Blog de Escritor: Mario Escobar Golderos

sábado, 15 de septiembre de 2007

$>Portugal: Una ambición española

Portugal: Una ambición española

Mario Escobar Golderos


El historiador David Birmingham describe a Portugal como un superviviente . Una de esas raras naciones que llegan a cumplir sus quinientos años sin grandes alteraciones territoriales, demográficas o políticas. Pero Portugal es un gran desconocido para la mayoría de los españoles. Apenas unas líneas garabateadas en el mapa de la Península Ibérica. Portugal siempre fue una ambición española y, durante poco más de medio siglo, formó parte de la monarquía hispánica, uniendo el imperio más grande de la historia del hombre. “E adquirindo se Portugal será facil gozar do Imperio do Mundo; nem para ganhar Reynos se requere outro mais que a das armas” .Imagen
Antecedentes de uniones peninsulares
Portugal existió antes de Portugal. Este juego de palabras nos remonta a un ser conocido, en una entidad distinta. El Portugal en potencia, larvario, pero sin el que no puede explicarse el Portugal Filipino.
Los hombres de piedra que caminaron por toda la Península dejaron los primeros vestigios culturales. La llegada de los celtas, que se instalaron en el norte de Portugal, unieron en este temprano periodos las dos fronteras gallega y portuguesa. Pero el contacto definitivo lo constituirían los romanos. Antes de la llegada de estos se reconocían en la Península varios pueblos: arevacos, bacheos, ilergetes, vetones, galaicos, astures, turdetanos, lusitanos, etc. Los lusitanos, aunque no constituían nada parecido a un reino o un pueblo homogéneo, están en la raíz del primitivo Portugal.
La temible maquinaria bélica de Roma puso su sandalia en la Península para enfrentarse a los cartagineses. La huella romana en los pueblos de la recién bautizada Hispania, fue indeleble. Por primera vez todo la Península estaba unidad política y culturalmente. También por primera vez aparecía un héroe hispano, Viriato, personaje que compartimos con nuestros vecinos lusos.
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La Península fue dividida administrativamente en la Hispania Ulterior y Citerior. La Ulterior se separó en dos, la Lusitania y la Bética, por orden del emperador Augusto en el año 14 de J.C. La Lusitania romana comprendía una gran parte del actual Portugal, pero también parte de Extremadura y las dos Castillas, al tiempo que el norte luso pertenecía a la Tarraconensis. La decadencia del Imperio Romano y las invasiones bárbaras del siglo V, dividieron la Península principalmente entre los suevos y los visigodos, aunque existían otros reinos como los vándalos, alanos, vascones y cántabros.
El actual territorio portugués quedaba de nuevo dividido durante más de cien años, hasta que Leovigildo (572) lo volvió a reunir bajo el cetro visigodo. Aunque dicha unidad no se completó hasta la expulsión de los bizantinos y la derrota de los vascones por Suintila (621). Aunque las continuas guerras civiles no permitieron la paz ni la prosperidad deseadas. La invasión musulmana del 711 al 720 puso fin al intento de unidad visigodo.
La Península Ibérica bajo dominio musulmán Al-Andalus se mantuvo unida bajo un largo periodo, aunque algunos territorios del norte que no se lograron conquistarse en el siglo VIII, se mantenían independientes. Los orígenes de la reconquista se remontan al primitivo Reino de Asturias. Después continuada por los reinos de Navarra, León, Aragón, la Marca Hispánica.
A finales del siglo IX, bajo el reinado de Alfonso III el Magno, los astures repoblaron las tierras del Galicia y el norte de Portugal. Fueron conquistadas Braga, Oporto, Lamego, Viseo y Coimbra. Ciudades que constituirán el foco de la futura Portugal. Tras la muerte de Alfonso surge el Reino de León.
En el año 926 el reino unido de León y Asturias se dividía tres: Galicia. León y los territorios entre el Miño y Coimbra eran dados como reino a Ramiro.
Ordoño III llegó en el año 955 hasta Lisboa, pero no es hasta el siglo XII, en el año 1143, que se reconoce a Portugal como reino por el tratado de Zamora, bajo el reinado de Alfonso Enriques II.
























1. El nacimiento de Portugal.

La casa portuguesa de Borgoña es la primera dinastía real Lusa. La entrada de los almorávides en la Península (siglo XI) obligó a los reinos cristianos a pedir ayuda a los francos. Tras la expulsión de los musulmanes de alguna de las zonas del norte de Portugal, un franco, Enrique de Borgoña, se proclamó rey.
El 9 de abril de 1097, el condado del borgoñes en Portugal revindicó las tierras desde el río Miño hasta el río Mondego. La capital fue situándose cada vez más al sur, pasando a Coimbra y luego a Lisboa.
El siglo XIV fue una época de crisis en la Península. Los almogávares asediaron los reinos cristianos hasta el punto de poner en peligro la existencia de algunos de ellos. A los problemas militares se unieron las grandes pestes y epidemias que asolaron Europa.
Las monarquías portuguesas del siglo XIV consolidaron un estado centralizado, en el que los grandes fueron eliminados y sustituidos por una nueva nobleza favorecida por la monarquía. Es en estos años cuando se pasa de la enemistad permanente con Castilla a la amistad. Bajo Alfonso IV comenzaron los primeros viajes exploradores a las Islas Canarias.
Pedro I (1357-1367) de Portugal se casaba con Constanza Manuel, hija del infante castellano Juan Manuel, iniciando la política de casamientos entre Castilla y Portugal que iba a durar varios siglos.
Fernando I (1376-1383) se rebeló a su padre y una vez en el poder quiso optar a la corona de Castilla luchando con los Trastámaras. Al morir el Rey sin descendencia masculina, su yerno quiso hacerse con el poder, pero finalmente fue proclamado Juan de Avis(1385-1433), hermano bastardo de Fernando I, como rey (cortes de Coimbra 1385). La derrota de su competidor en la batalla de Aljubarrota (1385), inauguro la nueva dinastía Avis y contribuyó a la expansión de Portugal por el mundo.

Uniones dinásticas (Cuadro 1)
Las uniones dinásticas fueron la forma natural de buscar aliados y unir reinos para fortalecer el poder de la monarquía. En esto los Reyes Católicos fueron unos verdaderos especialistas. En el caso de la casa borgoñesa de Portugal se unieron en pocas ocasiones con los reyes castellanos si lo comparamos con las uniones que hubo posteriormente con la casa de los Avis.
Con Alfonso XI de castilla se casa María de Portugal y tiene a Pedro I, que perdería el trono en la guerra civil de castilla. Pedro I de Portugal se casó con la hija del infante de Castilla y su hijo, Fernando I de Portugal, quiso optar al trono de Castilla al morir Pedro I de castilla. Enrique II de Castilla enfrentado a Fernando I de Portugal firmó la paz con este en Santarem (1373). Los enfrentamientos entre castellanos y lusos continuaron con el rey Fernando I de Portugal, que también hizo la guerra a Juan I de Castilla sin conseguir su propósito y que culminó en la paz de Elvas (1382). Juan I se casa con Beatriz de Portugal hija y heredera de Fernando I de Portugal (1382). En 1383 hubo un intento castellano de ocupar el trono tras la muerte de Fernando I, pero Juan, Maestre de Avís, logró levantar un ejército contra los castellanos, produciéndose una guerra civil, que culminaría en la batalla de Aljubarrota (1385), donde el la ayuda inglesa contribuyó a la derrota de los castellanos. También se produjeron enfrentamientos intermitentes entre Juan I Portugal y Enrique III de Castilla (1397-1399).
Ya en el siglo XV, Alfonso VI de Portugal se casó con Isabel hija mayor de los Reyes Católicos en noviembre de 1490, tras la muerte del monarca la reina vuelve a Castilla. En 1495 tras la muerte de Juan II, Manuel el afortunado, primo del rey, accede al trono. Dos años más tarde el nuevo rey se casa con Isabel, viuda de Alfonso. Pero Isabel muere en 1500 y su hermana María se casa con Manuel el afortunado. Tras la muerte de María el monarca se casa con Leonor, hija de Juana la Loca. Durante el siglo XVI la consanguinidad aumentó entre la familia de los Valois portuguesa y los Austrias españoles. En un esquema posterior veremos los sucesores al trono de Portugal tras la muerte de Don Sebastián.







Esquema para comprender las líneas matrimoniales:















La monarquía de los últimos Avís.

Siglo XIV y XV.

Los Avís procedían de una rama bastardas de los Borgoña portugueses. Juan de Avís (1385-1433), hermano bastardo de Fernando I de Portugal, aprovechando la muerte de este sin decencia masculina se levantó contra las pretensiones de Juan I de Castilla casado con Beatriz de Portugal, legítima heredera al trono. La regente, Leonor Téllez de Meneses se opuso a su yerno y su hija. El bando castellanos estaba apoyado por la nobleza portuguesa, mientras que el bando de Avís estaba respaldado por la burguesía, la pequeña nobleza y las ciudades. La guerra quedó decidida en la batalla de Aljubarrota (1385). Destacamos este hecho, por las similitudes que hay entre la figura de Don Antonio Prior de Crato y Juan maestre de Avis. La nueva dinastía cambió y dinamizó a la sociedad portuguesa. Una nueva nobleza menos vinculada a la tierra, capaz de asumir el gran reto descubridor de la Portugal del siglo XV.
Juan I es el primero en plantearse el reto africano, desafío que intentará asumir 104 años más tarde su sucesor Don Sebastián. Juan I en una expedición a Marruecos conquista Ceuta en 1415. Este pequeño enclave africano sirvió como trampolín de expediciones más ambiciosas. El infante, Enrique el navegante (1390-1460), nombrado el administrador de los bienes de la orden de Cristo, utilizó dichos bienes para costear sus numerosos viajes. Dicho Infante fundó en Sagres unas atarazanas, una escuela náutica y cartográfica.
Los descubrimientos se sucedieron: Archipiélagos de Madeira (desde 1418) y las Azores (desde 1432), el cabo Bojador (1434), las costas del Río de Oro (1436), cabo Verde, golfo de Guinea.
El rey Duarte (1433-1438) continuó esta política expansionista y africana. Pero fracasó en su intento de conquistar Tánger y perdió Ceuta. La temprana muerte del rey llevó a su hijo Alfonso V (1438-1481) a acceder al trono. El verdadero regente durante la minoría de edad fue el infante Pedro, duque de Coimbra. Pedro se oponía a la política africana y a la nobleza, al tiempo que fomentaba la explotación de los enclaves descubiertos más al sur. Una conspiración entre el clero y la nobleza se deshizo de él en el año 1449. Su sucesor, Alfonso V, conquistó Alcazarseguer (1458), Tánger y Arcila (1471). Juan II (1481-1495) finalizó la política del norte de África, luchó contra la nobleza. Bajo su reinado Bartolomé Dias llegó hasta el cabo de Buena Esperanza y el Océano Índico. Juan II, también firmó con los Reyes Católicos el tratado de Tordesillas 1494, en el que las dos potencias se dividían el globo terráqueo.

Siglo XVI hasta el Cardenal Infante.

Alfonso el hijo de Juan II de Portugal murió sin hijos. Su sucesor Manuel el afortunado, hermano de Juan II, tenía sólidos lazos con la monarquía hispana. De hecho había estado casado con tres hijas de los Reyes Católicos. La importancia del rey Manuel de Portugal radica, en que de él y su esposa María de Castilla salieron todos los candidatos a la monarquía Portuguesa tras la muerte de Don Sebastián.






El profesor Bouza formó el siguiente cuadro:

Manuel - María

JUAN III Isabel Beatriz Luis ENRIQUE I Duarte
(1502) (1503) (1505) (1506) (1512) (1515)

Juan Manuel Felipe II Antonio María Catalina
Manuel Filiberto
Raunicio
SEBASTIÁN I

Juan III casado con Catalina, hermana de Carlos I de España, tienen un hijo varón que se casa con Juana de Austria, hija de Carlos I. Estos a su vez tienen un hijo llamado Sebastián, que heredará el trono.
Juan III cuyo reinado coincide en el tiempo con el de Carlos I. Bajo su reinado la monarquía portuguesa alcanzó un gran prestigio y empezó a ser una perla codiciable para todas las casas reinantes de Europa.
Portugal se consolidaba como potencia mundial. Su corte era una de las más lujosas de Europa. Juan III fue un rey pacífico por excelencia. La salud de su hijo no fue muy buena, según nos cuenta el profesor Danvila . Padecía una dolencia parecida a la que luego tendrá su hijo Sebastián.
Las relaciones con Castilla fueron tensas en varias ocasiones. El expansionismo portugués en el Brasil, donde los “bandeirantes” fueron penetrando tierra adentro, empezaban a preocupar a los castellanos.
Un segundo frente abierto era el de las Molucas, que Castilla reclamaba para sí. El 23 de abril de 1529 en el tratado de Zaragoza, Carlos I renunciaba a las islas a favor de Portugal por una indemnización de 250.000 ducados.
El tercer frente era la zona de Marruecos. Los musulmanes recuperaron varias plazas portuguesas y sólo resistió Tánger, Ceuta y Mazagán.
En el año 1557 moría el rey Juan III, poco tiempo después de la llegada al trono de Felipe II.
La sucesión portuguesa peligraba. El hijo del rey, Don Juan, había muerto antes que él, en el año 1554. Aunque antes de morir había tenido un hijo con Juana de Austria, Don Sebastián. La minoría de edad del candidato al trono dificultaba las cosas.
La muerte del príncipe Don Juan llenó de tristeza al pueblo según Villacorta en su biografía de Don Sebastián . En su biografía reproduce el siguiente texto:
“O Príncipe Dom Joâo de Portugal
he morto, oucam a grande natureza
que nolo dera em mostras de imortal”
El hijo póstumo de Don Juan nació el 2º de Enero fiesta de San Sebastián. La princesa Juana no se enteró de la muerte de su esposo hasta después de dar a luz. Sus suegros le ocultaron la noticia temiendo que se malogrará el niño que llevaba en su seno.
Doña Juana se encontró con una situación comprometida Danvila comenta al respecto: “Quedaba Doña Juana en una situación delicada para permanecer en la Corte Portugal; contaba además muy pocos años, y podía pensar en algún otro matrimonio ventajoso”. Pero esa no era la única razón que la convertía en una invitada incómoda, Danvila añade: “...En los acontecimientos anteriores había demostrado, además, qué, aunque un poco altiva, tenía firmeza y valor bastante para empuñar las riendas del gobierno de un reino”.
En la Corte Portuguesa se movían distintos intereses. La reina Catalina, quería llevar la regencia durante la minoría de edad de su nieto. El cardenal Don Enrique, su cuñado, aspiraba a regir la minoría de edad e incluso la corona. Doña Juana era sólo un estorbo. Por otro lado, Felipe II regente de España, había partido para Inglaterra para casarse con María Estuardo. España necesitaba una regente. Los Austrias solían dejar el gobierno de sus reinos a miembros de su familia, por lo qué Doña Juana era una candidata perfecta.
Portugal se acercaba peligrosamente a la mano castellana. El joven candidato Don Sebastián podía morir antes de cumplir la edad necesaria para reinar. El segundo candidato Don Enrique, era un hombre de edad y sacerdote. Carlos I de España empezaba a rondarle la idea de la unión de las dos coronas. Por ello mandó un informe sobre las fuerzas militares portuguesas a su embajador en Lisboa, Hurtado .
Los movimientos de Carlos I para asegurarse una futura monarquía hispano-lusa no quedaron ahí. Una vez en la Península, desde su retito en Yuste, siguió ocupándose del caso de Portugal. Para ello se sirvió de un embajador especial, Francisco de Borja, general de los jesuitas. El jesuita llevaba tres misiones en una. La primera era fomentar la sucesión de su nieto, el príncipe Don Carlos, hijo de Felipe II y María Manuela de Portugal. A su vez era nieto de Isabel de Portugal, hermana de Juan III. La segunda era tratar el defecto en la dispensa de la segunda mujer de Manuel de Portugal, la reina María. La tercera era impedir cualquier compromiso matrimonial entre el heredero y Francia, proponiendo un casamiento con una de las hijas del rey de Bohemia.
Por otro lado, Carlos I insistió en que su hermana Catalina continuara la regencia de Portugal, cuando esta, enferma y angustiada por sus enemigos pretendió dejarla en 1558, le animó a que siguiera, y aconsejó a su hija Doña Juana que no fuera a Portugal .
El anciano retirado en Yuste aún tuvo tiempo para mover sus hilos en roma para que el Cardenal-Infante Enrique no fuera nombrado Papa, ya que un Papa portugués no interesaba a España. Aumentando el odio y anti-españolismo del prelado .
La polémica sobre la educación del príncipe no cesó. El partido de Doña Catalina quería que sus educadores fueran unos frailes españoles, pero el partido de Don Enrique, defendía a dos candidatos jesuitas portugueses.
El preceptor de Don Sebastián durante sus primeros años de vida fue Pedro de Meneses, un veterano de las guerras de África que llenó la cabeza del príncipe heredero de heroicas cruzadas contra los infieles.
En las cortes del 12 de diciembre de 1562 es nombrado como regente hasta los 14 años de edad del heredero Don Enrique, fomentando la política anti-española.
El joven príncipe empieza a manifestar los primeros síntomas de una enfermedad que le acompañará toda su corta vida. Su madre, preocupada por el estado de salud del niño y temiendo que Don Enrique le oculte información envía a un espía a la corte de Lisboa, Don Cristóbal de Moura.
Es en este momento cuando aparece en escena uno de los personajes que más tarde daría un vuelco inesperado a los problemas de sucesión portuguesa, Don Antonio prior de Crato. Don Antonio es hijo natural de Don Luís, uno de los hermanos del difunto rey Don Juan III. Don Antonio va a Castilla para entrevistarse con Felipe II, que desde hace unos años rige las riendas del Imperio Católico. Don Antonio pide al rey que interceda por él, y que pida al regente que le trate con más dignidad . El profesor Danvila nos comenta sobre el cariño que despertó en Felipe II este primo lejano. Lo que, para Danvila demuestra la cordialidad del rey español, frente a la imagen fría y calculadora con la que le describen algunos historiadores. Pero el deseo del rey de que tanto el cardenal-infante como la reina supieran de la estancia de Don Antonio en el España, puede deberse al deseo de que ambos personajes, temieran lo que Don Antonio hubiera podido decir de ellos.
Los dos jesuitas que se hicieron cargo de la educación de Don Sebastián fueron el padre Luis Gonzalves de Cámara y su ayudantes, Amador Rebelo y Gaspar Mauricio. Don Enrique intentó apartar a la reina Catalina de su nieto, para asegurarse su confianza.
Don Enrique instauró algunos capítulos en las Cortes para asegurarse la no ingerencia de Castilla en los negocios de Portugal:
Capítulo 1:
Que el Rey Nuestro Señor, en cuanto fuese de nueve años quite de entre las mujeres, y se entregue a los hombres.
Capítulo 6:
Que se case el rey, aunque no tenga edad, y sea en Francia, y la mujer se traiga luego, y se críe en estos Reynos.
Capítulo 16:
Que se haga ley, que no se dé oficio de su casa a Extranjeros, ni Prelacías .
Con el primer capítulo Don Enrique pretende alejar a la reina Catalina de su nieto, ya que sabe que esta mantiene relación con su sobrino Felipe II, y puede favorecer la ingerencia de España en la política portuguesa.
En el capítulo 6 Don Enrique deja su política de acercamiento a Francia, mortal enemigo de España.
En el capítulo 16 se quiere excluir la influencia de extranjeros en la Corte y la Iglesia.
La llegada a la regencia de Don Enrique no sentó nada bien en Madrid.
El 18 de enero de 1568 se encarcela al príncipe Don Carlos por orden de su padre Felipe II. Uno de los más claros pretendientes al trono ha quedado fuera de juego. La noticia de su muerte unos meses después alivió al regente portugués, según dice el profesor Danvila .
El 20 de enero de 1568 el príncipe Don Sebastián es proclamado rey de Portugal.
Los enfrentamientos entre los jesuitas y Don Enrique durante su regencia fueron constantes.
De la relación de Don Sebastián con su maestro jesuita han sido tratadas por Francisco de Sales de Mascareñas Loureiro .
Muchos historiadores han criticado el rigor en el que fue educado el príncipe y achacan a esto su misoginia y su deseo de conquistar África.
La aptitud de las personas que rodeaban al joven rey Don Sebastián y cierto panfleto acusatorio hacia la reina Catalina, animaron a esta a dejar Portugal. Pero muy pronto el Senado de Lisboa se opone a la marcha de la reina. La situación se hace tan preocupante que Felipe II y el Papa deciden mandar a un embajador especial, el general de los jesuitas Francisco de Borja, el mismo hombre que mandó su padre una década antes. La mano de Felipe II se ve claramente según el historiador Portugues citado por el Profesor Villacorta. “A Filipe II, que nela tinha o seu melhor agente em Portugal, nâo convinha que D. Catarina abandonasse êste País. Moveu, por isso, as suas influencias, conseguido que o propio Papa escrevese a D. Sebastiâo...” . El comentario del historiador portugués no deja de ser algo capcioso, ya que aunque es evidente el interés de Felipe II en la permanencia de Catalina, los propios sentimientos de esta hacia su nieto, el sentido del deber y la religión debieron influir en su decisión final.
Otro de los problemas más importante del periodo fue el futuro casamiento de Don Sebastián. Diferentes historiadores y médicos han hablado de la enfermedad del monarca portugués, los datos que da del embajador D. Cristóbal de Maura son muy interesantes .
Gregoria Marañón también habla de la enfermedad de Don Sebastián en su libro Antonio Pérez . Alfonso Danvila, según cuenta el profesor Villacorta en su Biografía de Don Sebastián, se entrevistó en Montevideo con el doctor Frank a. Hughes, que comentó que la posible enfermedad del rey fuera una uretritis crónica.
Franciso de Borja escribió a Felipe II hablándole de la enfermedad del rey. “...dudo mucho que el rey sane y mucho más que tenga hijos aunque se case, sanando” .
Aun así Felipe II siguió animando al rey de Portugal para que se casara, aunque, eso sí, con alguna pretendiente que no pusiera en peligro a España. Desde Madrid se proponía a alguna infanta de Austria. Aunque más tarde el propio Felipe II anima al rey a que se case con Margarita Valois. Las mejores relaciones con Francia hacen posible este giro en la política Española, ya que hace poco que el rey se había casado con una francesa, Isabel de Valois.
La reina Catalina desea que su nieto se case con una de las hijas de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, aunque el rey español nunca aprobó esta unión.
La muerte de Doña Juana entristeció una vez más a la enlutada corte de España.
Aun así, Don Estaban tenía su mente muy lejos de enlaces matrimoniales, lo único que le importaba era realizar grandes hazañas militares, y en ello concentrará los últimos años de su vida.
Felipe II y la aventura africana de Don Sebastián.

El Encuentro.

Los acontecimientos políticos de Portugal se precipitaron a partir de 1573. Los cambios en el poder son evidentes. Don Enrique es apartado y el rey toma las riendas del gobierno. Nombra a Don Antonio prior de Crato general de Tánger y prepara su primera aventura africana.
El 17 de agosto de 1574 Don Sebastián embarca para África. Deja como gobernador a Don Enrique. Durante los tres meses y medio de ausencia real el país es un caos. Las luchas entre el gobernador y el secretario del rey, el jesuita Luis Gonzalves de Cámara.
Todos se oponían a la aventura. Doña Catalina que se enteró del viaje de su nieto cuando este estaba en el Algarbe. Don Enrique intento aconsejarle para que no realizara el viaje. Por ultimo su propio maestro y secretario Luis Gonçalves de Cámara también se opuso.
Felipe II también se había negado a colaborar con el rey. Por medio de su embajador, don Alonso de Borja, comunicó su negativa de enviarle el trigo y los caballos que este había solicitado al Duque de Alba. De hecho en Madrid no se supo de la partida de Don Sebastián hasta que este llegó a Ceuta.
Danvila nos comenta que Don Sebastián volvió de África ante la negativa del Rey Prudente de enviarle lo anteriormente referido .
Según Manuel Múrias, historiador portugues, el viaje no debe ser considerado como una locura, más bien respondería a un reconocimiento del terreno para futuras expediciones .
El propio Don Sebastián dice al respecto: “...Quien imaginó, y dice que iba a conquistar la tierra, o hacer guerra a los moros, dice lo que no esperé y publiqué;...si con tanta razón y obligación los reyes en persona socorren sus lugares siendo cercados...” .
Sea como fuere, la partida en persona del rey fue una imprudencia, ya que marchó con un ejercito insuficiente para proteger a su propia persona.
Don Sebastián se rodeó desde ese momento de consejeros jóvenes tan impetuosos como él. Estos son: Álvaro de Castro, Cristóbal de Távora, Luis de Silva y Manuel Quarema Barreto. Este grupo de consejeros recuperó a un antiguo colaborador de Juan III, que contaba con la confianza de Doña Catalina, Pedro de Alcaçoba Carneiro. De esta forma se pretendía acercar a la reina a la política de Don Sebastián y encontrar un mediador adecuado con Felipe II.
El padre jesuita no podía sufrir a los nuevos colaboradores del rey, lo que había un tercer frente en la dividida política portuguesa.
Don Sebastián se da cuenta a partir de entonces de que sin la ayuda del rey de España no puede llevar a buen término su proyecto africano. Por ello pide una reunión con Felipe II, pero el rey español le da largas.
Don Sebastián se decide a mandar a Pedro de Alcaçoba a Madrid con una triple misión:
“La resolución que tomó su Magd. Cerca de los tres puntos que truxo Pedro Alcaçcoua, Embsaor del Rey de Portugal en el Pardo a VI de octubre 1576.
Lo que Su magd. Ha resuelto que se responda a Pedro de Alcaçoba en los tres puntos de su comisión.
En el primero de las vistas que holgará mucho de ver al Rey su sobrino a quien siempre ha tenido y tiene por su hijo y que él conozca de este amor; en el 2º del casamiento se ha de responder a la Reyna escribió sobre este negocio Su Majestad lo hubiera respondido como agora sino fuera por los inconvenientes que le ha representado, más que viendo lo que su alteza insiste en esto, passa por todos ellos y holgara dar una de sus hijas por lo que desea servir, y por entender gran bien le estará a Su hija, y que esto no agora desea que este secreto por convenir assí a los negocios de todos y así se lo suplicó. Al 3º de Alarache, que siendo este negocio tan común a emtrambos, haciendo dispusición. Su Majestad hará en él lo que piensa hazer en todas las cosas que tocaren al Rey su sobrino” .
La respuesta de Felipe II es ambigua en dos de los puntos principales, en la boda con una infanta española y en la ayuda a la aventura africana de Don Sebastián. Aun así la noticia fue muy bien recibida al regreso del embajador portugués. En especial del propio rey .
El rey de Portugal tenía muchas esperanzas en este encuentro. Es indudable que el asunto que más le preocupaba era África, ya que el compromiso de boda era una excusa para implicar más al rey de España en este negocio.
Don Enrique manda por estas fechas una carta secreta a Felipe II quejándose de los consejeros que rodean a Don Sebastián. El rey español debió entender que la situación era difícil, ya que envió a su más fiel y competente embajador, Don Cristóbal de Moura, que llega el 22 de diciembre de 1576.
El encuentro se preparó en el monasterio de Guadalupe. El primer encuentro privado entre los dos reyes fue el 23 de diciembre en una celda del propio monasterio. El 24 y 25 mantuvieron otras largas reuniones. Hasta el día 28 no hubo otra conversación a solas. La última reunión fue el día 1 de enero. El profesor Danvila nos habla en su libro de una reunión cordial en la que Felipe II intentó agasajar a su sobrino. En su texto no comenta ningún enfrentamiento ni discusión. Sin embargo Villacorta si habla en su biografía de Don Sebastián de discusiones y desencuentros entre los dos monarcas. Pero no citas fuentes fiables, y sólo habla ambiguamente de muchos historiadores que se refieren a enfrentamientos. En lo que coinciden los dos es en que la separación fue reconciliadora y se llegó a un mínimo acuerdo.
El rey de España se comprometió con cincuenta galeras y 5.000 hombres, siempre y cuando sus territorios no se viesen amenazados por el turco. Otra de las condiciones de Felipe II es que la expedición debía llevarse a cabo en agosto, pero en ocho meses era imposible organizarla. El cuerpo portugués debía de ser de al menos 15.000 hombres. España facilitaría alimentos, municiones y armas. Por otro lado se aceptó el compromiso con la hija de Felipe II, pero se pidió que no se hiciera público todavía. Que para Don Sebastián el casamiento era lo de menos lo demuestra sus tratos con el gran duque de Toscana, para casarse con su hija, por una dote de 300.000 ducados. Davila añade otra condición que no comenta Villacorta, que el Duque de Alba comandara los ejércitos.
En la práctica Felipe II llegó a prohibir según Villacorta la salida de voluntarios a Portugal y encarcelar capitanes que reclutaban gente en el sur .
La frase que cerró el encuentro de los reyes es elocuente:
“Vaya en buena hora, que si venciere buen yerno tendremos, y si fuere vencido buen reino nos vendrá”.
Aunque la mayor parte los historiadores descartan esta frase como auténtica, ya que Felipe II no solía manifestar sus opiniones en público. El pragmatismo que encierra, puede manifestar un deseo, un anhelo, una ambición. La unión de la Península Ibérica y de dos imperio fabulosos.


Los últimos días de Don Sebastián.

La empresa africana cada vez se complicaba más. Aunque el enfrentamiento entre Abu Abd Allah al Mutawkkil (Mahammad) y Abd al-Malik, que quiere quitarle el trono, parecía facilitar la empresa africana.
Mahammad pierde el trono y busca aliados en España y Portugal (1576). En una carta del rey Don Sebastián este concierta una cita en Argel para el verano del 1578 en la ciudad de Tánger.
Gaspar Cors, amigo de Abd al-Malik envía cartas informando de la situación a Felipe II. El rey español conocía las fuerzas moras y temía una reacción turca ante una invasión cristiana a gran escala.
Mientras Portugal se preparaba para la guerra, muere Doña Catalina de Austria (10 octubre 1577), una de las mejores aliadas de Felipe II en la corte de Lisboa.
La hacienda portuguesa no consigue reunir el dinero suficiente para la empresa africana. Don Sebastián ordena a su embajador en Roma Juan Gómez Silva, que aliste a soldados italianos para la empresa. Por una carta dirigida a dicho embajador el 10 de abril de 1577, sabemos que Don Sebastián sigue confiando en la ayuda del rey español .
En 1577 se complican las cosas en Flandes, aunque no podemos decir que esto influyera en la falta de voluntad hacia Portugal, ya que el propio Juan de Austria se quejaba de los pocos soldados que contaba y la indiferencia de Madrid.
Con todo Don Sebastián aplazó su invasión hasta marzo de 1578. El 25 de enero de dicho años Don Sebastián todavía confiaba en el apoyo español .
Queiroz Velloso comenta que Felipe II hizo todo lo posible para disuadir a su sobrino . Es cierto que en una carta del 18 de marzo de 1578 Felipe II le pide a su sobrino: “...me fuerzan a tornar a pedir y suplicar muy encariscidamente a V.M. no quiera intentar por agora una jornada de tan manifiestos inconvenientes, y de tantas y tan conocidas dificultades; pero si todavía hubiere de ser, a lo menos se deve contentar V.M. de hacerla por sus ministros, considerando lo que importa su persona al universal beneficio de la cristiandad...” .
El rey de Portugal no acepta el consejo y Felipe II envía a un embajador especial duque de Medinaceli.
El rey de Portugal acuerda con los rebeldes de los Países Bajos la petición de voluntarios. En mayo llegan 2.800 hombres, la mayoría de ellos luteranos y calvinistas.
El rey de España veía con malos ojos estos negocios con sus enemigos. En 5 de junio en una reunión entre Don Sebastián y el embajador español, este último le insta a firmar un acuerdo con el sultán de Turquía para lograr una paz duradera. El rey de Portugal se opone.
El 14 de junio todo está preparado para partir. La armada la componen 500 barcos aunque la mayoría pequeños .
El rey de Portugal no hizo caso a varias informaciones que le decían que su enemigo estaba preparado con un ejercito que le superaba en número.
España sabía, por medio de su embajador, que un informador judío, había comunicado a Don Sebastián que el ejército musulmán era de 70.000 hombres, este judío era un negociador para llegar a una paz ventajosa. Otros rumores de ejércitos en marcha rondaban el campamento Luso.
La catástrofe de Alcazarquivir es de todos conocida. En ella perdió Portugal gran parte de su nobleza y al rey Don Sebastián. Un duro golpe del que tardó en recuperarse la sociedad portuguesa.

Portugal y el proyecto unificador de Felipe II.

La muerte de Don Sebastián aumentó significativamente las esperanzas de Felipe II de unir las dos coronas y los dos imperios.
Don Sebastián había dicho al respecto de la unión de Portugal y España decía que si en tantas ocasiones Dios no había consentido en unir a las dos coronas en una sola no lo haría ahora .
En las palabras del rey de Portugal no faltaba verdad, ya que en los numerosos casos en los que estuvo a punto de suceder, alguna fuerza mayor lo impidió.
La sucesión legítima en Portugal después de la muerte de Don Sebastián correspondía a Don Enrique, pero Felipe II que un hombre tan mayor no duraría mucho en el trono ni lograría tener descendencia. El 28 de agosto de 1578 el cardenal-infante es nombrado rey de Portugal.
Para Felipe II esta no era una buena noticia. La reina Doña Catalina, su aliada en la corte, estaba muerta. Don Enrique era contrario a Castilla, como se demostró en los capítulos aprobados durante su regencia, su insistencia en una educación exclusivamente portuguesa de Don Sebastián y el nombramiento de preceptores portugueses. Por otro lado la intervención de Carlos I en la Curia Romana, impidió el nombramiento como Papa, de Don Enrique. Además Felipe II se había enemistado con él en el asunto de Don Antonio Prior de Crato, al que había agasajado y apoyado durante la regencia de Don Enrique.
En Portugal se especulaba con la idea de que Don Sebastián estuviera vivo y que su desgracia estaba causada por el abandono de Felipe II y el incumplimiento de su palabra.
En un documento escrito por Pedro Salinas en 1578 al Duque de Medina Sidonia le da noticia de que el rey Don Sebastián “esta cautivo” y también el hijo del duque de Braganza.
“...Su alteza dicen que peleo esforçadamente...y oy me dice Antonio Manso su fator, quel alcalde de Tituan escribió al de Arçila quel rey esta cautivo...Tanbien dicen que cautivaron aquel niño duque de braçelos hijo del duque de verganza...” .
Este documento pone en entredicho la versión de la muerte. Aunque no hay informaciones claras y contundentes.
En un segundo documento entre Felipe II y el duque de Medina Sidonia, el rey habla con el duque del desastre de Don Sebastián y sobre las fuerzas que fueron retenidas en el Puerto de Santa María y no fueron enviadas al rey de Portugal .
En el tercer documento entre Mateo Vázquez a nombre de Felipe II al Duque de Medina Sidonia, en la que se habla de un pliego que se retuvo a un moro en el Puerto de Santa María .
Luis I. Álvarez de Toledo ve detrás de estos documentos un plan para dejar morir a Don Sebastián en África. Según Álvarez la falta de los barcos prometidos por Felipe II obligó a Don Sebastián a recorrer el territorio a pie, lo que facilitó su derrota, por otro lado la falta de los 2.000 infantes especializados, mermó aún más sus fuerzas.
Por otro lado interpreta que la carta del moro avisaba de la cárcel de Don Sebastián, confirmada por el secretario del duque Pedro Salinas. Álvarez dice más que los documentos, pero abre un interesante debate.
La verdad es que la muerte de Don Sebastián interesaba al monarca Español herido por la pérdida de los Países Bajos y cercado por sus enemigos.
El Presidente de Castilla en las Cortes de Madrid de 1579 dice al respecto: “pues en conseguille estos Reynos recibirán grande fenefficio” .
Bouza hace toda una descripción estratégica y territorial de los intereses de Castilla de los territorios portugueses (islas Azores, estrecho de Gibraltar, plazas africanas, territorios de Asia. También refiere la carta dirigida por Juan de Silva, en la que habla al monarca español: “ganando Portugal podrían enfrentarse con mayores posibilidades de triunfo a todos sus enemigos exteriores”. También señala la unidad defensiva de la Península Ibérica.
El historiador Ángelo A. Rodrigues Pimentel dice sobre las intenciones de Felipe II en la temprana fecha de 1578: “Ápenas un mês despois de ter chegado a Lisboa, já Critóvâo de Moura aconselhava Filipe II a ir colocando algumas tropas na fronteira com Portugal, a fim de que, dizia ele, “estemos apunto para entrar, si fuera menester, para casa tan llana como está ésta al presente” .
El problema turco también pesó seguramente a la hora de apoyar la aventura portuguesa, ya hemos hablado de los intentos del embajador español, pocos días antes de la partida de Don Sebastián a Portugal, de la paz que Felipe II quería firmar con el Turco. La guerra en África podía suponer una escalada de violencia, que España no podía soportar. De hecho el acuerdo fue firmado entre ambas potencias en 1581 .
La determinación de Felipe II de ocupar Portugal ya fuera de una manera u otra se reflejan en la carta dirigida al Duque de Alba el 15 de febrero de 1580. En ella, el monarca habla de su determinación de ir personalmente a la batalla y de sus derechos, de los que afirma que el rey Don Enrique hubiera admitido si hubiera vivido un poco más .
Ángelo Augusto Rodríguez comenta en su libro que “Filipe II nâo queria entrar em Portugal como conquistador”. Aunque la amenaza bélica era fundamental para llevar a buen puerto su empresa. Bouza dice a este respecto que “el peso de las negociaciones es mayor que el de las armas, aunque nunca se debe olvidar que son estas las que, en último término, le consiguieron la posesión del reino”.
Felipe II también uso el soborno. Davila lo da a entender, sin manifestarlo abiertamente en su libro Felipe II y la sucesión de Portugal, cuando habla de los juristas portugueses que se pusieron a favor de la causa filipina. Entre algunos cita a Lope Centril, Antonio Castello (Archivista Lisboa), Dionis Felipe, Nuño Álvarez Pereira y otros. Bouza lo afirma tajantemente al citar a Don Diego de Silva y Mendoza que dice: “la forma en que se unió esta corona con la de Castilla tubo de herencia, de conquista y de compra”.
Los juristas de Alcalá de Henares también estuvieron de acuerdo en la legitimidad de las pretensiones portuguesas de Felipe II
Felipe II se encarga de desestimar las otras candidaturas. De las que sólo tenía algo de fuerza la de Catalina de Braganza, hija de Duarte y Antonio prior de Crato, hijo natural de Don Luis. De hecho Don Enrique allanó el camino al declarar ilegítimo a Don Antonio. Aunque Gregoio XIII falló a favor de Don Antonio, ya que era hijo natural y no bastardo.
Por otro lado Danvila nos informa que Don Enrique quería que le sucediera Felipe II, pero temía la reacción del pueblo, según informó el camarero mayor del rey Francisco de Sâa a Maura .
La guerra tras la muerte de Don Enrique fue inevitable. Buena parte de los portugueses no querían un rey castellano. El estudio de Suárez Inclan Guerra de anexión de Portugal trata el tema de una forma amplia .
El despliegue militar fue importante. Una armada amplia. Los efectivos militares eran de 21.596 entre infantes y caballería. El 27 de junio de 1580 las tropas entran en Portugal. Hubo pocos focos de resistencia. Braganza se puso del lado de Felipe II. El 29 de junio las tropas entran en Lisboa. La resistencia continuó un tiempo en las Azores con apoyo francés e inglés.
Los estatutos de Tomar formaron las bases para una convivencia pacífica hasta la independencia en el siglo XVII.
Conclusión.

Portugal siempre fue una ambición de España. Desde su fundación como condado hasta su agregación al Imperio Católico en 1580.
Desde Pedro I las bodas entre miembros castellanos y portugueses son constantes. Por la parte portuguesa hubo pocos intentos de hacerse con la corona de Castilla, como el de Fernando I en el siglo XIV.
La primera vez en la que los dos reinos estuvieron apunto de unirse fue bajo Enrique II de Castilla y la guerra contra el primer Avis, Juan maestre de Avis. A Carlos I le rondó la idea tras la muerte de Don Juan, el único hijo de Juan III de Portugal.
La experiencia filipina ha sido desigualmente tratada por los historiadores. Birmingham dice que “...La unificación de la Península Ibérica brindó una oportunidad de prosperidad a la mayoría de los portugueses”. Pérez Bustamante comenta sobre el virreinato de Portugal que “...El Portugal integrado en la Monarquía Hispana no había experimentado, a lo largo de sesenta largos años, ninguna autentica crisis de pertenencia a la Corona, o problemas de identidad ajenos al sentimiento particularista de los diversos reinos...” . Manuel Fernández Álvarez comenta en su biografía de Felipe II que “...Definitivamente, bajo el reinado de Felipe II, Portugal se convertía en provincia” . Bouza nos dice que “...Movidos (la nobleza) por la solidaridad estamental, que los animaba a buscar su mejora en la solución católica y a abandonar la solución nacional, los hidalgos portugueses reconocieron la realeza de Felipe II. Setenta años más tarde, por el contrario, la misma nobleza, tomando la dirección política del país que habían cedido en 1580, se aprestaba a protagonizar la sedición por la cual Portugal volvía a ser independiente”.
Portugal fue una ambición española, no podía ser de otro modo. ¿Cómo podía un Imperio como el Español dominar tierras a miles de kilómetros de Castilla y no controlar toda la Península Ibérica? ¿Cómo una dinastía emparentada con la portuguesa no iba a tener importantísimos intereses en Portugal? ¿A caso un rey como Felipe II, que ambicionaba un Imperio Cristiano iba a perder su oportunidad de dominar a su vecino?
La pérdida de Portugal en 1640 supuso para España uno de los descalabros más importantes de su historia. Tan fuerte que a duras penas pudo recuperarse. Pérez Bustamente lo expresa así: “La marcha de Portugal de la monarquía Austria, sin duda será la consecuencia política más importante de su generaliza crisis de 1640. Sin Portugal, la Monarquía Hispánica inicia un proceso que se certifica definitivamente a comienzos del siglo XVIII, con el tratado de Utrecht: la circunscripción del horizonte político español a sus dominios metropolitanos europeos y sus gigantescas posesiones americanas y de ultramar”.
A Portugal no le fue mejor, ya que cayó definitivamente bajo la influencia inglesa, dependiendo de esta en aspectos económicos y culturales.
La ambición de España no duró mucho tiempo. La resaca de la unión aún sonaba en los pueblos de Castilla cuando las fronteras fraticidas se volvían a levantar sobre los valles y montes de la Península Ibérica. El sueño había terminado.

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