dilucidar las intenciones última de la política de Felipe II en los Países Bajos, las posibilidades que la enconada discordia fue proveyendo y el uso que se hizo de ellas. Para ello es fundamental plantearnos una serie de preguntas que nos ayuden a clarificar la hechos y su complejidad.
¿Por qué Carlos V legó las antiguas posesiones borgoñesas a su hijo? ¿Los estados borgoñeses no encajaban mejor en el entramado del Sacro Imperio Romano Germánico? ¿Felipe II tenía una estrategia con respecto a sus posesiones en Europa Occidental? ¿Predominaban los intereses comerciales de las provincias holandesas frente a los estratégicos? ¿Felipe II antepuso sus derechos patrimoniales a los supranacionales? ¿La religión tuvo un papel predominante en el desenlace y radicalización del conflicto? Y por último, ¿Cómo influyó la idea de Guerra Justa en la estrategia de Felipe II en sus posesiones más occidentales?
Antes de intentar responder, en la medida que las fuentes y las opiniones de los distintos historiadores nos lo permitan, deberíamos definir el término estrategia y Guerra Justa.
En primer término, Estrategia es, según el diccionario Espasa, el arte de dirigir las operaciones militares. Esta definición se queda corta en principio ya que relaciona estrategia exclusivamente con el arte de la guerra. Pero la definición continúa arte, traza para seguir un asunto. Previa planificación y organización de un asunto, podríamos decir. Para terminar con proceso regulable, el conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento.
¿Tenía Felipe II una regla, unos cánones para desarrollar su política exterior o se limitaba a reaccionar ante los problemas que iban surgiendo?
Miguel Ángel Echevarria comenta al respecto que ...Comúnmente se viene diciendo que Felipe II, y en general los Habsburgo, carecían de un programa de actuación en política exterior, que se limitaron a defender lo poseído, y que, por ello sólo nos es dadoa conocer las grandes líneas de su pensamiento estratégico a través de la práctica... .
Esto no quiere decir que Felipe II no viera las ventajas estratégicas de Flandes. Echevarría cita a Geoffrey Parker y dice que este ...ha conseguido obtener una inteligente percepción de los principios estratégicos de Felipe II en lo militar, que resume en una idea: los dominios del rey forman un edificio integrado y dependiente; y en ellos, la posesión de Flandes es esencial por tres grandes razones: anula a Francia, sirve de campo de batalla en lugar de España, y distrae a los enemigos de atacar posesiones vitales de la monarquía...
Pero la definición de Parker tan sólo habla de la estrategia a nivel militar. Baltasar Poreño, en su biografía de Felipe II titulada Dicho y hechos del rey don Felipe II (1628), habla del carácter unitario. El rey es como un tejedor que por medio de alianzas va formando su tela, cuando un hilo se rompe, inmediatamente se intenta soldarle.
La política de equilibrios que Felipe II persiguió, una política por otro lado característica de los Habsburgo, se vio truncada por otro elemento importante en la estrategia del rey la defensa de la religión católica.
La defensa de la religión católica nos entronca directamente con el otro concepto que queríamos definir antes de ahondar en el tema que nos ocupa. La Guerra Justa es ante todo, en la mente de Felipe II, la defensa de la fe y el derecho. Pero en todo esto profundizaremos a lo largo de la investigación. Este argumento lo vemos constante repetido en las cartas del rey como la dirigida a Requeséns, gobernador de los Países Bajos, el 12 de agosto de 1566:
“La professión que su Magestad ha hecho y opinión que ha ganado a costa de tantos tesoros y vidas de no consentir un tilde torcido en cosa de religión” .
Las fuentes principales que hemos usado para poder aprehender la estrategia real y su concepto de guerra justa han sido las epístolas entre Carlos V y Felipe II, la correspondencia de Felipe II con algunos de sus gobernadores y prelados y cuatro de los libros que trataron en la época posterior la Guerra de Flandes antes de la Tregua de los doce años.
Los dos libros base de esta investigación han sido:
- Coloma, Carlos, Las guerras de los Estados Baxos desde el año de MDLXXXVIII hasta el de MDXCIX, en Amberes : en casa de Pedro y Iuan Bellero, 1625.
- Cardenal Bentivollo Las guerras de Flandes : desde la muerte del emperador Carlos V hasta la conclusion de la Tregua de doze años, en Amberes : por Geronymo Verdussen, impressor y mercader de libros, 1687.

La profusión de libros sobre el tema nos hace pensar que el tema produjo interés a los coetáneos, los libros que hemos consultado fueron escritos en Español y para españoles, por lo que la información es parcial y limitada, aun así son una fuente importante de datos, y sobre todo, nos ayudan a saber cual era la opinión de los historiadores de la época.
La estrategia filipina es una herencia y una continuación de la ejercida por su padre, por ello pondremos especial atención en las instrucciones que le dejó este antes de morir.
Flandes chocó de frente con las pretensiones y deseos del rey, convirtiéndose en una de las pesadillas de su hacienda y prestigio, pero siempre hubo una estrategia detrás de los actos del rey, aquí intentaremos desvelarla.





















1. La herencia de Carlos V y la estrategia anti francesa.

Los Países Bajos nunca fueron una prioridad en la política internacional de los Reyes Católicos, entre otros motivos, porque no existían como una unidad territorial compacta.
La herencia de Felipe, el primogénito de Maximiliana de Habsburgo e hijo de la duquesa María de Borgoña, recayó sobre su propio hijo, Carlos V, en el que se unieron las dos casas anteriormente citadas junto a la de Aragón, Castilla, de su herencia Peninsular.
Carlos V era natural de Gante y aunaba en su sola figura dos realidades muy distintas. Dos realidades que terminarían en unirse en una: el Imperio. Un imperio que llegaba más allá del de su abuelo Maximiliano.
La Casa de Borgoña desde el siglo XV aglutinaba los territorios del ducado de Borgoña, el condado de Flandes, Atois, y Malinas. Bajo el liderazgo de Felipe el Bueno se incorporaron Brabante y Limburgo, Holanda, Zelanda, Hainaut, Frisia Occidental y Luxemburgo. El duque además formó por primera vez los Estados Generales en 1451, con el fin de centralizar el mosaico de pequeños estados con leyes y costumbres distintas. Su sucesor Carlos en Temerario incorporó el estado de Gueldres en 1472, además intentó crear un parlamento en Malinas.
Los duques realizaron el esfuerzo de aunar todos los territorios para poner las bases de una nueva monarquía, pero la temprana muerte de Carlos el temerario y, años más tarde, de su hija y heredera Maria, dejaron la obra incompleta. Felipe el Hermoso también murió muy joven y la minoría de edad de Carlos, impedía cualquier tipo de reformas.
Carlos V soberano de un basto imperio se determinó a terminar la obra de sus ancestros, la unidad política de los Países Bajos.
El poder de Carlos V fue delegado durante todo su reinado a dos gobernadoras viudas: Margarita de Austria, tía del rey, que gobernó desde 1506 al 1514 y después del 1517 al 1530. Tras su muerte la sucedió una hermana de Carlos V, doña María, reina de Hungría (1530-1555).
El factor de unidad lo aportó Carlos V tras la paz de Mülhberg (1547), con los príncipes alemanes, con la llamada Transacción de Augsburgo, por la que agrupaba institucionalmente a los territorios neerlandeses y al Franco Condado. Nacían las llamadas Diecisiete Provincias.
El Círculo de Borgoña, que era como también se denominaba a las Diecisiete Provincias, pertenecía a uno de los denominados círculos imperiales, ya que desde antiguo algunas de las provincias habían sido vasallas del Sacro Imperio Romano Germánico.
¿Por qué Carlos V no delega estos territorios a su hermano Fernando, que regía los territorios patrimoniales imperiales?
El profesor Rogelio Pérez-Bustamante nos da la siguiente explicación:
“Carlos V establece un eficaz mecanismo para la preservación en la integración de sus estados patrimoniales, confiando su dirección a la Monarquía Hispánica, dotada de los necesarios recursos materiales y la pujanza política imprescindible para la satisfacción de un objetivo dinástico que, en último término, satisface un razonamiento adicional: la continuación del cerco estratégico sobre el gran adversario de los Habsburgo en la hegemonía continental: Francia” .
Además de la estrategia anti francesa hay un hecho coyuntural que favorece la herencia de los Países Bajos a favor de Felipe II:
“La incorporación de los Países Bajos se producía en unas circunstancias internacionales de verdadera excepción. Felipe II era rey de Inglaterra y su conjunto dominio con los Países Bajos, permitía configurar un óptimo dispositivo estratégico en ambas orillas del Canal,...Aquella opción política, sin embargo, se cerraría tras la prematura muerte de la reina en 1558”.
De hecho, Felipe II intentó en diversas ocasiones unir de nuevo a las dos coronas para favorecer sus intereses en el Atlántico Norte.
La influencia intelectual del preceptor de Carlos V, Erasmo de Rótterdam, en la mentalidad práctica de los flamencos fue patente. Los ideales de libertad y toda abominación por la guerra y la violencia impregnaron a la sociedad de Flandes, alejándola de la mentalidad hispana, según el mismo Erasmo, tendente a la guerra y la violencia. El desencuentro entre dos culturas tan diferentes se haría patente e irreconciliable a medida que avanzaba el siglo XVI.
El testamento político de Carlos V dirigido a su hijo Felipe II nos aclara algunas de las pautas seguidas por este años después.
En los tres primeros capítulos está el proemio y la exhortación del rey por el Emperador Carlos V a su hijo Felipe II. Las referencias religiosas del texto son constantes. En primer lugar Carlos V invoca al sometimiento del gobierno a Dios: “Firme fundamento de una buena gobernación deveis siempre concertar vos rest al bien de la infinita benignidad de Dios, y someteros vuestros deseos y acciones a su voluntad d(e) la qual haciendo con temor de no ofenderle alcanzareis cortisimamente su ayuda, y amparo, y (...) en todo y por todo, conbendra para bien reinar, y gobernar y para que su divina Maj os alumbre...deveis tener siempre muy encomendada, y en la memoria la observación, defensa, y aumento de nuestra feé Católica (mayúsculas) generalmente y esp per’ en todos los reynos, estados y señoríos que de mi heredaredes. Favoreciendo la divina justicia y mandando que esto se haga derechamente..., mayormente contra todos los sospechosos, y culpados en toy herejías; herrores y sectas reprobadas contrarias a nuestra fe Católica y religión, teniendo especial solicitud y cuidado de defender en todos los estados, reynos y señoríos, por todas las vías, y modos que fuere posible esto, y castigar con razón...” Pag 153.
El rey da mucha importancia a la defensa de la fe católica, para ello el futuro monarca debe favorecer la justicia divina y castigar duramente a los herejes y las sectas. Para ello se deben usar todas las vías posibles.
Continua su discurso hablando de los problemas que ha tenido con los herejes en Alemania, a los que no ha podido vencer. Por ello, encarga a Felipe la convocatoria del Concilio, que ayude a la Iglesia, le exhorta a que se someta a la sede papal y la injerencia en la política de otros reinos y estados donde hubiera abuso contra Dios. Con esto último, está legitimando cualquier guerra en nombre de la religión, calificándola como justa y justificada. Esta idea es importante para entender la postura de Felipe II en la rebelión de Flandes.
A pesar de animarle al uso de la violencia le anima a promover la paz, porque es una de las cosas que Dios más quiere.
Carlos justifica la Guerra en la Justa Defensa. En ella incluye la guerra para conservar territorios. Le encomienda que no pierda nada de los estados heredados ni de su hacienda. (157).
Por lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que Carlos V considera que la Guerra Justa es aquella que está hecha en defensa de la religión o en legítima defensa.
En el orden internacional confirma como aliado a su hermano Fernando, el rey de los romanos. Confía que la paz y el concilio arreglen las cosas en Alemania. Le pide amistad con los electores y príncipes de Alemania. Paz con Francia. Aunque le advierte de la falta de palabra del rey francés. (170).
En el caso de Flandes, Carlos V le habla de las perturbaciones que pueden causar en el territorio los franceses y le pide que una en una sola entidad a estos territorios para defenderlos mejor.
Le recomienda que cuide las fuerzas del mar para enviar socorro, sobre todo a sus territorios en Italia y que mantenga fuerzas españolas en Italia, a causa de su enemigo Francés. (174).
Además de un Armada fuerte Carlos recomienda a sus hijo que el ejército sea disciplinado, que no se divida, escandalice y que agrade a Dios. Por otro lado le manda que refuerce los soldados en Navarra, ya que no teme ningún ataque a los territorios de Flandes.
En todas estas instrucciones se puede percibir la obsesión de Carlos V por el enemigo francés, al que quiere aislar por todos lados. Acerca de Flandes destacamos la idea de la necesidad de unir los territorios para la defensa.
En la carta se dan además numerosas instrucciones militares y de logística, como la promoción de todo tipo de fortificaciones y galeras, con su abastecimiento, armas y municiones.
Unas líneas después, Carlos V vuelve a hacer referencia la defensa de Flandes, de la que dice que está bien fortificada y que se han dispuesto nuevas diligencias para mejorar las fortificaciones. También reitera que o hay que temer ningún ataque de los franceses. (178).
Carlos V continua hablando de la gran fidelidad que en el pasado y en el presente de su vasallos flamencos le han manifestado y confía que sea igual en el futuro. Han servido muy bien en el pasado y el rey podrá servirse de ellos.
El Emperador le anima a la amistad con Inglaterra y escocia.
Tras estas directrices políticas y estratégicas da una serie de órdenes doméstica pero de influencia internacional .
La carta es secreta dirigida Felipe II está firmada el 18 de Henero de 1548. El Rey Carlos V de Alemania.
Las tres líneas estratégicas que se pueden sacar de la carta son: aislamiento de los franceses, guerra a los herejes tanto dentro como fuera del territorio del rey, amistad con las demás potencias y con el Papa.
Con respecto al concepto de Guerra Justa que Carlos V lega a su hijo se puede considerar en dos casos: lucha a favor de la religión católica y en defensa de los territorios patrimoniales.
Estas tres líneas de estrategia y estos dos casos de Guerra Justa van a ser, en gran medida, los instrumentos morales y de acción política de Felipe II en los Países Bajos.
Pero, ¿la situación en los Países Bajos era preocupante en cuanto a la extensión de la Reforma, para que el rey advirtiera al príncipe del peligro de herejía o tan sólo no quería que este repitiera los errores que él mismo cometió en Alemania?
Una de las cartas dirigidas por Manrique Alonso , Arzobispo de Sevilla, a Carlos sobre los luteranos en 1548.
El cardenal Alonso Manrique es también arzobispo de Sevilla y obispo de Badajoz. En la carta habla de la “herejía” de Lutero. Comenta que no se actúa contra los herejes y que a pocos se les manda llamar y la mayoría vuelve tranquilos a sus casas, sin castigo. El Cardenal advierte de la necesidad de hostigar a la herejía y pone ejemplos de reyes anteriores, que la persiguieron. Anima al rey a perseguir a sus súbditos herejes, para enaltecer su honra entre los demás príncipes.
El cardenal destaca dos líneas de actuación para terminar con los herejes. Por un lado, le pide que se cree un Consejo de Jueces, como lo hay en España. Una vez creado dicho consejo solicita que se ejecuten las sentencias que imponga.
La carta termina bruscamente, posiblemente falte algún fragmento.
El informe del Cardenal nos hace pensar que en los Países Bajos existía una verdadera preocupación acusa de la extensión de la Reforma, de hecho, desde el principio se prohibió el luteranismo , se quemaron libros de Lutero en Lovaina. En 1522 se estableció la Inquisición estatal para reforzar a la Inquisición episcopal. En 1523 se quemó en Bruselas al primer mártir protestante del mundo, otros muchos siguieron poco después su suerte.
La represión no consiguió paralizar la Reforma, ya que en la década de los treinta circulaban por los Países Bajos unas treinta obras de Lutero y quince versiones parciales o completas de la Biblia en las lenguas de los diferentes estados.
En Holanda, Flandes y Frisia había numerosos grupos de anabaptistas, también había seguidores de Bucero y Zwinglio. Con respecto a los reformistas holandeses destacan Joris Cassander (Brujas), David Joris (líder de una secta mesiánica) y Hendrik Niclaes (fundador de “la Familia del Amor” de corte espiritualista).
Según nos cuenta Parker bajo el reinado de Carlos V al menos 2.000 personas fueron ejecutadas a causa de sus creencias religiosas. Durante los años 1544-45 la persecución fue virulenta debido al apogeo de los seguidores de Münster. En cambió la Reforma no empezó a perder terreno hasta la década de 1544 a 1554.
Cuando Carlos V abdicó el protestantismo era un problema irresoluto en los Países Bajos, incluso en avance gracias al empuje del calvinismo. Felipe II tendría que enfrentarse a él. Las directrices de su padre eran claras, eliminación de los heterodoxos y mantenimiento del patrimonio real a cualquier precio. El camino estaba marcado, ¿cómo actuaría el heredero del imperio más grande del mundo?



















2. Visita e impresiones de Felipe II de sus futuras posesiones de los Países Bajos.

Cuando Felipe II viajó a los Países Bajos tenía 22 años, pero el joven príncipe no era una persona impresionable. A esa edad ya se había casado con María Manuela de Portugal y enviudado, tenía un hijo, había sido regente de Castilla y Aragón desde la edad de quince años. Aunque Parker comenta que los Países Bajos debieron impresionar a Felipe y séquito, ya que algunos de sus compañeros se animaron a hacer una relación de todo el viaje. Los libros que escribieron Vicente Álvarez y Juan Chritóval Calvete de Estrella , criado del príncipe.
El libro de Calvete es una amplia descripción del viaje del príncipe, en el que se presta especial atención a las descripciones de las celebraciones y el boato de las ceremonias oficiales. Por el contrario Álvarez comenta de manera más sus impresiones y el carácter de los diferentes territorios que visitaron.
Álvarez hace toda una comparación de costumbres castellanas y flamencas. Describe la alimentación, la bebida, la forma de celebrar las fiestas, los horarios de trabajo, el derroche y la relajación de costumbres . Otra de las cosas que comenta es el temor que en esta temprana fecha ya se tenía a los españoles:
“De españoles se recatan más que de otra gente, y assí es en Alemaña y en todas las partes, y la causa es aver tratado con soldados y gente de guerra, que si ay cuatro buenos ay seis desesperados y malos christianos que traen otros tantos moços ladrones y vellacos...los españoles son mal quistos de las otras naciones, y porque son traviessos y muy sobervios”.
El viaje por los distintos territorios era un requisito imprescindible para tomar posesión de su futura herencia. Un viaje parecido, pero en dirección contraria, había hecho su padre Carlos V a los diecisiete años de edad, para tomar posesión de las coronas castellana y aragonesa.
Los Países Bajos dieron un gran recibimiento a su fututo soberano. Decenas de arcos de triunfo saludaban al joven Felipe II, se celebraron espectáculos, luchas de leones y toros, justas, obras de teatro.
Flandes era la meta final del viaje, ya que el príncipe había visitado primero sus territorios en Italia y Alemania, en un largo viaje de seis meses.
Unos territorios más densamente poblados que los de la Península, ya que la población superaba los tres millones de personas. Muy industrioso, comercial e instruido, como comenta el mismo Álvarez en su crónica. También describe las magníficas construcciones. Las provincias más ricas y populosas eran las de Holanda, Zelanda, Hainaut, Flandes y Brabante. Había ciudades muy grandes como Amberes con 80.000 habitantes, Gante y Bruselas con unos 30.000.
La comitiva pasó seis meses visitando las ciudades de los Países Bajos. La aparente unidad de estos territorios contrataba con los numerosos conflictos sociales, interestatales, la crisis económicas de algunas provincias y la resistencia de muchos de los súbditos a someterse voluntariamente a la centralización implantada por los Habsburgo, por si esto fuera poco, los conflictos religiosos también repercutían en muchos de los territorios.
Por otro lado la crisis económica de la propia monarquía y el peligro francés dificultaba la protección del territorio.
El 1 de abril de 1549 la comitiva principesca llegaba a Bruselas, donde el príncipe debía reunirse con su padre Carlos V. En una emotiva ceremonia, seis años después en la misma ciudad de Bruselas, Carlos V abdica a favor de su hijo Felipe II. En el discurso pronunciado por el emperador ante sus súbditos flamencos, se hace una justificación de su reinado relatando los acierto más claros y las causas de los errores.
En la primera parte del discurso el emperador relata las causas por las que llegó a gobernar tan amplio imperio. Después habla de su lucha contra el Turco y su fracaso ante los herejes alemanes:
“Mas si bien fue este mi celo, no pude ejecutarlo como quisiera, por el estorno y embarazo que me han hecho parte de las herejías de Lutero y de los tros inmundos herejes de Alemania, parte de los príncipes vecinos y otros que, que por enemistad y envidia me han sido siempre contrarios, metiéndome en numerosas guerras...”.
El emperador afirma que todas las guerras que ha hecho han sido voluntad de Dios:
“Finalmente, yo hice lo que Dios fue servido, porque los sucesos de las guerras no todas las veces están en manos de los hombres, sino en la voluntad de Dios...”
La advertencia final que da a los flamencos es muy significativa:
“Y principalmente, habéis de mirar y guardaros no dañen ni infeccionen la pureza de vuestra fe las novedades y herejías de las provincias vecinas, y si acaso entre vosotros han comenzado a echar raíces, arrancadlas luego con toda diligencia, si no queréis que vuestra República se acabe y consuma y se revuelvan las cosas de arriba abajo, dando de vosotros de mil desventuras y despeñaderos”.
Uno de los peligros que el emperador ve en la Reforma es los trastornos sociales que esta lleva pareja, por eso dice que vuestra república se acabe y consuma y se revuelvan las cosas de arriba abajo.
Felipe II permaneció hasta el año 1559 en los territorios de los Países Bajos haciendo la guerra al francés y al papa Paulo IV.
Su experiencia neerlandesa no logró cambiar sus sentimientos y educación españolas, por otro lado, su padre Carlos V había dejado claro en su testamento que la piedra angular de todos los territorios que cedía a su hijo eran los reinos peninsulares. Aunque Miguel Ángel Echevarría cuente la anécdota apócrifa en la que Carlos V dice a su hijo que si quería aumentar sus dominios y gobernar con acierto, debía situar su corte en Bruselas; si solo conservarlos, en Barcelona, y si perderlos, en Madrid. Por apócrifa que sea la anécdota, señala Echevarría, no deja de revelar el pensamiento estratégico de Carlos V. Pero Felipe decide quedarse en Madrid, porque hay que derrotar a los turcos y perfeccionar el espacio mundial de la monarquía .
Parker dice lo siguiente acerca del regreso de Felipe II a España: España era el centro de la monarquía de los Habsburgo. Ya en 1543 Carlos V había reconocido que sólo las rentas de España podían proporcionarle el dominio necesario, lo cual sería todavía más cierto durante los últimos años de su reinado: España y en particular, Castilla (que constituía tres cuartas partes de la totalidad) facilitaban a los Habsburgo los hombres y el dinero que estos precisaban para realizar su política imperial” .
Las dificultades de la autoridad real en España y el problema turco determinaron a Felipe a regresar a la Península, en el norte quedaba el problema sin zanjar de los protestantes, Francia seguía siendo una amenaza para los Países Bajos, Inglaterra consolidaba su poder en la zona, pero a los ojos de Felipe II los problemas de España eran más acuciantes.
Las impresiones que pudieron quedar en Felipe II acerca de los territorios de Alemania y los Países Bajos pueden resumirse en lo que dice en la conclusión de su relato Vicente Álvarez:
¡Oh españoles!, alabad a Dios que os hizo tales y señores de tan buena provincia, y os dio Rey que os tiene en tanta justicia, y os defiende haziendo la guerra fuera de vuestra tierra...Solo para offender a Dios tienen libertad, que no puede ser mayor cautiverio. Buen siglo aya quien puso en España la Santa Inquisición, y muchos años viva quien la conserva y favorece con tanto cuydado, en todas las cosas del servicio de Dios y buena governación de todos sus reynos y señoríos. Amén” .
En este elogio a la Inquisición y oposición a la libertad puede resumirse la idea filipina, su concepto de justicia y el sentido último de su estrategia política y militar.












3. Origen del conflicto:
- Razones de Felipe II para someter a los rebeldes flamencos.

“Acuerdo... con vasallos rebeldes... el más ruin paradero que (príncipes) pueden tener”.
Felipe II a Álava 19 febrero 1568.

“Antes de recibir la menor quiebra del mundo en lo de la religión, y del servicio a Dios, perderé todos mis estados y cien vidas que tuviese, porque yo ni pienso ni quiero ser señor de hereges”. Carta al papa Paulo IV.

Las frases anteriormente señaladas nos dan una idea de la actitud política de Felipe II ante cualquier disidencia religiosa. En el capítulo 1º hablábamos de algunas de las directrices básicas que Carlos V plantea a Felipe II en su testamento político y sobre su concepto de guerra justa. En el comentario del Rey a su general y al propio Papa, no cabe ninguna duda, no hay negociación posible con los herejes. Aun así sabemos que en varias ocasiones el Rey tuvo que pactar treguas con los protestantes neerlandeses, pero estas fueron pequeños paréntesis producidos por problemas económicos o militares.
En el discurso de Felipe II ante los flamencos titulado: “Discurso dado a Felipe II sobre la rebelión y guerra en Flandes” , de autor anónimo y fecha imprecisa.
El discurso versa sobre la rebelión y guerra en Flandes. En el libro se dan consejos de cómo se debe comportar un príncipe con sus súbditos rebeldes y como llegar a acuerdos de paz con ellos.
El discurso comienza con una introducción poética que exalta al Rey. En el que se describe la ley natural desde la creación en contra posición con la ley antinatural que es la que propicia las guerras y las rebeliones:
“Y assí corrompida la Ley natural, inventa el hombre otro genero de ley, en que se incluyen guerras, violencias, servidumbres, esclavitudes, rebeliones miserables y desordenados efectos”.
Después se hace referencia a la unidad del cuerpo místico de la República Cristiana (página 4).
El discurso continua con diferentes referencias al peligro para la fe católica, comenta la caída de la fe católica en Flandes y habla del martirio de varios religiosos católicos a manos de los protestantes.
El escritor haciendo una referencia poética le pide al rey que los coloque bajo sus alas, para ello cita a varios profetas del Antiguo Testamento como Habacuc y Jeremías: “libra a tu pueblo de manos de sus enemigos, que los cercan”.
A continuación se hace una relación de algunas de las creencias protestantes, entre ellas que “los herejes no permiten el bautismo”, por lo que, tras 17 años de rebelión hay muchísimos niños sin bautizar.
Para un gobierno feliz, el autor comenta que es necesario imitar a los filósofos y reyes antiguos. Cita a Platón. “Mundo feliz cuando los sabios comenzasen a reinar y los reyes comenzaren a ser sabios”. Después hace referencia a diferentes reyes y eclesiástico y al senador Publio Atilio, primer senador considerado sabio.
El relato continúa con una serie de consejos para terminar con los rebeldes. El autor utiliza para ello la figura bíblica de la torre de Babilonia y la estatua de Nabucodonosor. Completa el cuadro con diferentes ejemplos de la actuación de los emperadores y senadores romanos ante los rebeldes.
Habla de cómo sus súbditos de Flandes no creen que el rey mande el ejército contra sus intereses (Página 15).
En el capítulo II el autor da consejos de como disponerse para la paz. Desarrollando el concepto de paz en base a la ley natural, divina y positiva debe buscar dicha paz.
En el capítulo III el autor describe los términos legales que se deben considerar en los contratos de paz.
Después comenta la gran benignidad del rey y de la ceguera y rebeldía de sus súbditos rebeldes. Usa varias citas de la Biblia para hablar de la dureza de los rebeldes.
En este mismo capítulo hace una relación de ejemplos sobre reconciliación de vasallos con sus señores.
Le aconseja que firme la paz después de una victoria contundente, para que tengan temor de volver a rebelarse. (página 27).
Algunas reglas para obrar: El pacto no es de igual a igual, por tanto los rebeldes deben someterse sin condiciones.
Tras estos consejos sobre las negociaciones el autor comenta la desgracia de los templos destruidos y la gravedad de la herejía (Página 33). Gracias a este dato podemos decir que el escrito es posterior a la destrucción de imágenes del año 1566.
El discurso sigue hablando de los católicos oprimidos:
“Sepan los príncipes Cristianos seculares, que han de dar cuentas a Dio, de la defensa que ha dexaren haçer a la Iglesia que Christo ha dexado debaxo de su amparo”.
El autor también emplea citas de santos:
”...por que perdonan a el malo, da ocasión a que pequen los demás, siendo la facilidad de perdonar, la ocasión de volver a pecar. Y esta es una de las causas principales en las que se funda la Guerra Justa”. Página 34.
Pasa después a Justifica la guerra, aunque sea para justificar solamente el derecho divino, natural y de las gentes:
“Cuehan procurado otros semexantes prophetas falsos, sino descuydar a vuestra majestad, y encender, ellos fuego por otra parte, para excluirle del dominio de Flandes y justamente eximirse de la obediencia a la Iglesia Católica Romana, lo cual es una fuerte obligación de vuestra majestad en todo punto”. Página 37.
Desaconseja a los que le piden que deje el asunto religioso, ya que no debe abandonar a sus súbditos católicos. Página 38.
Habla de la inclinación de Flandes para la Paz. Página 42.
En la reflexión final, desaconseja la paz, ya que esto sería mal ejemplo para otros súbditos y para su dignidad real. Los rebeldes deben rendirse incondicionalmente.
Este largo discurso, que seguramente debió llegar a manos de Felipe II o sus colaboradores vuelve a apuntar a la necesidad de la Guerra Justa para terminar con la herejía y que no pueden producirse acuerdos entre súbditos herejes y su señor. Por otro lado niega la igualdad a la hora de negociar entre súbditos y el rey. Por último descarta las soluciones pacificas.
Pero, ¿cómo se había llegado a esta situación? ¿Qué acontecimientos habían sucedido desde la marcha de Felipe II en 1559 hasta la rebelión general del 1566?
Parker habla de una progresiva erosión del poder real desde el año 1559 al 1564. Las prolongadas guerras con Francia y el papado habían sido una continua sangría para las provincias de los Países Bajos. Margarita de Parma, la nueva regente, era hermanastra de Felipe II, con esta actuación el rey seguía la política de sus antecesores, designando como gobernadora a una familiar de la casa Habsburgo. Junto a la gobernadora se puso a un fiel servidor, Granvela, obispo de Arras.
Margarita no tenía gran experiencia política y había vivido gran parte de su vida en Italia. Según Parker, el carácter débil y asustadizo de la gobernadora contribuyó a que esta ocultara los problemas en los Países Bajos hasta 1566 y que luego los exagerara.
Granvela tenía una gran experiencia de gobierno pero grandes enemistades con algunas de las personas más influyentes de los Países Bajos. A esto se unió un cambio sustancial en la política interna de los Países Bajos. Bajo el reinado de Carlos V, los Países Bajos habían gozado de una notable autonomía, pero Felipe II iba a cambiar sustancialmente las cosas, ya que todos los asuntos debían pasar por su gobernadora, Granvela y él mismo.
En el año 1559 el malestar ya era patente según el testimonio del embajador veneciano:
“Gran dificultad ha habido entre el Rey y los señores de los Países Bajos; el Rey quiere dejar 3.000 españoles en las plazas de la frontera y aquellas gentes no les quieren a ningún precio y si se quedan los destruirían o enajenarían al Rey los ánimos de aquellos pueblos y podían ser causa de algunos problemas para su majestad” .
Rogelio Pérez-Bustamante habla de una nueva concepción en la gobernación de los Países Bajos:
“...Margarita de Parma, designada por Felipe II para satisfacer dos objetivos: consolidar la praxis del gobierno preexistente y proteger a la población católica de unas Provincias que, en sus estribaciones septentrionales, se encontraba mayoritariamente convertida al calvinismo”.
“En aquellas circunstancias, la decisión regia de incrementar el reducido elenco de diócesis católicas en los Países Bajos...y en el que un personaje tan escasamente popular como Antonio Perrenot aparecía como principal beneficiario de una, enrareció muy notablemente el clima político” .
Por tanto hay un triple conflicto: la permanencia de tropas españolas en los Países Bajos, la creación de nuevas diócesis y la exclusión de las tomas de decisiones importantes a los nobles neerlandeses.
A lo anteriormente expuesto hay que añadir la expansión continuada del protestantismo ante la pasividad de las autoridades locales de los Países Bajos, como queda constancia en la carta de Margarita de Parma a Felipe II :
“...hemos sido advertidos que el día de Pentecostés último se han escapado cinco anabatistas de la cárcel, los cuales habían sido puestos en manos de la justicia para ser ejecutados el mes de abril último...Además hemos sabido que en las cárceles de los de Gante están desde un año Maxken, etc, etc., herejes obstinados a los cuales además de diferir su ejecución con gran escándalo, se les ha dado tales comodidades que pueden ver y escribir a los que quieren”.
En esta carta vemos como el protestantismo era permitido en muchas de las ciudades de los Países Bajos.
La nobleza odiaba a Granvela y a partir del años 1560 hizo todo lo posible para alejarlo de los Países Bajos. Orange, aprovechando que Margarita de Parma había convocado una reunión en Bruselas de la nobleza para estudiar la situación de Francia, convocó por su cuenta a los nobles pertenecientes al Toisón de Oro. Orange quería hacer un frente común contra Granvela, aunque falló en este empeñó consiguió impedir una intervención en Francia y se acordó enviara a Floris, barón de Montigny para pedir más dinero para los Países Bajos.
Felipe II había decretado la segunda quiebra de su reinado, por lo que Montigny fracasó en su misión, pero lo que si transmitió a los demás nobles flamencos una visión de una España débil y desbordada ante los problemas mediterráneos, lo que animó a Orange, Egmont y Horn a intervenir. Se creó una liga contra Granvela, como medida de presión los tres dejaron de asistir al Consejo de Estado. Al mismo tiempo los estados de Brabante decidieron retener todos sus tributos hasta la destitución de Granvela.
En el fondo el poder que se estaba poniendo en cuestión era el del mismo monarca y en esta protesta subyacía una petición tácita de cierta autonomía en los asuntos internos.
Algunas de las peticiones de los rebeldes inquietan a Felipe II, ya que en la embajada enviada de Egmont a Madrid se incluye la eliminación de los tribunales inquisitoriales y más suavidad en el castigo a los herejes.
La Corte española se dividió en dos bandos. Uno era el del Duque de Alba, sostenido por Granvela y el otro era el de Ruy Gómez de Silva, príncipe de Eboli, apoyado por el duque de Feria.
Echevarría da gran importancia a estas dos tendencias para explicar la estrategia de Felipe II en el norte de Europa y en especial en Flandes:
“Las opciones giraban en torno a una mayor flexibilidad, ebolismo, o una mayor dureza, albismo, a al hora de resolver el problema...Feria recela de introducir por la fuerza el gobierno español en Flandes junto a la Inquisición, descomponiendo los estatutos o privilegios de las Provincias, y obligando a soportar la presencia de un ejército extranjero. Prevé el duque que todo este cúmulo de factores desencadenará una rebelión aún mayor...Sólo debe haber unidad en lo religioso; en lo político, al contrario, hay que ser suaves ”.
Alba y sus aliados hablan de que los deseos autonomistas y el progreso de la religión protestante van unidos, y que debe actuarse contra ambos.
Aunque los dos bandos tienen opiniones diversas, en cambio coinciden en el ámbito de la religión.
Los acontecimientos del año 1566 desencadenaron la intervención directa y violenta para solucionar el conflicto. El 29 de noviembre de 1566, el duque de Alba aceptaba el encargo de ser Capitán General del ejército enviado a Flandes para terminar con los motines.
La preocupación de los enemigos de España era evidente:
Lord Burghley, primer ministro de Isabel I dice: “llega un día a reducir los Países Bajos a su total sometimiento, no sé que límites puede un hombre juicioso poner a su poderío ”.

Enrique de Navarra al llegar al trono dijo: “codicia de los españoles, que tras conseguir el dominio de tantas tierras y mares, creen que ningún rincón del mundo les resulta inaccesible”.
Enrique de Navarra al Conde Leicester 8 mayo 1585

Las cartas del Bosque , se firmaron mucho antes de los episodios se firmaron antes de las revueltas iconoclastas del año 1566. En ellas se dictaba la política que debía prevalecer en los Países Bajos durante casi una década.
En ellas el rey rechaza el consejo de la junta de teólogos, los cambios en el Consejo de Estado. Además, se nombraba para dicho organismo al duque de Aershot, del bando de Granvela, desoyendo los candidatos propuestos en la embajada de Egmont. Las cartas obligaban a los nobles a perseguir a los protestantes o hacerse reos de desobediencia y traición.

















- Razones de los súbditos flamencos para rechazar a Felipe II.

Felipe II hablando de la actitud del Papa hacia los Países Bajos:
“Creo que si los Estados Baxos fueran de otro, uvieran hecho maravillas porque no se perdiera la religión de ellos, y por ser míos creo que passan, porque se pierda la religión en ellos a trueque de que los pierda yo”.
Felipe II al Cardenal Granvella, 10 de Julio 1581.

Durante el verano del 1565 la pequeña y la gran nobleza se reunieron separadamente para organizar la resistencia frente a las imposiciones reales. Pero la reunión más importante tuvo lugar en la casa del conde de Culemborg en Bruselas los días 2 y 3 de noviembre. En la reunión se decidió constituir una liga para conseguir la abolición de la Inquisición y el respeto hacia los protestantes. La liga consiguió de inmediato el apoyo de 400 nobles menores. Orange, Egmont, Meghen y Mansfelt se excusaron diciendo que no podían cumplir las órdenes del rey.
Las cartas de El Bosque llegaron a Bruselas el 5 de noviembre de 1565. El 14 de noviembre eran leídas en el Consejo de Estado, pero hasta el 20 de diciembre no se publicó la proclamación en la que se instaba a todas las autoridades provinciales a perseguir a los protestantes.
Egmont no podía creer lo que ponían las cartas, ya que Felipe II le había dicho de palabra todo lo contrario. Había prometido crear una comisión de teólogos para castigar a los herejes y frenar su avance, pero tan severamente. Parker nos aclara esta contradicción al narrar la conversación entre Felipe II y su secretario Gonzalo Pérez:
“No quiero yo que en ninguna manera se dexen de castigar sino que ne la forma se myre. Y porque Egmont me parece que blandea un poco en el ser castigados, yo no se lo quixe amyitir así ni dar a entender de aquella manera, sino solamente en la forma”.
Egmont había llegado eufórico a los Países Bajos con la buena noticia de la tolerancia hacia los herejes, y ahora se sentía engañado.
¿Por qué todos estos nobles estaban dispuestos a arriesgar sus posesiones y vidas? ¿Tan confiados estaban en que su causas iba a triunfar o que el Rey iba a cambiar de opinión?
Para poder explicar las razones por las que nobleza neerlandesa estaba descontenta, tenemos que conocer más afondo a sus disidentes más destacados.
El primero, Guillermo de Nassau, el principal cabecilla de los rebeldes neerlandeses, era natural de Alemania, pero su herencia en varias propiedades en las Provincias le introdujo en la política neerlandesa. Fue un fiel vasallo de Carlos V, lucho junto a él y de hecho fue en el que el anciano emperador se apoyó en su entrada a la reunión de abdicación en Bruselas. Las deudas de sus antecesores obligó a Orange a casarse con la hija del electro luterano Augusto de Sajonia, acercando al noble al bando luterano. A pesar de la oposición de Granvela la ceremonia se celebro.
Felipe de Montmorency, conde de Horn, había servido a Felipe II como capitán de corps y en 1559 acompaño al rey a la Península. En 1561 discutió con el rey y decidió volver a los Países Bajos, también odiaba a Granvela y estaba en contra de la creación de nuevas diócesis.
Estos lideres de la nobleza consiguieron que Felipe II depusiera a Granvela, que salía de Bruselas el 13 de marzo de 1546. El Rey había cedido ante la imposibilidad de mandar fuerzas a los Países Bajos, por otro lado todavía no habían triunfado las tesis albalistas. Además de la expulsión del ministros se archivó la reforma de la Inquisición y el Plan de “incorporación” de nuevas diócesis.
La única propuesta que el Rey no estaba dispuesto a aceptar era la de tolerancia hacia los protestantes.
En los años 1564 y 1565 la situación económica había empeorado en los Países Bajos, ya que la guerra entre Dinamarca y Suecia, y la ruptura de relaciones entre Inglaterra y España, limitaban el comercio. También hubo factores climatológicos adversos. Se perdieron las cosechas y el hambre se extendió en algunas provincias.
Una nueva oleada de protestantes surgió de la persecuciones de 1544, pero esta vez estaban más organizados. Por un lado los calvinistas, seguidores de Juan Calvino, por el otro los anabaptistas seguidores de Menno.
Las persecuciones continuaron en la década de los cincuenta y sesenta, pero el calvinismo logró asentarse. En la Provincia de Flandes 2.793 personas fueron acusadas de herejía de un total de 350.000 habitantes. Las diferentes leyes contra la herejía eran papel mojado en la mayoría de los casos. Por ejemplo en la Provincia de Holanda ningún hereje fue condenado a partir del 1553.
Tras la marcha del cardenal Granvela el número de ejecuciones descendió aun más. Todo esto demostraba que el problema de la religión seguía latente y en eso no estaban dispuestos a ceder los Países Bajos.
El profesor Manuel Fernández Álvarez dice acerca de la causa de la rebelión flamenca:
“Nada parece unir los dos conflictos que sufre la Monarquía católica al final de los años sesenta: el provocado por los calvinistas flamencos en el Norte y el protagonizado por los moriscos granadinos en el Sur...Y, sin embargo, ambos se inician en cierta medida por una decisión de Felipe II: la de ser fiel a los principios Tridentinos”.
El profesor continua diciendo:
”Esa determinación le llevará a una reorganización de los obispados de los Países Bajos y a terminar con una larga etapa de tolerancia...” .
El problema se inicia años antes bajo el reinado de Carlos V, verdadero vínculo de unión entre Castilla y Flandes, al desaparecer el emperador el vínculo se rompe, según el profesor. Alba daba poca importancia a los Países Bajos al decir:
“...tenía por cierto que si por contrapeso el estado de Milán y los reinos de Nápoles y Sicilia, que están en tan evidente estado de perderse, que no habría ninguno que dudase que esto era de más importancia sin ninguna comparación que el de tener y conservar los Estados de Flandes ”.
En el ultra-conservador libro de Juan Giménez Martín se hacen afirmaciones tan gratuitas al explicar las razones de la guerra:
“Tomaron los rebeldes esta marcha atrás como lo que era, un signo de debilidad, y, levantando las turbas, comenzaron con el asalto y la profanación de iglesias”.
La guerra estaba preparada con anterioridad. La pequeña y mediana nobleza se unió en el compromiso de Breda y se manifestó ante Margarita de Parma tras conocer las disposiciones reales de las cartas de El Bosque. También enviaron a dos emisarios para volver a negociar con el Rey, emisarios que ya no regresarían vivos. Los dos emisarios eran el barón de Montigny y el marqués de Berghes.
La situación era tan insostenible que Margarita de Parma tuvo que acudir a Orange para frenar las revueltas. Ya no había marcha atrás el enfrentamiento iba a empezar, y lo que no sabían ninguno de sus protagonistas es que ninguno de ellos viviría para ver su fin.
Las grandes diferencias culturales, la distancia, la mano dura de Felipe II, la insolencia de los nobles flamencos, todo estos elementos se había unido para agravar el conflicto. A los que hay que añadir, el problema religioso y la libertad de conciencia se habían vuelto a cruzar en el camino de un Habsburgo, y este, de nuevo, fue el principal escollo en la búsqueda de la paz.


















4. La Guerra Justa frente al deseo de libertad.


La Guerra Justa es, como tratábamos en la introducción, un concepto complejo profundamente asentado en la mentalidad de la época. El concepto de Guerra Justa estaba inevitablemente unido a la religión, ya que esta era la que estaba autorizada a decir lo que era justo e injusto.
La supuesta supeditación de lo político a lo religioso lo vemos en numerosos casos. Uno de los más llamativos y conocidos son las Leyes de Indias, que cambiaron profundamente el concepto de guerra, súbditos, derechos de ocupación y discutieron la legalidad de someter a pueblos paganos. Otro caso menos conocido es la consulta teológico-legal que Felipe II pidió al padre Maestro Cano en su enfrentamiento con el papa Paulo IV :
“El uno si la defensa que V. Majestad hace en guerra es justa y debida...Y en el primer punto no hay mucho que dudar sino que siendo como es la guerra de parte de su Santidad injusta y agraviada la defensa de parte de V. Majestad es justa y debida...Su Santidad comenzó la guerra, y acometiendo por muchas vías indebidas, injustas...”.
El Maestro Cano nos da una pauta para entender la Guerra Justa, la persona que sufre el ataque tiene derecho a defenderse. A demás la guerra tiene unas leyes que tienen que respetarse.
En el lado contrario tenemos a los rebeldes de los que dice el profesor Manuel Fernández Álvarez :
“En ese intento de interpretación de una historia tan apasionada como la de los Países Bajos en su dramático forcejeo por la libertad,...de la libertad en general y no sólo de la religiosa,...No se trata, en verdad, o no únicamente, de un capítulo de la historia de España o de los Países Bajos. Es un gran tema en el que hay que saltar por encima de los nacionalismos”.
La libertad, con sus virtudes y defectos, ira ganando adeptos a lo largo de la Edad Moderna en detrimento del sometimiento al que aspiraban los reyes de la época, al igual que el concepto se impondrá sobre el de territorio patrimonial.
J. W. Smit dice acerca de la idea de nación en los Países Bajos:
“Pirenne, cuya exposición narrativa sobre la Revolución de los Países Bajos sigue siendo con mucho la más convincente, constituye un caso extremo. En un estilo brillante nos persuade de que una economía capitalista en rápido crecimiento, la formación de clases burguesas y obreras y las exigencias de un Estado nacional y una conciencia nacional creciente fueron las causas de las tensiones...que condujeron de forma natural al levantamiento”.
En esta dialéctica entre libertad y sometimiento, guerra justa y revolución, las ideas humanistas se posicionarían claramente según Miguel Ángel Echevarría :
“En ningún caso hay guerra justa; el único deber de gobernantes y gobernados es dar pasos hacia la paz y el entendimiento con el enemigo. Por eso cuando Erasmo cita a los españoles como grandes guerreros (Elogio a la Locura XLIII), no les halaga precisamente”.
Echevarría cita más adelante a la Escuela de Salamanca y su máximo exponente Francisco de Vitoria:
“Al defender la libre comunicación entre los pueblos, su tésis sobre la Comunitas Orbis se adelantó a su tiempo...La paz es para él el resultado del orden natural...Contra la agresión y las amenazas, podían utilizarse medios que no llegaran a la violencia...El recurso a las armas solo era lícito una vez agotados los medio pacíficos y por salvar la propia existencia”.
Estas ideas pacifistas están profundamente arraigadas en los Países Bajos, auque al final impere la violencia y el desorden del 1566. Acrecentada en 1567 por la represión del duque de Alba por medio del denominado Consejo de Sangre. En sus nueve años de existencia juzgó a 12.000 personas, confiscó sus bienes a 9.000 y ejecutó a mil. Algunas de las ejecuciones de personajes destacados son las de Egmont y Horn. Los exiliados también fueron numerosos, se calcula que entre los años 1566 a 1572 partieron de los Países Bajos unas 50.000 personas, el 2% de la población total.
Los nobles neerlandeses salen de la legalidad al no aceptar los dictámenes reales, por lo que intentan justificar y legitimar su causa apelando al Derecho Natural y al naciente sentimiento nacionalista.
El profesor Manuel Fernández Álvarez intenta ver similitudes y diferencias entre el movimiento comunero al que se enfrentó Carlos V, y el calvinismo contra el que luchó Felipe II:
“...lo que distingue al movimiento comunero castellano de la rebelión calvinista de los Países Bajos. En Villar, Carlos V tuvo a su lado a la alta nobleza, que fue la verdadera vencedora; Felipe II, en cambio, tendrá que llevar al cadalso a los condes de Egmont y Horn y poner fuera de la ley al príncipe de Orange”.
El mismo profesor Manuel Fernández Álvarez comenta la importancia del factor religioso:
“La intransigencia de Felipe II, su intolerancia religiosa rayana en el fanatismo, cierto, algo asimismo heredado e incluso señalado como consigna de Carlos V en Yuste, agravó todos los males, poniendo en su contra a gran parte de la nobleza del país, tanto a la media y baja como a la alta”.
La propaganda de los Holandeses para justificar sus posturas, les llevó a la construcción de una leyenda negra que sigue presente en la conciencia colectiva de media Europa. Orange en su Apología, describe a su enemigo, Felipe II, como un ser infame y antinatural, pero, como dice Manuel Fernández Álvarez tan sólo “era la imperiosa necesidad de justificar la rebelión del vasallo contra su Rey y señor natural. Esa justificación sólo se podía conseguir si las maldades del Rey eran tan enormes que incluso obligaban a ello” .
Satanizando a Felipe II los flamencos veían legitimado su ideal de libertad, Felipe II, por su parte, seguía los dictámenes de su estirpe, su concepto de Guerra Justa y su deseo de salvar a la religión católica de los peligros del protestantismo.












5. La Guerra de Flandes vista por sus contemporáneos: Cifras, ejércitos, batallas y operaciones.

La Guerra de Flandes, aunque deberíamos decir más bien, las Guerras de Flandes impactaron profundamente a toda una generación de europeos. No es de extrañar que en uno y otro bando se escribieran versiones muy distintas de las guerras. Dejando de lado las subjetividades que los cronistas de la época puedan verter, estos libros son una fuente inagotable de información sobre los hechos y, sobre todo, sobre los medios empleados en las guerras.
En primer lugar trataremos el libro de Carlos Coloma titulado Las guerras de los Estados Baxos desde el año MDLXXXVIII , escrito en el año 1625.

Don Carlos Coloma, para indagar más en la figura del autor, es Caballero de Santiago, Comendador de Montiel y Offa, del Consejo supremo de Guerra, gobernador castellano de Cambray, capitán general de Cambresi y embajador en Gran Bretaña. Por tanto su postura es oficialista. Su experiencia diplomática y su acceso a ciertas fuentes oficiales, pueden añadir valor a los datos que aporta.
El libro no incluye todas las Guerras de Flandes, su cronología se centra entre los años 1577 y 1588. Su libro está dedicado al rey, seguramente Felipe III.
Al principio el autor argumenta las intenciones que le han llevado a escribir el libro. Por ello se queja de que hasta hora se han recopilado trabajos italianos y franceses, pero ninguno español. Comenta, además que intentará ser neutral, aunque pretende hablar del heroísmo español. Por otro lado, su fuente fundamental es la memoria, frágil caña en los vientos del tiempo.

En su libro primero el autor narra Las cosas en los Países Bajos, ejército de Parma en la guerra contra Inglaterra. La derrota de la armada católica. Diferentes sitios a ciudades. Frisia, las guerras civiles en Francia y la muerte del duque cardenal de Guisa.
Parma era el gobernador en dicho periodo 1588, en los dominios controlados por España. En el bando contrario, en área civil, gobernaba una la Junta de Estado y en el ámbito militar tenía mando el conde Mauricio de Nasau, hijo de Guillermo de Orange.
El autor comienza criticando al bando español, porque casi derrotados los enemigo, el rey dividió sus fuerzas sin vencerles del todo, lo que impidió su destrucción. Aunque justifica la acción por el celo religioso del rey (página 3).
Después hace una descripción de los territorios dominados por el rey en el aquel año. Fuerzas 14.000 infantes y dos mil caballeros (Ingleses, holandeses, walones, alemanes y franceses. Maestre de campo General Conde Pedro Ernesto de Mansfelt. La composición del ejercito llama la atención, ya que sigue la tendencia de los ejércitos de Carlos V, que consistía en lo heterogéneo de sus ejércitos y el mandó de hombres no necesariamente españoles. La composición de nacionalidad incluyen a soldados de reinos enemigos directos de la Corona, aunque seguramente estos sean de las minorías religiosas o nacionales de los reinos. Era normal que hubiera en las fuerzas españolas escoceses e irlandeses como mercenarios.
En este periodo se acababa de ganar el puerto de Sclusa, perligoso para la seguridad de las costas inglesas. El Duque está reuniendo un ejercito de 30.000 hombres para Inglaterra y pretende dejar 10.000 hombre en los Países Bajos. Este es el periodo de la formación de la Armada Invencible.
Otro de los temas que trata el autor es la piratería inglesa. Una piratería autorizada por la Reina de Inglaterra, que como es protestante, fomento la rebeldía de los Países Bajos, y se queda con la paga del ejército católico.
Según el autor la estrategia del rey es eliminar a Inglaterra, porque cree que si esta es eliminada los rebeldes se redirán, ya que Francia es neutral por su guerra interna, entre hugonotes y católicos. El gobernador Parma, discrepa del Rey, ya que cree, que es mejor terminar con los enemigos de su Majestad. Por otro lado Parma también ve problema técnicos en la operación de invasión de Inglaterra, ya que el calado en los puertos no es muy profundo y muchos de los barcos de la Armada no podrán acercarse a tierra.
El autor habla de una embajada inglesa para evitar la guerra.
Parma está impaciente por terminar con las operaciones, ya que es muy costoso mantener a un ejército en espera , además de los conflictos que esto puede ocasionar con la población civil, por ello manda una carta a Medina-Sidonia apremiando su salida de Lisboa, pero esta no se produce hasta el 30 de mayo, aunque la Armada tiene que recalar en la Coruña, de la que no saldrá hasta el 22 de Julio.
El autor hace una relación de los hechos de la Armada, después relata lo sucedido en Francia.
En el libro segundo de Coloma trata sobre las mudanzas de la Guerra,
Comienza hablando de las noticias que llegan a Bruselas de la muerte del Duque y Cardenal de Guisa (1589). El autor habla, de que el rey Felipe II despreciando los intereses propios por los ajenos, se centra en ayudar a Francia (página 33). En el fondo Coloma hace una critica velada al Rey, ya que discute su estrategia, que pone por delante la lucha de los protestantes en todos los campos, que la consumación de su política en los Países Bajos. Lo que el autor no entiende, es que Felipe II ve su política como un todo, y que el fortalecimiento de sus enemigos protestantes franceses pondría en peligro sus posesiones de los Países Bajos.
Tras la muerte del rey de Francia a manos de un fraile Dominico, Felipe II manda a las fronteras de este reino 5.000 hombres. ¿Por qué envía el Rey a estos hombres a la frontera? ¿Teme un ataque protestante?
En el libro tercero se trata de la vuela a Bruselas del Duque de Parma en 1590. Los españoles pierden Breda. El Rey interviene en Francia, manda al comendador Juan Moreo con dinero para reforzar las tropas del Conde de Colalto, luego envía fuerzas de alemanes y españoles. El Duque entra personalmente en Francia para socorrer París. Muere el Cardenal de Borbón, candidato al trono.
Las fuerzas de Felipe II en Francia son de un ejercito de 8.000 infantes franceses, 2.000 alemanes, 2.500 caballos, tres compañías de lanzas españolas y dos tercios que llegaron más tarde con 4.000 soldados italianos. Unas fuerzas considerables, que pretenden impedir que un rey protestante, Enrique de Navarra, gobierne el reino.
En la Página 84 encontramos un documento de gran valor, el Juramento de Parma en Miaux, en el que dice que “su lucha no es a favor de enriquecer a su rey, si no de la causa católica. “que su entrada en aquel reino, no era, (como se esforzaban en darlo a entender los herejes,) para apoderarse de todo, ni parte de él, ni en el nombre del rey su señor, si no por socorrer la causa católica, y librar a los amigos y confederados de su majestad, de la violencia y opresión herética...”.
Entra Parma en París, lo que supone una gran humillación para el reino de Francia. Tras su partida deja un ejército permanente en la ciudad, unas fuerzas de ocupación, que debilitan las fuerzas españolas en los Países Bajos.
En el libro cuarto Coloma nos habla de la llegada a París en el año 1591 de Monseñor el Nuncio Landría. Después comenta la decisión del papa Gregorio crea un ejército para la causa católica en Francia. España manda varios tercios italianos. Mauricio de Orange, ante la división de las fuerzas españolas, aprovecha para levantar un ejército contra España.
En el libro quinto (1592), Coloma habla de las diferentes batallas en los Países Bajos, del regreso de Parma a París. De las ordenes que llegan de España para que el Duque entre en Francia con un nuevo ejército y de su muerte.
En el libro sexto (1593). Se trata de elegir nuevo rey en Francia. El Papa manda un nuevo ejército y el rey manda a París al Duque de Feria. Se hacen una serie de tratados para elegir al rey y la Liga Católica pone sus propias condiciones.
En los Países Bajos gobierna el Conde de Mansfelt. En los Países Bajos sigue la guerra. Final del libro VI.
Coloma critica la estrategia militar de Felipe II en el periodo de los años 80 y 90, ya que divide sus fuerzas primero para su empresa de Inglaterra y luego para su intervención en Francia. Según él, esta es la causa de que el ejército holandés se reorganice haciendo inevitable, tras la muerte de Felipe II, una tregua en la Guerra.
En el segundo libro que vamos a comentar, escrito por Guide Betivoglio , titulado Las Guerras de Flandes, el periodo a tratar es más amplio, desde la muerte del Emperador Carlos V hasta conclusión de la tregua de los doce años, pero nos ceñiremos a las primeras décadas. El libro tiene más perspectiva histórica ya que se escribe en 1687. El autor es italiano y está traducido del Toscano al español por Basilio Varen.
El libro comienza con una introducción, en la que explica cómo llegaron los Países Bajos a pertenecer a la casa de Borgoña. Este dato es importante, ya que en el libro se ve una labor de investigación y un intento de contestualización.

Parte I Libro I. En él se tratan las distintas forma de gobierno de los Flamencos. El amor de Carlos por sus súbditos y como estos le amaban a él. El gobierno de María de Hungría, hermana de Carlos gobernadora de los Países Bajos hasta su muerte. La distancia de Felipe de sus súbditos y la sospecha de su padre sobre la herejía en estos reinos. El peligro de los países de alrededor que rodean a los Países Bajos de herejes: Francia, Alemania e Inglaterra.
Primero comenta los Edictos de Carlos V, confirmados por Felipe contra los herejes y de cómo se crea una oficio parecido a la Inquisición que no les gusta nada a los flamencos. Lo que nos hace ver la política o estrategia política de Felipe II, como una continuación de la de su padre.
El capítulo continúa hablando de Orange, comenta que nació hereje en Alemania, pero en Flandes se hizo católico y Carlos le favoreció mucho. De Agamonte, que era de Flandes
Se intentan imponer nuevos obispados. Se mandan soldados alemanes y españoles.
Mientras tanto en Francia, el Príncipe de Condé, hermano del rey de Navarra y Coligny, su lugarteniente, fomentan al partido protestante. Igual pasaba con los príncipes alemanes herejes y la Reina de Inglaterra.
Felipe regresa a España por problemas con los herejes encontrado en Valladolid y Sevilla, y la situación problemática del mediterráneo, a causa del Turco (página 7).

Crisitna, Duquesa de Lorena y tía de Felipe II, queda como gobernadora